OLA DE MEDIDAS PARA FRENAR LA VIOLENCIA

Barras: prohibidos del fútbol se pasan al básquetbol

Mientras la AUF tiene 400 inadmitidos, la FUBB dice que muchos de estos se infiltran en las hinchadas de básquetbol. Por eso solicitó a las autoridades la creación de una lista única. Para evitar líos, Nacional, que clasificó a los play offs, pide no tener que ir a jugar al Palacio Peñarol.

Etchandy: "Goes, Aguada y Nacional son los clubes más problemáticos, también son los que tienen más hinchas". Foto: Archivo
Etchandy: "Goes, Aguada y Nacional son los clubes más problemáticos, también son los que tienen más hinchas". Foto: Archivo

Tantos enojos, tantas amenazas, tantos piñazos. Roberto de los Santos dijo basta. La primera advertencia fue un "qué lindo, ¿es nuevo?", en un papel colocado en el parabrisas de la camioneta. Después una emboscada para pegarle afuera de una cancha. Luego unos barras que le gritaban que salga a la puerta a pelear, cuando él estaba comiendo en una pizzería. El colmo fue cuando amenazaron a alguien de su familia. Él todavía no cumplió 60 años y ya hace 30 que trabaja en el Club Olimpia. El básquetbol es su pasión.

Su misión era la más difícil. Si un juez señalaba a uno de la tribuna, él tenía que calmarlo. Y si no le hacía caso, lo tenía que echar. Además, era el que conversaba con los barras cuando tenían algún reclamo: que entradas gratis, que un transporte que los llevara a todos juntos de la cancha, que les "largaran unos mangos". Le decían: "Nos tienen que dar porque nosotros somos los que en las buenas y en las malas bancamos al club". Siempre les contestaba haciéndoles "no" con la cabeza. El último lío lo tuvo hace poco más de un mes en la cancha de Urunday.

"Insultaron a Germán Silvarrey, un jugador de Olimpia, porque erró un par de dobles. Había uno que no paraba. Le decía de todo. Le pedí que se calme. Siguió insultando. Que el que no mete se va y un montón de ordinarieces. Se empezó a meter conmigo. Le respondí. Y me esperaron afuera. Yo siempre estoy con gente, porque los conozco, porque sé cómo son. Nos pudimos defender, pero fue una situación difícil que después desencadenó otras situaciones. Si anduviera solo ya me hubiera comido dos mil palizas", señala De los Santos. Entonces pidió licencia como encargado de la seguridad del club. Dice que las barras del básquetbol son una "escuela" para los que luego quieren pasar al fútbol. Quizá tenga razón.

Hace nueve años.

"Aguante 25 de Agosto y Peñarol", gritó uno a los hinchas de Aguada que estaban en Enriqueta Compte y Riqué, a pasos de San Martín. La respuesta no se hizo esperar: "Aguante Aguada y Nacional", dijo Rodrigo Núñez, de 15 años, que terminó con una puñalada en el tórax. Esto pasó en 2009, en la previa de un partido entre 25 de Agosto y Nacional en la cancha de Aguada. Unas horas después asesinaron de un tiro a Rodrigo Barrios, de 17 años, que había sido testigo del hecho, mientras iba a ver a Núñez que agonizaba en el Hospital Canzani. Los autores eran parte de "Los Feos", un grupúsculo de jóvenes de la barrabrava de Peñarol. Uno de ellos fue identificado. En ese entonces tenía 17 años y lo procesaron como "autor responsable de una infracción de riña en espectáculo deportivo con resultado de muerte" por el fallecimiento de Núñez.

Incidentes en un partido entre Nacional contra Atenas en 2011. Foto: Archivo El País
Incidentes en un partido entre Nacional contra Atenas en 2011. Foto: Archivo El País

Hace cinco meses un hincha lo reconoció en la cancha de Goes. Ese hincha le contó a otro, y ese a otro, hasta que se enteró la directiva del club, que denunció el hecho ante la Federación Uruguaya de Basketball (FUBB). A partir de este caso, desde hace un mes empezó a funcionar un sistema parecido al que hay en el fútbol, por el cual se pide la cédula de identidad para sacar entradas, y tanto los clubes como el Ministerio del Interior tienen potestad de prohibir el ingreso de los hinchas que entiendan no puedan asistir. Por este sistema Goes tiene prohibida la entrada a 10 simpatizantes, y Aguada a cinco.

"La mayoría fueron suspendidos por insultos. Se les explica y no entienden", dice el presidente de Goes, Jorge Cibreiro. El código disciplinario de la FUBB es sumamente estricto: el público tiene prohibido "los cánticos racistas, xenófobos, en razón de su orientación sexual, de género, sexistas, que hagan apología al consumo de estupefacientes, a la comisión de delitos (homicidios, agresiones)". También están vedados "los insultos de la afición, sin importar su destinatario". Las penalizaciones abarcan quita de puntos, suspensión de la cancha y multas. En octubre pasado el clásico entre Aguada y Goes fue suspendido por unos minutos porque la barra de Goes tenía una bandera que decía "-2", en referencia a los Rodrigos.

Aguada tiene en este campeonato 13 suspensiones de cancha acumuladas: tres por cánticos y ocho porque una decena de sus hinchas no respetaron el protocolo de seguridad previo a este mismo clásico. Fueron rumbo al Palacio Peñarol por un camino que no les correspondía. También le sacaron dos puntos. Con 14 suspensiones el equipo queda descalificado. "Nosotros apoyamos el pedido de Goes para que se pasen las cédulas y se prohíba la entrada de algunos hinchas. A partir de lo que nos pasó dijimos: Si no hacen eso no podemos jugar", señala el dirigente de Aguada, Maximiliano Tourón.

