EXPOACTIVA 2016: EL TERMOMETRO DEL AGRO

El campo mostró su incertidumbre

La soja fue el cultivo estrella de la última década y llegó a ocupar una superficie similar a todo Cerro Largo. Pero desde el año pasado la producción viene a la baja y el precio por tonelada cayó 40%. En este contexto los empresarios del agro enfrentan el "año más difícil". Ese es el clima.

Según Oddone, "la producción de soja baja en el país". Foto: Daniel Rojas.
Según Oddone, "la producción de soja baja en el país". Foto: Daniel Rojas.
Foto: D. Rojas.
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Vista aérea de la muestra que terminó ayer. Foto: Daniel Rojas
Vista aérea de la muestra que terminó ayer. Foto: Daniel Rojas

Hay un método para prever cómo será la actividad agropecuaria en Uruguay, que es menos preciso que las estadísticas, pero arroja sus resultados en sólo cuatro días: la Expoactiva. Esta feria, que tiene el tamaño de 14 canchas de fútbol profesional, reúne a expositores y productores de todos los departamentos y en la jerga es conocida como "el termómetro del campo". Este año marca una temperatura de incertidumbre, cautela y cierto bajón. El comentario extendido es que hay que resistir al "año más difícil".

El jueves había más de 30 grados. Quizás por eso los rostros de los visitantes eran de agobio, pero era cuestión de conversar con cualquier paisano para entender la verdadera razón de esa actitud: los precios cayeron 30% y la cantidad de expositores bajó 5%, resumió Hugo Álvarez, uno de los organizadores.

Alquilar el terrenito más humilde en esta feria de Soriano —que terminó ayer— costaba US$ 1.000 dólares y llegaba hasta los US$ 15.000. Si bien son cifras "bajas" para los números que se manejan en el mercado agrícola, no son un boleto en tiempos de "austeridad". Y salvo para los productores de madera o ganado, al resto, el agua —o la sequía— les está llegando al cuello. La sensación parece estar bastante extendida.

Antes de entrar a la Expoactiva, un improvisado estacionamiento en medio del campo, a la altura del kilómetro 253 de la Ruta 2, demostraba que no cabía el macrocefalismo. Había matrículas con todas las letras y más de una era argentina. Esa diversidad, y el hecho de que muchos grandes productores hayan dicho presente, hizo que esta exposición continuase gozando de prestigio, 21 años después de su creación.

La expo de Montevideo, dicen los entendidos, es un "circo": muestra las payadas, las tortas fritas y las vacas con medallas, pero hay poco del negocio en sí mismo. En la Expoactiva, en tanto, la mayoría de los presentes son hombres de dinero, empresarios que llevan camisa celeste o a cuadros por dentro del pantalón, sombreros Panamá —esos con ala en toda la circunferencia, cinta de color y que, paradójicamente, son ecuatorianos— y están con el tiempo justo para subirse a probar los tractores de última generación.

Es correcto decir hombres. Las mujeres fueron una excepción. Salvo las maestras que acompañaban a los escolares en la visita didáctica, las promotoras y las esposas de los empresarios, la presencia femenina fue acotada. También fue raro ver a niños, aunque era un paseo obligado para las escuelas —públicas y privadas— de la zona. Allí conocieron la innovación en la práctica: drones de US$ 50.000 capaces de recorrer 20 kilómetros y calcular a distancia la temperatura de una vaca, o palas mecánicas que usan energías renovables. Aunque, a diferencia del Prado, no encontraron los muñecos de Peppa Pig ni los gelatinosos con luces.

Los más vistosos fueron los stands de tres instituciones bancarias, todos ubicados en el centro de la feria. Entre ellos competían por quién ofrecía el mejor brindis, los canapés más refinados o los más sofisticados cócteles para aplacar el calor. Mientras, una voz grave anunciaba por los altoparlantes que a las 14 horas comenzaría una conferencia sobre la situación del mercado sojero.

Yendo al grano.

La soja fue el mesías de los agricultores durante 10 años. Las pérdidas que ocasionaba el cultivo de trigo y maíz eran recuperadas con la planta oleaginosa. Pero un día se acabó la zafra. La tonelada de este producto bajó de US$ 500 a US$ 330 en un año y monedas.

Bastaba caminar por alguno de los cinco senderos principales de la Expoactiva para notar la importancia de este grano. Venta de semillas, fertilizantes, maquinaria y hasta el tan temido herbicida glifosato —al que la Organización Mundial de la Salud lo calificó de "cancerígeno"— fueron parte de la oferta. La soja ocupa 1,3 millones de hectáreas en Uruguay: lo mismo que todo Cerro Largo, el cuarto departamento más grande del país. Y eso que el área cultivada bajó 13% este año, tres veces la superficie de Montevideo.

