Cada cual con su pobreza

Profesor. El español Emilio Martínez. 267x293
Profesor. El español Emilio Martínez.

Siento que he llegado justo en un momento en que el debate está abierto y de algún modo estoy participando en ese debate público", dijo el filósofo Emilio Martínez Navarro, momentos antes de dar una conferencia Rechazar la pobreza sin excluir a los pobres en el Centro Cultural de España. El debate es sobre la pobreza, su aporte a la discusión es, principalmente, una palabra: aporofobia. Significa odio, miedo, rechazo hacia los pobres. Y llega pocos días después de que una encuesta del Observatorio de Inclusión Social de la Intendencia de Montevideo concluyera que el 35% de la población no querría tener como vecino a alguien que viniera de un asentamiento, por encima, incluso, de alguien que haya estado en la cárcel.

-¿Cómo explica la aporofobia? ¿Por qué sucede?

-La aporofobia nace de muchos prejuicios que hay contra las personas que están en apuros. Porque hay algunas personas pobres que pueden ser delincuentes o malolientes, pero no todas. El paso de decir que porque algunos lo hacen, todos son así, es un prejuicio, es el mecanismo por el que se forman los prejuicios: la generalización. Hay varias explicaciones de por qué ocurre. Hay un trasfondo de crueldad en la condición humana que lleva a despreciar al que no ha tenido éxito, al que ha fracasado, al que se encuentra por debajo de uno, porque eso parece que nos refuerza. Otra causa tiene que ver con las sociedades modernas, en las que parece que la única institución importante es el mercado. Y si alguien quedó excluido del mercado, ya no tiene capacidad para contratar, para ofrecer sus servicios. Entonces ya no interesa. Los verdaderos excluidos son los que han perdido su capacidad de ofrecer algo para recibir algo a cambio, su capacidad de contratar en un sentido amplio.

-¿No le queda nada para ofrecer, o lo que tiene para ofrecer no es demandado por la sociedad?

-Puede ser las dos cosas. La cuestión es que se les hace culpables de su miseria. Por lo tanto, se lo condena a que cargue con todas las consecuencias de su pobreza. Y en muchas ocasiones, la persona no cae en la pobreza por su culpa. Y aun en el caso en que fuera su culpa, ¿no deberíamos ayudarlo? ¿No ayudamos a quienes tienen un accidente en carretera, aunque sea su culpa? Hay una injusticia muy grande en considerar que los pobres en su mayoría son culpables de lo que les pasa.

-¿Está asociada la aporofobia a la percepción de inseguridad?

-Puede ser, por el prejuicio de que si algunos pobres son delincuentes, cualquier pobre sea potencialmente delincuente. Y porque a veces pensamos que si estuviéramos en graves apuros, sin posibilidades de conseguir comida, incluso la robaríamos, porque en urgencia uno hace por sobrevivir lo que sea. Es posible que una de las causas de la aporofobia sea la sensación de que el pobre es una amenaza. De que su modo de sobrevivir pase por quitarme algo a mí.

-¿Cómo se ve que se le culpa al pobre de su pobreza? ¿Cómo se ve la aporofobia?

-Se le culpa no brindándole muchas oportunidades que se le podrían dar si se pensara que no es culpa de él y por lo tanto merece ser ayudado. Se ve en el rechazo social, que incluso llega al extremo de organizar escuadrones de la muerte. En gestos de desprecio, de agresividad, o en tener una indiferencia prácticamente total. Los pobres se convierten en invisibles. Se considera normal que tengan menos derechos, como si fueran ciudadanos de segunda clase.

-En el poco tiempo que ha estado en Montevideo, ¿ha visto algunas señales de aporofobia?

-He visto que hay jóvenes que piden monedas por la calle, y algunos peatones andan más deprisa cuando los ven, tratan de esquivarlos, de no tener que pararse a darles una moneda, o negársela. Esas actitudes son comprensibles, pueden tener prisa, hay muchos de esos adolescentes, tienen un aspecto un poco inquietante, están sucios, mal vestidos...

-Qué pasa si veo a un niño pidiendo y no creo que sea su culpa, pero tampoco creo que sea mi problema, sino del Estado. ¿Es aporofobia?

-Hay dos maneras de ayudar a la gente, por el estado y por las ONGs. Antes o después es la sociedad quien tiene que hacerse cargo de esa criatura.

-¿No puede haber ayuda que esté basada en la aporofobia, en prejuicios, como por ejemplo que los pobres son incapaces?

-Frente a la aporofobia hay tres actitudes diferentes. Los que actúan como demonios estúpidos, sin escrúpulos, sin sensibilidad moral, pero además sin racionalidad; los que actúan como demonios inteligentes, que se dan cuenta de que lo más racional es ayudarlos, aunque solo sea para evitar conflictos. Y las personas justas e inteligentes, que hacen algo porque piensan que es una injusticia, y trabajan en cooperación directa y denuncia de las injusticias. Quiero que recordemos que somos la primera generación, la tuya y la mía, que tiene la oportunidad de erradicar la miseria severa en el mundo. Para eliminar la pobreza extrema en el mundo se necesitan, según un cálculo realizado por Thomas Pogue en La pobreza en el mundo y los derechos humanos, 350 mil millones de dólares anuales, el 1% de la riqueza mundial.

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