EL FIN DEL CICLO ELECTORAL

La campaña como negocio: ¿qué dejó la zafra electoral?

Miles de trabajadores procuran ganarse la vida mientras los políticos compiten por votos. Sin embargo, se quejan de que los partidos son “malos pagadores” y no gastaron tanto como en otras ocasiones.

zafra electoral
Los partidos están liberando los locales de campaña. Foto: Marcelo Bonjour

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Jorge compró decenas de banderas del Frente Amplio. Eligió algunas chicas —ideales para el auto—, otras medianas y unas pocas más grandes. Se surtió de merchandising del Partido Nacional; ofrecía boinas, gorros y camisetas. Y también compró, aunque en menor medida, productos de los otros partidos, teniendo en cuenta los números que indicaban las encuestas. Todo esto ocurrió antes de las elecciones internas, se frenó entre agosto y setiembre, y volvió a retomar la intensidad en los últimos dos meses. Así logró ganarse la vida este año.

Distintos rubros esperan durante todo el período la zafra electoral que ahora terminó. En cada instancia de estas hay inmobiliarias deseando que se alquilen los locales y los comités de base, agencias de publicidad ansiosas por las filmaciones de los spots de campaña, y un sinfín de servicios que se dedican a trabajar de cara a las urnas. Ahora bien, ¿qué tanto aportan los partidos políticos al bolsillo de los trabajadores?

Adrián Broglia, gerente de la Cámara de Empresas Productoras de Publicidad del Uruguay, considera que los años electorales “suelen ser malos” para su mercado. Según el experto, los demás clientes disminuyen la cantidad de pauta porque “sienten que quedan perdidos en la tanda”, y es verdad: nadie quiere sentirse perdido si invirtió miles de dólares en radio y televisión. “La pauta de la publicidad política atomiza en los medios, entonces es muy normal que las marcas tiendan a producir menos”, agrega.

Una de las productoras que trabaja más con políticos es Cholo Films. Su director, Marco Caltieri, reconoce que durante la campaña electoral disminuye el caudal de otros clientes, aunque a él igual le gusta trabajar para los políticos. “Es verdad que la tanda está invadida, pero siento que disfrutamos de la política. Creo que tener una campaña tan larga alimenta el espíritu politizado”, sostiene.

Sin embargo, en el mercado publicitario califican a los partidos como “malos pagadores”. Fuentes de ese rubro explican que los políticos quieren “grabar ya”, pero no están dispuestos a costear lo que vale una buena pieza creativa. Además, es difícil cobrarles, aunque los comandos pidan que les entreguen los trabajos con suma urgencia.

“Este año las publicidades fueron muy pobres: había menos plata que en otras elecciones. Ahora parece que nadie quisiera gastar un peso. Para la pauta política de otros años se invertía, querían mostrar. Pero ahora te mandan a cualquier militante con una cámara que esté más o menos decente y así se arma mucha cosa”, afirma una de las fuentes consultadas para este informe.

Otro problema que surge en el mercado publicitario es que se utilizan modelos que luego aparecen en comerciales empresariales. Por eso las agencias suelen pedirles a los partidos que propongan militantes, para evitar que una cara asociada con un político actúe en un aviso convencional. “No está bueno que alguien que hoy habla de un sentimiento político luego sea una cara en un comercial de jabón, subraya Caltieri.

Más allá del mercado publicitario, los hoteles y los restaurantes de todo el país también sienten una diferencia durante esta época, sobre todo los del interior, a raíz de las giras de los comandos.

Francisco Rodríguez, presidente de la Asociación de Restaurantes y Hoteles del Uruguay, asegura que “donde más se mueve la aguja” es en los establecimientos para comer. En los departamentos del centro del país, explica, las visitas de los políticos “son muy importantes” porque implican preparar 100 cubiertos en un mismo día, algo impensado para una jornada habitual.

De hecho, hace dos fines de semana coincidió el cierre de la campaña electoral con un feriado en Brasil y en Argentina. Tanto los comandos de Luis Lacalle Pou como de Daniel Martínez recorrían distintas localidades del interior en busca de los últimos votos y también llegaron turistas de los países limítrofes. Entonces se dio una ocupación cercana al 50% en buena parte del país.

“A Colonia llegaron 1.000 personas más de lo habitual y los primeros que tuvieron mayor movimiento fueron los restaurantes y los supermercados, sobre todo porque hubo altas temperaturas. En hotelería es menor el impacto, pero siempre hay una movida en torno a lo electoral. Es lo más parecido a un congreso, porque tenés que buscarles un lugar donde estar y otro donde comer”, afirma.

Rodríguez también señala que los pueblos más pequeños tienen “la dificultad” de que no poseen camas para la cantidad de visitantes que suelen llegar, por lo que los militantes terminan durmiendo en ciudades aledañas. Así también se desparrama mejor el dinero que gastan los partidos políticos en campaña.