Uruguay va a contramano, dijo el economista Gabriel Oddone: el área de producción se contrae, mientras que en el mundo crece 0,5% y en Brasil 3,7%.

La exportación de este grano lleva una caída en millones de dólares del 11% en el último año, sumado a un 30% que se perdió el año anterior. Puede parecer poco frente a la baja del trigo —17% y 56% respectivamente—, pero el impacto es más notorio si se tiene en cuenta que la producción es 10 veces mayor.

China sigue siendo el destino más relevante de la soja uruguaya. El 79% de la exportación va a parar allí. La desaceleración de la economía del gigante asiático no es excusa para las pérdidas que están padeciendo los productores uruguayos. "Crecer poco para China es hacerlo a un 6%", dijo Agustín Premrou, agente intermediario para la región de la empresa Louis Dreyfus Commodities. De hecho, China ya compró 60 millones de toneladas de soja a nivel mundial, y se espera que adquiera otros 24 millones en el correr de este año.

La demanda está, el problema es que hay una sobreoferta y los precios están por el piso, explicó Premrou. Ese valor se mantendrá, según el trader regional, hasta mediados de mayo. Pero las primeras cosechas de la soja comenzarán dentro de tres semanas.

En el anuario 2015, el ingeniero agrónomo Eduardo Blasina planteaba: "Muchos productores siguen esperando un precio de US$ 400 (por tonelada) que es difícil que se concrete". Y para 2016 afirma: "Precios que resultaban inaceptables hace poco más de un año ahora han quedado lejos; los US$ 300 (por tonelada) son la nueva barrera que la soja busca consolidar como piso". Estos US$ 300 por tonelada eran una cifra habitual para la soja. El problema es que muchos productores se acostumbraron al excelente precio de 2014.

Así las cosas, Uruguay terminará exportando 2,3 o 2,4 millones de toneladas. El año pasado habían sido 3,3 millones de toneladas, según el Ministerio de Ganadería. Entre todo el Mercosur y Bolivia, la producción alcanzará las 173 millones de toneladas, estimó Blasina. Y la principal competencia será Estados Unidos, que viene al alza en ventas y fija los precios.

Parece un deseo de mal gusto, pero en la charla del jueves, en la Expoactiva, quedó claro que los productores locales están a la espera de una "catástrofe" climática en Estados Unidos. Eso aseguraría una venta mejor.

En primera persona.

"La soja fue la que nos salvó en años anteriores", dijo Hugo Álvarez, quien se definió como un pequeño productor de Soriano. Tiene 270 hectáreas que usa para la cría de ganado y cultivo de granos. Sobre esta última producción, admitió: "Lo que realmente nos perjudicó fue el aumento de los precios: subieron Antel, UTE, OSE y, sobre todo, la nafta".

Las pérdidas de Ancap afectaron al campo por el precio del combustible. "Se duplicó en pocos años y nuestras máquinas tienen que seguir funcionando", se quejó Álvarez. "La gente de la ciudad piensa que somos millonarios por las tierras que tenemos, pero ese es el recurso que necesitamos para nuestro trabajo, para seguir generando alimentos", dijo, y aclaró: "No es un tema de colores políticos, nosotros tenemos puesta la bandera del país".

Álvarez trabaja junto a su familia las tierras que fueron de su padre. Integra la Asociación Rural de Soriano, institución que organiza la Expoactiva. Este año le tocó encargarse de la sala de conferencias, un galpón con unas 150 sillas que estaba sobre una punta de la feria. En el polo opuesto, tres grandes carpas fueron utilizadas como "plaza" de comidas. Las diez mil personas que visitaron la feria ayer sábado, el día en que hubo más concurrencia, abarrotaron los restaurantes, lo que hizo que la espera superara una hora.

Es que no todo fue pesimismo. La lluvia del viernes fue festejada por muchos productores, por más que hizo volar a más de un stand en la Expoactiva. También fue motivo de alegría la baja del precio de los pesticidas y que algunos empresarios se animaran a invertir más allá de la incertidumbre.

Según Premrou, Uruguay tiene una oportunidad con la soja ante una posible baja de producción en Argentina. El grano local compite en precio y tiene mayor calidad de aceite y proteína, dijo. "Las áreas destinadas a trigo y maíz crecerán en el orden del 30%" en el vecino país, lo que puede quitarle tanta hegemonía a la soja.

