CONSTRUIR: BANDERA BLANCA CONTRA EL CAOS

Casavalle bajo la mirada de su alcaldesa

Sandra Nedov lleva ocho años siendo alcaldesa del municipio D, zona que reúne a los barrios más peligrosos y precarios del país. Está decidida a impulsar obras ambiciosas para cambiar la vida en Casavalle, aunque esto le ocasione reclamos y enojos del resto de los vecinos.

Cada año el municipio D de la alcaldesa Sandra Nedov recibe $ 166 millones. Foto. Marcelo Bonjour
Cada año el municipio D, de la alcaldesa Sandra Nedov recibe $ 166 millones. VEA EL VIDEO

Lo extraño era que duraran los arcos de fútbol. Seguían erguidos en medio de la precariedad del campito de Unidad Casavalle, junto a las hamacas y los toboganes maltrechos, cerca de los árboles que los vecinos regaban y que en alguna balacera sirvieron de escudo. El campito está en Aparicio Saravia y Martirené. Del lado izquierdo de la manzana hay una familia de narcotraficantes, y del otro lado está su clan enemigo. Cuando se enfrentan, este cruce se convierte en campo de batalla. Hubo tiros. Hubo más tiros. Pero los arcos se mantuvieron intocables. "Si están es porque los cuidan", le dijo a sus colegas del municipio D la alcaldesa Sandra Nedov, que está en el cargo desde 2010.

El plan era hacerle una vereda al terreno, pero esos esqueletos de hierro fueron la señal de que había que ser más ambiciosos y arriesgarse. Pensaron que algo tan sereno y digno como una plaza podría generar en un barrio conflictivo el mismo efecto que el agua cuando le lanzan una piedra: un cambio que repercuta en otro y repercuta en otro.

Para Ana Olivera, subsecretaria de Desarrollo Social, el primer signo de cambios se materializó en Casavalle cuando se creó el Complejo Sacude en 2010, un centro con consultorios médicos, un teatro y un espacio para realizar deportes al que cada semana visitan unos 2.500 vecinos, y en donde se dictan más de 300 talleres. A esta obra le siguió la construcción de la Plaza Casavalle en 2014.

Con el campito reconvertido en una cancha de básquetbol, otra de fútbol, unos tubos que expulsan agua en las tardes calurosas y una pista de skate, las ondas empezaron a expandirse entre los pobladores.

Estos mojones, así como la nueva policlínica, la creación de un centro cívico —donde funciona el Banco de Previsión Social, se puede sacar la cédula y acceder a servicios de distintos ministerios— y el relanzamiento del anfiteatro Canario Luna, estaban previstos en el diseño del Plan Cuenca Casavalle, una guía de metas para recuperar la zona con la que se comprometieron varios ministerios, el gobierno departamental, el municipio y los vecinos.

Este plan es la brújula del trabajo cotidiano de la alcaldesa Nedov. Un trabajo que según su recibo de sueldo insume seis horas diarias, pero que ella dice que es de 24.

Cuando este campito cambió de forma y Casavalle logró lucir un espacio público con el porte de un barrio común, fue como si el municipio plantara una bandera blanca en uno de los lugares más peligrosos del país. Los arcos de fútbol siguen intactos y debajo de los cimientos las autoridades enterraron una cápsula del tiempo donde escribieron el Casavalle que deseaban para el 2030.

Las Acacias y Marconi están ahora conectados por dos puentes. Esto puso fin a la denuncia de que vecinos cobraban para ingresar. Foto: M. Bonjour
Las Acacias y Marconi están ahora conectados por dos puentes. Esto puso fin a la denuncia de que vecinos cobraban para ingresar. Foto: M. Bonjour

Mientras silencia su celular, ese al que los vecinos llaman en cualquier momento y el ringtone suena con la música de la serie Game of Thrones, Nedov se niega a contar su deseo. No lo revelará jamás para que se cumpla.

