EN BUSCA DE UNA EXPLICACIÓN 

Todo por la BCG: una leyenda o la razón del éxito uruguayo en su lucha contra el Covid-19

MSP desconfía que se deba a la vacuna y dice que se precisan pruebas. En tanto, Facultad de Medicina inicia un ensayo clínico para analizar la eficacia de la BCG contra el virus, pero a corto plazo. 

Vacuna
La vacuna de la BCG es obligatoria en Uruguay desde 1982 (Foto: Archivo El País). 

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Si hay algo que muchos se han preguntado en este tiempo es cuál es la razón del éxito uruguayo en el combate al coronavirus. Cuál es el verdadero motivo por el cual Argentina y Brasil están en una situación tan distinta. Por qué en el primero de estos países hay —según los datos dados la semana pasada por Rafael Radi, coordinador del grupo de científicos que asesora a Presidencia— ocho casos cada 100.000 habitantes, en el segundo 18 cada 100.000 y en Uruguay apenas entre 0,1 y 0,5 cada 100.000.

Que hubo una reacción rápida por parte del gobierno, con un veloz cierre de las fronteras, puede ser una respuesta. Que se buscó el apoyo de los científicos, que se suspendieron actividades públicas, que se instó a usar tapabocas y al distanciamiento social, también. Que la población uruguaya hizo un uso adecuado de lo que el presidente Luis Lacalle Pou denomina “libertad responsable”, es otro de los motivos que alguno podría aducir. Pero hay quienes sostienen que todo esto tuvo, también, una ayudita extra e inesperada: la vacuna de la BCG.

Así lo publicó días atrás la revista británica Nature. A través de un estudio observacional, un grupo de científicos llegó a la siguiente conclusión: los países sin vacunación universal tuvieron una incidencia de Covid-19 y un número de fallecidos mayor, en comparación con aquellos que incluyen la BCG en su esquema obligatorio. Y advierte, además, que esto pudo verse en todas las franjas etarias.

Uruguay no fue parte de este estudio, puesto que excluyeron del trabajo a aquellos países que tenían menos de 1.000 casos confirmados de Covid-19. Pero sí lo fueron Estados Unidos e Italia, que tuvieron una importante cantidad de casos, y donde la BCG no es obligatoria.

La directora del programa de inmunización del Ministerio de Salud Pública (MSP), Teresa Picón, señala que aunque este trabajo “fue realizado por una revista muy prestigiosa” y “está muy bien hecho”, no permite llegar a una conclusión final sobre el tema, puesto que “solo es un estudio observacional”. En resumen, advierte que “hacen falta más pruebas”.

“Es prometedor, es sumamente interesante, pero bueno, hay que ver, porque el método científico lleva su tiempo, no es algo que se pueda hacer en cuatro meses. Que la BCG explique un poco el porqué de la poca cantidad de casos, puede ser; pero también puede no ser”, insiste.

Que sea un estudio observacional implica que se trata de una comparación de datos preexistentes: se toma, por ejemplo en este caso, la cifra de Covid-19 positivos de cada país y luego se averigua en cuáles sí y en cuáles no hay vacuna de la BCG universal. Según lo que este cruzamiento de información arroje, se llega a una conclusión. Es decir, los investigadores se limitan a observar la realidad desde una perspectiva determinada.

Sin embargo, que la BCG sea lo que mantiene a Uruguay con una baja cantidad de casos, es discutible. Y lo es por varias razones.

Un poco de historia 

En 1982, a través de la ley 15.272, se creó el Plan Nacional de Vacunas (PNV), y de esta manera fue que se declararon obligatorias la BCG —contra la tuberculosis— y siete vacunas más. Hoy son 13 las que están en el plan.
Todas son gratuitas y Uruguay las compra a través del Fondo Rotatorio de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este programa le permite al país recibirlas en tiempo y forma, a un buen precio y también acceder a una línea de crédito, en caso de que lo necesite.

Hoy el costo de cada dosis de BCG para los países del Fondo es de US$0,23. Se les da a todos los recién nacidos que pesen más de dos kilos y medio, salvo que estén inmunodeprimidos, como es el caso de quienes tengan VIH. Por tanto, el MSP invirtió unos US$8.600 para inmunizar contra la tuberculosis a los casi 37.500 niños que nacieron en 2019.

Antes de que fuera obligatoria en 1982, esta vacuna —que existe desde la década de 1920— ya se daba en Uruguay —“niños de los ‘60 y los ‘70 también la tienen”, señala Picón—, pero no formaba parte del programa universal. Hasta la década del ‘90 en Uruguay se daban dos dosis: una al nacer y otra en la adolescencia, pero esta segunda fue suspendida.

Las dudas que el MSP posee sobre el estudio de Nature tienen que ver con varias cosas. Pero uno de los puntos primordiales es que la BCG es obligatoria en Uruguay, pero también lo es en Argentina, Brasil y China, donde todo empezó.

De hecho, luego de publicado el artículo la cartera pidió a la OMS una lista de países en los que la vacuna de la BCG es obligatoria, y estos son 151.