Desde la gerencia del Hotel Crown, en Cerro Largo, cuentan que en 2019 trabajaron con el comando de Lacalle Pou. “Hace muchos años que trabajamos con ellos, desde la época del padre”, sostienen. Las delegaciones del Partido Nacional en esa localidad rondan las 20 personas, se quedan una noche y cenan ahí. A veces solo pasan la noche y viajan muy temprano en la mañana.

Mientras que los nacionalistas “se mueven en bloque”, explican desde la gerencia del hotel, los frenteamplistas llegan solos. Este año se alojaron los dirigentes Constanza Moreira, Javier Miranda, Danilo Astori y su esposa, Claudia Hugo. “Esto es algo más bien anecdótico, no hace la diferencia”, explican.

Pero los hoteles otorgan algunas concesiones en estos casos. Si bien les cobran a todas las delegaciones, ocurre que les mejoran las habitaciones y no les aumentan el precio, o les cierran una parte del edificio para que puedan brindar una conferencia. Son pequeños gestos, dicen, que les permiten mantenerlos como clientes dentro de cinco años.

MENOS VIAJES

Los aviones privados, un negocio en caída

Uruguay no tiene largas distancias, pero el ritmo de la campaña se hace difícil aunque los trayectos sean relativamente cortos. Por eso los políticos suelen recurrir a aviones privados, en especial cuando realizan giras por el norte del país y luego deben volver a Montevideo. Sin embargo, este año fue “la excepción”, según explican desde la empresa SAS Taxi Aéreo. La única que viajó con ellos fue la entonces precandidata frenteamplista Carolina Cosse, que cerró un acto en Artigas de noche y tenía una reunión en Montevideo en la mañana. En tanto, la dirigente nacionalista Verónica Alonso viajó en un avión de su marido, agregan desde la firma, y Juan Sartori alquiló un avión durante la campaña. El resto de los políticos volaron en naves prestadas.

Diluidos

Otro rubro que siente —a medias— los efectos de la campaña es el de las imprentas. Por más que la elaboración de listas y papeletas aumenta el trabajo, a estas empresas les pasa lo mismo que a los publicistas: el resto de los clientes no quiere “diluirse” entre la propaganda electoral.

Guillermo Castelgrande, vocal de la directiva de la Asociación de Industriales Gráficos del Uruguay, sostiene que el trabajo con los grandes partidos “queda reducido a tres o cuatro imprentas grandes”, por lo que los demás se ven perjudicados. “Los productos comerciales bajan y por más que los trabajos para campaña —como el autoadhesivo, los carteles, las listas, los folletos y los volantes— aumenta, lo absorben las imprentas que tienen espalda como para bancar esa producción y cobrar diferido”, sostiene.

En ese sentido, explica que un “problema histórico” ha sido cobrarles a los partidos políticos. La mayoría, según Castelgrande, paga hasta 90 días después y eso complica el funcionamiento de las empresas pequeñas. Por eso, aunque haya 750 imprentas en el país, los trabajos electorales los asumen menos de cinco.

“Los clientes comerciales, todos los que quieren comunicar y activar una promoción, creen que si se mezclan con la campaña no es lo mismo. Entonces hay una retracción muy fuerte en los trabajos comunes, es algo muy parecido a lo que sucede cuando se juega una Copa América o un Mundial”, agrega.

En tanto, por más que la suba no sea significativa, los alquileres también mejoran durante la campaña electoral. León Peyrou, vicepresidente de la Cámara Inmobiliaria Uruguaya, explica que “es muy pronto” para hacer un balance de cómo impactaron las elecciones en este mercado, aunque es un hecho que los partidos rentaron locales para promocionarse.

El Partido Nacional, por ejemplo, había alquilado hasta diciembre la sede de Todos, ubicada en Bulevar Artigas y Chaná. Fuentes de ese sector confirman que tenían el local hasta diciembre, pero decidieron prorrogarlo hasta marzo para llevar adelante la transición de gobierno.

Los demás partidos, sin embargo, decidieron entregar los locales que no eran de su propiedad. De hecho, fuentes del Frente Amplio explican que durante estos días han cerrado comités de base que alquilaron para esta campaña. Lo mismo le ocurre al Partido Colorado.

Son miles los trabajadores y empresarios que buscan hacer la diferencia con la campaña electoral. Esta zafra, que no movió tanto la aguja como en otras ocasiones, se retomará antes de mayo, cuando los políticos vuelvan a enfrentarse para ganar la elección municipal.

(Producción: Mariángel Solomita)

Aclaración: Una versión previa de esta nota afirmaba erróneamente que se había entrevistado a Rodrigo Gómez en representación de la empresa SAS Taxi Aéreo. Sin embargo, Gómez no aportó su testimonio a la entrevista, por lo que ninguna de las declaraciones le corresponden. A los lectores y al involucrado, las disculpas del caso.

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