Lo que sí dice es que en tardes como las de hoy, cuando hace un recorrido por las instalaciones de primer nivel que se levantaron en una zona que siempre se sintió de cuarta, piensa en todo lo que todavía le queda por hacer. Piensa en todos esos planes que quiere concretar antes de que termine su gestión en 2020 y en los otros que quiere dejar esbozados para que concrete quien sea que la suceda.

Es que a su modo de ver, estas novedades de las que se han ido apropiando los vecinos son la confirmación de que el Estado está y que se queda. De que llegó la hora de que la más olvidada y mediática de las zonas rojas cambie de rostro.

El poder del ladrillo.

Sentada en la plaza que impulsó a construir, Nedov dice que este espacio es un ejemplo de cómo la ciudad se construye, y en esa construcción se pueden ir rompiendo décadas de encierro de tantos barrios aislados. Para ella, esta es una utopía que está al alcance de la punta de los dedos. "Yo estoy convencida de que militando puedo cambiar cosas de la sociedad que no comparto", dice.

También lo cree Gustavo Leal, sociólogo y director de Seguridad y Convivencia del Ministerio del Interior. Opina: "La construcción de ciudad y el diseño urbano son un componente central de la política de seguridad de un territorio".

Por eso, el más fuerte de los sueños de esta alcaldesa es que cualquiera que visite la zona piense honestamente que "es como estar en cualquier barrio".

—Estamos sentadas acá desde hace un rato y cualquiera te podría decir que ir a Casavalle es como ir a Sarajevo, pero no nos pasó nada, ¿verdad? —dice.

Siempre que la entrevistan, Nedov esquiva hacer comentarios sobre la violencia que reina en su territorio. Los elude como si se tratara de asumir un fracaso.

—Si me preguntás si escucho tiros, sí, los escucho porque vivo a tres cuadras de acá. Pero soy la alcaldesa de todo el municipio y si tengo que dar una cédula no le pregunto a nadie si tiene antecedentes. Mi trabajo es cambiar el barrio trabajando en lo urbanístico y en lo social, entonces no me involucro en lo que está fuera de mi competencia. Además, si hablo del municipio como si fuera todo él una misma cosa, no ayudo a cambiar la situación —afirma.

Vecinos de todos los barrios de la zona de Casavalle visitan la playa. Foto: M. Bonjour
Vecinos de todos los barrios de la zona de Casavalle visitan la plaza. Foto: M. Bonjour

Esta tarde el barrio está en paz. El sol quema. Hay casas con sus fachadas pintadas de naranja, verde y rojo. Se oyen cantos de pájaros y el ronroneo de un motor. Un chico practica trucos en su moto, se para en una sola rueda y acelera. Los oficiales de la Guardia Republicana, que custodian la zona las 24 horas, charlan tranquilos. Nos rodean unas 10 personas: casi todos son niños que andan en patineta. Se acercan y preguntan para qué canal es la entrevista. Están acostumbrados a salir en la televisión, pero cuando escuchan que es para un diario se alejan decepcionados.

El municipio D es amplísimo. Se extiende desde la Unión hasta Toledo, donde empieza Canelones. Tiene una zona urbana y otra rural. En total, son unos 180.000 habitantes. Y es donde se denuncian la mayor cantidad de rapiñas de todo el país. Pero, de todas estas tierras, la parte que más pesa sobre los hombros de Nedov es la cuenca de Casavalle, la zona que reúne los peores diagnósticos.

Entre el Borro, Unidad Casavalle, Marconi, Las Acacias, Pérez Castellanos, y otra docena de barrios que los vecinos bautizan cada tres cuadras, viven 88.910 personas, casi la mitad de ellos son menores de 25 años. El 30% de la población se declaró laboralmente inactiva. Más de 20.000 viven en asentamientos. Solo el 12,5% llega a bachillerato. Y la seccional 17 registró el número más alto de homicidios de 2017. En sus calles hubo 27 asesinatos.

Sin embargo, cuando se le pregunta a la alcaldesa si estamos en un lugar seguro, sonríe entre dientes.

—Nunca tuve miedo en esta zona. ¿Vos te sentís insegura caminando por acá? —interpela, mirando a su alrededor.