Por otro lado, tanto Uruguay como Argentina —al igual que muchos de estos países— compran a través del Fondo Rotatorio, o sea que lo hacen al mismo proveedor, por lo que la vacuna que se da es la misma. Brasil, en tanto, tiene producción propia. O sea, a Uruguay tampoco le estaría yendo mejor por recibir una vacuna diferente. De hecho, Picón sostiene que desde que la vacuna, incluso desde antes de 1982, se ha adquirido de una gran cantidad de proveedores diferentes.

Giovanni Escalante, representante de la OMS en Uruguay, en tanto, advierte que en estos últimos días él y el ministro Daniel Salinas debatieron sobre este tema: “Intercambiamos impresiones en cuanto a la hipótesis de que la vacunación contra la BCG podría tener un efecto protector en la población, dado a que genera respuesta inmunitaria, aunque no sea específica para este tipo de virus… Lo que vamos a hacer es promover investigaciones a nivel mundial para ver si podemos comprobarlo”.

En cuanto a que tanto Uruguay como sus vecinos reciben la BCG, Escalante advierte que puede haber otros factores que hagan al caso uruguayo sea diferente.

“Es que con las vacunas todo depende mucho de la respuesta de la población. Yo he estado en muchos países, y lo que pasa es que la respuesta muchas veces es menor. Hay que recordar que hay muchos grupos de despreocupación de las vacunas, por no decir de antivacunas, que las objetan y cuestionan, y esto en muchos lugares ha tenido efectos devastadores. Uruguay es un país que aprecia mucho a las vacunas, pero esto no es lo que pasa en otro lados”, explica Escalante.

La BCG es una de las vacunas con mayor cobertura, y el 97% de los niños uruguayos la reciben, señala Picón. En Argentina y Brasil, según datos oficiales de los últimos años, no hay una gran diferencia, y el 95% de los niños la tienen.

Investigación

Alejandro Chabalgoity, director del Departamento de Desarrollo Biotecnológico del Instituto de Higiene de la Facultad de Medicina, es uno de los que viene investigando en Uruguay la posibilidad de que la BCG sirva para combatir al coronavirus. Pero la hipótesis que él maneja no es que quienes se vacunaron de niños puedan haber adquirido una suerte de inmunización —“no creo que sea tan así”, advierte—, sino que quizá una nueva dosis pueda hacer que las personas queden protegidas por uno o dos años. Él ve en la BCG la posibilidad de hacer tiempo, mientras la vacuna contra el Covid-19 termina de inventarse.

“La idea es que la BCG, al igual que otras vacunas vivas atenuadas, como pueden ser la del sarampión o una de las de la polio, inducen efectos no específicos. Esto quiere decir que además de proteger contra la enfermedad para las que fueron pensadas —en el caso de la BCG es la tuberculosis—, tienen un efecto por el cual también protegen contra otras cosas”, señala Chabalgoity.

El ejemplo que él da para entender mejor todo esto es el de Burkina Faso, donde cuando se empezó a dar la vacuna de la BCG hubo un descenso de la mortalidad infantil mayor al de los fallecimientos que habían por tuberculosis. Los investigadores luego descubrieron que esa caída se debía a una reducción de las muertes por sepsis y por infecciones respiratorias.

Esto es lo que permite inferir que esta vacuna “puede hacer que las personas respondan más efectivamente contra los virus respiratorios, y quizá, entonces, pueda ser efectiva por un tiempo contra el coronavirus”.El científico que descubrió el mecanismo por el cual la BCG induce estos efectos, Mihai Netea, es profesor en Holanda y ya viene trabajando con Chabalgoity desde hace dos años, en investigaciones que tienen que ver con el desarrollo de inmunoterapias para el cáncer. De hecho él, y otros miembros de su grupo, tenían previsto llegar a Uruguay el 19 de abril, pero la visita fue cancelada por el virus.

En marzo Netea propuso realizar ensayos clínicos vacunando personal de salud con BCG para ver si esto se traduce en menos impacto de Covid-19 entre los vacunados. Este ensayo se ha comenzado ya en Estados Unidos, Australia, Alemania y Holanda, y la idea de Chabalgoity es que a la brevedad se sume Uruguay.

El estudio, que fue anunciado semanas atrás por La Diaria, consistirá en hacer un seguimiento de 2.000 trabajadores de la salud, de los cuales 1.000 de ellos se vacunarán y 1.000 no. Luego se hará un seguimiento de cada uno de los voluntarios a través de una aplicación, en la cual estos deberán notificar si se contagian o si pasan a estar en cuarentena tras mantener contacto con alguna persona con la enfermedad.

El Comité de Ética Nacional ya revisó el protocolo enviado por Chabalgoity y sus colaboradores, hizo algunas correcciones en las que ellos están trabajando, y se espera que en los próximos días ya esté la autorización definitiva para empezar a trabajar. El MSP, además, ya se comprometió a entregar las 1.000 vacunas necesarias para empezar la investigación, de la cual participarán el Hospital de Clínicas y el Hospital Pasteur, y cuyos resultados se espera estén listos en menos de seis meses.

“Lo cierto es que el inicio del ensayo se ha dilatado por los pasos necesarios a cumplir previamente, pero ademas no estábamos tan apurados —señala Chabalgoity—, dado el poco nivel de circulación viral que había en el país. Sin embargo, la realidad del último brote, específicamente en personal de salud, hace pensar que tiene sentido iniciarlo apenas sea posible”.

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