Esas pequeñas luces y esperanzas hicieron que los productores, muchos de ellos argentinos que cultivan en Uruguay, aprovecharan para conocer las innovaciones agrarias. El jueves mismo, la Asociación Rural de Soriano premió a la empresa Marco Natural por su fertilizadora encaladora, considerada una tecnología "eficiente" por la alta autonomía y capacidad de transportar más de 13.000 litros del producto que se quiera aplicar.

La innovación también tuvo espacio en una pequeña exposición de drones, una versión en miniatura de la ya realizada en enero en Maldonado. En la Expoactiva aprovecharon para hacer una demostración de vuelo y para captar unas fotos aéreas.

Otros expositores optaron por un perfil más tradicional. Las aseguradoras regalaron bolsas de papel con folletería, lapiceras y gorros. Los medios de comunicación entregaron sus últimas ediciones de diarios y revistas, y las compañías de maquinaria permitieron subirse y probar los productos.

El termómetro.

La falta de un lugar con sombra hizo que los visitantes demoraran más de la cuenta debajo de los gazebos o que rogaran para ser trasladados con un carrito de golf eléctrico, solo habilitado para personas autorizadas. Otros consideraron que lo mejor fue visitar los containers devenidos en casas y oficinas. En muchos había aire acondicionado. Y allí, sin el problema de la temperatura, la charla volvió a marcar cierta calentura.

Que el dólar es cada vez más fuerte, que el petróleo baja pero no el precio del combustible, que desde el 4 de enero hasta mediados de febrero apenas llovió, que (el fenómeno climático) El Niño fue más violento de lo esperado, que La Niña —el fenómeno inverso— puede afectar la siembra de la segunda mitad del año, que el campo pasa por una mala hora. "El 2016 será el año más difícil", aseguró Blasina. "Se parece a la crisis de 1982 (la de la tablita) o a la de 2002, aunque ahora la devaluación es más ordenada y no afecta tanto a los bancos", advirtió el ingeniero agrónomo.

Oddone prefiere hablar de una "desaceleración consolidada". El país crecerá un 0,5%, lo que significa un ajuste negativo de la proyección.

El viento de cola que estaba impulsando al agro está girando su trayectoria y hace que algunos empresarios cierren filas. "Nosotros queremos hacer todo para que el país retome el gran crecimiento", dijo Álvarez, organizador de la exposición. No lo señaló en relación a los trabajadores directos, que se calculan en 50.000, sino en "seguir siendo el 70% de la exportación agroindustrial". Y concluyó: "Si aumenta la tarifa telefónica, uno puede dejar de hablar. Pero si suben los alimentos, uno no puede dejar de comer. Esa es la cuestión".

Pruebas por tierra y aire.

Maquinódromo. Uno de los buques insignia de la Expoactiva, y de ahí su nombre, es la posibilidad de probar las máquinas in situ. Este año, además de tractores, camiones y todo tipo de palas, hubo espacio para drones. Algunas de estas nuevas tecnologías eran exclusivas para la seguridad: desde visualizar si se había escapado parte del ganado hasta advertir la presencia de intrusos. Los sonidos de las aspas de estos pequeños equipos voladores, por momentos se mezclaban con los motores de las avionetas fumigadoras que despegaban desde la zona que daba hacia la ruta.

Cronograma. La feria comenzó oficialmente el miércoles, aunque hubo un Congreso de Intendentes previo, el martes. Terminó ayer con un récord de 29.000 visitantes, 6.000 de ellos en el día de lluvia.

La recuperación y esperanza está puesta en el 2017.

Como todos los ciclos en el sistema capitalista, al bajón le sigue el auge. Con mayor o menor certeza, los economistas avizoran un resurgir del agro hacia 2017. Para el trader regional de oleaginosas de Louis Dreyfus Commodities (LDC), Agustín Premrou, el precio actual de la soja se mantendrá por 60 días y luego habrá una tendencia de leve aumento. Y la realidad de este grano, por su extensión y por su relación con el mercado estadounidense, es prueba de un escenario más amplio.

El ingeniero agrónomo Eduardo Blasina insiste en que los productores deben buscar el mejor rendimiento para este 2016, porque si logran cruzar el año, el contexto será más favorable. Para entonces, el especialista estima que la suba del dólar logrará repuntar al sector exportador, como lo hizo en crisis anteriores. En esa línea, el economista Gabriel Oddone estima que la inflación a fin de 2017 será 0,6 puntos por debajo de diciembre 2016.

El riesgo para 2017 es la posible presencia de La Niña, fenómeno climático inverso al de El Niño, también producto del cambio climático, y que se caracteriza por el enfriamiento del océano.

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