En el centro cívico un grupo de niños escucha la canción Criminal mientras otros dibujan el boceto de lo que será un mural que pintarán próximamente en Marconi. Para ese barrio se está preparando la creación de un espacio verde de tres manzanas, y entre los pedidos de los vecinos están la colocación de bebederos y un cartel que lleve escrito Marconi con las mismas letras del famoso Montevideo en el que se fotografían los turistas.

Juan Pablo es uno de los educadores del centro cívico, y también coordina las actividades que se realizan en la Plaza.

—Cuando no hay tiroteos tenemos actividades que convocan a unas 500 personas. Pasó de ser un lugar de enfrentamiento a uno de reencuentro —asegura.

—¿Y cuándo aparecen los problemas?

—A partir de las 18:30 horas o de las 20:30. Algunas veces no pasa nada y los vecinos se quedan tomando mate hasta la madrugada. Depende de cómo se coordinen los que meten miedo.

—¿Y los vecinos se enteran cuándo esto va a pasar?

—Sí, con la llamada telefónica de siempre, o les mandan un WhatsApp, el tema ahí es chequear la fuente porque muchas advertencias son falsas. Hay mucha gente interesada en que esto se solucione y mucha gente en que no.

Volver a empezar.

La violencia está en las raíces de la cuenca. En esta espalda del Cerro se pelearon batallas por la independencia y en la Guerra Grande. Por esa época el paisaje era paradisíaco. Hace 100 años, la belleza de la zona motivó a hombres de negocios como Francisco Piria, que imaginaron un barrio-jardín lleno de quintas. Algo de ese pasado todavía queda pero hecho escombros.

Eduardo Álvarez Pedrosian publicó en 2014 un estudio antropológico titulado Casavalle bajo el sol, que explica cómo esta parte del país se convirtió en un agujero negro. Sucedió en las décadas de 1950 y 1960, cuando se vino abajo el modelo económico de sustitución de importaciones y esta zona empezó a convertirse en lo que él llama "un depósito espacial".

Allí iban "los indeseables llegados de la campaña en busca de trabajo", o los que solo podían pagar alquileres muy baratos. En 1970, los expulsados de los conventillos fueron enviados a los complejos de Los Palomares, "era como si escondieran a esa gente", dice. Durante la dictadura, "era casi un campo de concentración, con puestos policiales por todos lados". En la crisis de la década de 2000, la miseria y la delincuencia explotó, y este rincón del Uruguay "empezó a replicar escenas que parecían importadas de algunas regiones de México o Brasil", con narcos luchando entre ellos para adueñarse de territorios. "Antes la violencia era silenciosa, ahora pasó a ser más espectacular. Es como si tomaran como modelo las películas de acción de Hollywood", dice Álvarez.

La alcaldesa, al igual que este académico, cree que la historia de Casavalle es como una madeja de olvidos, maltratos e irregularidades tan enredada, que si uno empieza a tirar de la cuerda no sabe dónde empieza ni de quién fue la culpa.

Por eso su trabajo se parece un poco al mito de Sísifo: está condenada a construir, esperar un enfrentamiento y luego empezar de nuevo a redignificar el lugar. Ana Olivera pone como ejemplo los sucesos de mayo de 2016, cuando un adolescente murió tras un enfrentamiento con dos policías que patrullaban el Marconi y al día siguiente un centenar de vecinos protagonizaron una rebelión. "Fue el municipio el que reunió a más de 120 representantes de instituciones y ministerios en su sede y allí articuló las acciones".

Cada vez que corren balas, volver a llenar de vecinos cada espacio es un gran logro. En base a estas cicatrices también se eligen los puntos de acción. El año pasado Julio Sosa "Kanela" citó a las viejas vedettes de la comparsa que fundó en Marconi para protagonizar el lanzamiento del anfiteatro, remodelado y rebautizado "Canario Luna". Algunas de ellas habían construido el escenario con sus manos, el mismo en el que fue asesinado un adolescente del barrio en el año 2012. A veces un muro y unas latas de pintura pueden ayudar a un barrio a sobreponerse de un trauma.

También ayudan las señales sólidas. Desde que el Personal de Alta Dedicación Operativa (PADO) vigila la zona, le gente afirma sentirse más segura. Leal, desde el Ministerio del Interior, opina que los resultados ya se ven en las estadísticas. Dice que acciones como la del 26 de noviembre pasado, cuando la Fiscalía llevó adelante el megaoperativo Mirador, que desplegó a 600 policías y detuvo a unas 30 personas que están acusadas de extorsión —amenazaban a los vecinos para que abandonasen sus casas—, son las que ayudan a reconstruir la confianza. Por ejemplo, cita una encuesta realizada en Latinoamérica que indicó que la policía uruguaya es la que tiene mayor nivel de confianza en la región.

plan cuenca casavalle

Los tres mojones concretados

COMPLEJO SACUDE, 2010

Ubicado en barrio Municipal, tiene canchas deportivas, consultorios médicos y un teatro. Es cogestionado por vecinos y la Intendencia.

PLAZA CASAVALLE, 2014

Era un campo de batalla y ahora es una plaza con cancha de básquetbol, fútbol, juegos, tubos de agua y pista de skate. La visitan 500 vecinos.

CENTRO CÍVICO, 2015

Antes era una policlínica. Lleva el nombre de Luisa Cuesta y allí funcionan el BPS, Comuna Mujer, distintos ministerios y se puede sacar la cédula.

Conquista anónima.

Nedov también quiere que los vecinos confíen en sus decisiones. Es que aunque su tarea debería ser el mantenimiento del pavimento, la poda, el barrido o la limpieza de las bocas de tormenta, ella prefiere concentrar el esfuerzo en "el potencial que tiene el municipio para articular a las más de 30 organizaciones que trabajan en la zona, ministerios e instituciones", y "hacer malabares" con el presupuesto de $ 166 millones anuales para impulsar obras ambiciosas.

Según dicen distintos concejales vecinales y municipales, este es el principal reclamo que le hacen. Hay vecinos de otras zonas que se quejan porque no los recibe. A otros les enoja que las obras se concentren en la cuenca. "Está bien poner el ojo ahí, pero no hay que perder de vista para lo que estamos y que no podemos plantearnos en cada proyecto solucionar lo que le corresponde a un ministerio. Son ambiciones muy altas para un presupuesto muy chico", dice Carolina Murphy, concejal municipal del Partido de la Concertación (la alianza opositora que se presentó en la última elección).

Es inevitable que la inseguridad atraviese todo en este lugar, incluso sus decisiones. Entre las 20 calles que fueron recuperadas, hubo dos aperturas, una de ellas fue la avenida Jacobo Varela donde desde la década de 1970 había un asentamiento con más de 36 familias. Hacer esta calle le costó al municipio $ 25 millones, que equivale al total del presupuesto de vialidad de un año. "De acá sacamos decenas de camiones con una basura extrañísima. Eran capas y capas de chapas, como si los ranchos se hubieran caído y los hubieran vuelto a levantar encima una y otra vez", cuenta Nedov.

Ahora, en este retazo de barrio detrás de cinco cooperativas de viviendas, del Antel Arena —que tendrá un centro de convenciones—, de la fábrica de especies La Manchega y del batallón de Blandengues, a una cuadra de la guardería China Zorrilla y cerca de donde será reubicado el Mercado Modelo, el panorama es otro. En este punto la alcaldesa cree que podría haber un desarrollo inmobiliario interesante.

A Nedov también le dicen "la rusa". Siempre estuvo involucrada en la actividad sindical. Lo estuvo cuando trabajó en una empresa metalúrgica armando terminales de teléfonos para Antel. Lo estuvo cuando trabajó en la industria química, etiquetando y empaquetando desodorantes, jabones y pasta de dientes. Milita en el MPP y en la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (Fucvam). Vive en una cooperativa de viviendas porque le gusta el modelo del cooperativismo. Fue concejal vecinal y secretaria de la Junta Local de la misma zona que hoy gobierna como alcaldesa. Pero odia exponerse públicamente.

—El micrófono no es lo mío.

—¿Por qué?

—No me gusta hablar suponiendo acciones, ni que piensen que hago esto para llegar a algo más.

—¿Le gustaría continuar en política?

—Puede ser. Cuando termine el quinquenio voy a tener 56 años y voy a tener que pensar en cómo reinsertarme en el mercado laboral. Seguiría en política en un rol ejecutivo, y sin exposición.

Camina sobre uno de los dos puentes que desde hace algunos meses permiten la entrada de vehículos desde Las Acacias hacia el Marconi. Antes, en este lugar, había unos vecinos que les cobraban peaje a otros. Algunos de ellos hicieron colocar árboles y bloques de cemento en medio de la entrada a los pasajes. "Por un lado es para cuidar a los niños porque pasan autos, pero también los pusieron los narcos para que sea más difícil entrar", dice una joven que vive allí.

Aquí, en Las Sendas, las viviendas se están pudriendo. Según un estudio que realizó la Universidad Católica junto a Movimiento Tacurú y Organización San Vicente, el principal peligro de las viviendas en Casavalle es la conexión eléctrica. Nedov explica que las condiciones de hacinamiento son tan grandes y el deterioro tan longevo, que es más barato hacer de nuevo que reparar. Este es su próximo objetivo: bajar el número que grita que seis de cada 10 familias viven con carencias edilicias.

Un grupo de vecinos la observa de lejos. Dicen que los cambios les gustan, pero que la semana pasada hubo tres madrugadas seguidas de tiroteos. Dos de ellos llegaron tarde a trabajar. Otro fue corriendo hasta la parada del ómnibus con miedo a recibir un tiro perdido. Una niña de siete años tuvo una crisis nerviosa. Pero del barrio no se quieren ir. El más joven cuenta que vivía en Centenario, pero acaba de comprar una casa en el Marconi motivado por las obras de la zona. Les pregunto si saben quiénes están detrás de esos planes. No saben. Tampoco conocen a ninguna alcaldesa.

La falsa promesa de un incentivo.

"Las transformaciones se dan, pero hay que trabajar para que esto sea real, porque si nosotros no empujamos vamos a dejar que en esta zona reine la ley del más fuerte", dice Sandra Nedov. Por eso se entusiasmó cuando a comienzos de este quinquenio la Intendencia de Montevideo comunicó que al presupuesto anual se le sumaría un incentivo de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP). Pero no fue así. "Tenemos exactamente el mismo presupuesto que el año pasado, lo que cambió fue la forma de rendirlo", explica.

Carolina Murphy, concejal municipal del Partido de la Concertación, lo expone así: "Se suponía que el fondo se tenía que sumar al que ya teníamos para concretar nuevos proyectos, pero en lugar de eso se absorbió. Entonces la intendencia pone menos dinero y se complementa con el de la OPP".

Para el municipio D esto representa un problema. De los $ 166 millones que recibe cada año, corresponden a la OPP $ 50,5 millones. La cuestión es que este fondo se rinde únicamente por proyecto, y debe destinarse el 40% del total a gastos de funcionamiento y el 60% a gastos de inversión.

"No promueve un incentivo porque no es más dinero, por el contrario, ahora tengo que trabajar más y generar más proyectos por el mismo monto que ya tenía. Estamos atados a la burocracia de los trámites para poder cumplir", dice Nedov.

A su vez está previsto que el fondo de la OPP vaya aumentando, "como va creciendo proporcionalmente a ciertos índices yo ya sé que cuando termine el quinquenio este fondo me va a pesar en un 60% del total". "Esto condiciona el funcionamiento que ya tengo en el municipio", dice la alcaldesa. "Por ejemplo, tengo gastos de combustible o de papel cada día. Esto entra dentro de funcionamiento, pero como el fondo de la OPP se rinde por proyecto, ahora tengo que hacer papeleos para cada acción".

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