Pero no es fácil tomar la decisión. Al presidente de Goes le rayaron el auto y lo amenazaron después de ordenar las suspensiones. Tourón dice que en Aguada no hubo más que un enfrentamiento verbal, "un choque de opiniones", asegura.

El presidente de Welcome, Wilfredo Ruiz, no brinda una cifra exacta, pero cuenta que tiene "varios" a los que se les aplica el derecho de admisión. Dice que a él también le han rayado el auto, pero señala que va a seguir "peleando", porque considera que "una manzana podrida te pudre a todas las demás". En 2012 una joven de 28 años murió cuando salió al balcón de su casa en medio de un tiroteo entre hinchas de Welcome y Cordón.

El presidente de Bohemios, Marcelo Sánchez, dice que no tiene suspendidos, que lo que aplica es hacer una comida antes de cada campeonato con las barras, y ahí les explica. "Hablamos, les decimos lo que tienen que evitar, que por lo que ellos hacen podemos perder puntos; pero una cosa es lo que pasa en Pocitos y otra es lo que se da en otros barrios", opina.

Algo parecido dice el de Trouville, Álvaro Rodríguez: "Siempre hay algún desaforado que insulta de más, pero solo eso. Si los comparan con los de otras hinchadas son nenes de pecho".

Hinchas: 400 son los que tienen vetado el ingreso al fútbol, varios de ellos ahora van al básquetbol. Foto: Archivo El País
Hinchas: 400 son los que tienen vetado el ingreso al fútbol, varios de ellos ahora van al básquetbol. Foto: Archivo El País

El presidente de Olimpia, Fernando Stagnari, sostiene que hoy no hay ningún hincha vetado, pero cuenta que en tres oportunidades distintas se aplicó derecho de admisión a simpatizantes.

Nacional tampoco tiene suspendidos, pero no es porque no canten ni insulten. Lo hacen mucho y fuerte, pero se lo dedican todo a un cuadro que no juega la liga de básquetbol. "Nunca se canta contra el equipo que se está jugando. Todas, las 10 o más canciones que canta la barra, hacen referencia a Peñarol", sostiene Martín Elgue, presidente del club. Hasta ahora Nacional no ha recibido sanciones.

Vienen del fútbol.

La semana pasada Nacional le ganó a Larre Borges y con esto se aseguró un lugar en los play offs. El reglamento establece que Tenfield es quien elige dónde se juega, ya que la empresa es dueña de los derechos de televisación. Y la tradición dice que los play offs se juegan en el Palacio Peñarol. Elgue está tratando de cambiar esto. Tiene sus razones: "Hay dos problemas. Uno es que hay células de la barra de Peñarol en varios clubes. Y el otro que, sabiendo que Nacional va a ir a jugar al Palacio, es obvio que va a haber un núcleo de la barra de Peñarol esperándolos en Galicia y Magallanes. Con esto nos exponemos a que haya corridas, tiros, autos rotos, un desmadre. Pero igual, si suponemos que no va a pasar nada afuera, para la barra de Nacional todo lo que está en el Palacio va a ser un trofeo de guerra: el piso, las butacas, la grifería del baño, hasta el tablero. Yo no me puedo hacer cargo de lo que va a pasar ahí adentro, entonces voy a ser pasible de sanciones, de multas, de pérdida de puntos".

La Federación pidió a la Secretaría de Deportes y al Ministerio del Interior que en vez de hacer una lista de no admitidos para el fútbol y otra para el básquetbol, se haga una para todos los deportes. "Hay un problema grave, que es el trasiego de gente que antes iba al fútbol y ya no puede ir a los partidos, entonces empieza a aparecer en el básquetbol", señala el presidente de la FUBB, Ricardo Vairo.

El subsecretario de Deporte, Alfredo Etchandy, dice que los inadmitidos en el fútbol ya son 400. En el básquetbol son unas pocas decenas. La lista del fútbol se llena con los nombres que carga la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) más los que aporta el Ministerio del Interior. "El tema es que hay un problema jurídico. La AUF es la dueña de los datos de los inadmitidos y no está claro si la puede hacer pública así no más. Si se la pasa al básquetbol ya es una manera de hacerla pública. El equipo legal de la Asociación lo está analizando", señala Etchandy.

Elgue reconoce que hay hinchas de Nacional a los que se les aplicó el derecho de admisión en el fútbol van a ver a su equipo en el básquetbol. Etchandy dice que "uno de los problemas grandes" que hubo recientemente fue en un partido de práctica de Nacional contra Goes, porque en la hinchada de este último había miembros de la barrabrava de Peñarol. "Los de Nacional fueron preparados para luchar. Felizmente la gente de Goes enfrentó la situación, se llamó al 911, llegaron varios patrulleros y salvaron la cosa", cuenta el subsecretario.

Vairo dice que también "se está estudiando" la posibilidad de que haya un registro de hinchas de cada club, y que cuando una persona saque entradas para ver a un equipo ya no pueda, jamás, sacar entradas para ver a otro. Esto porque han detectado, por ejemplo, en un partido de Trouville contra Goes, que algunos simpatizantes de Goes sacaron entradas haciéndose pasar por hinchas de Trouville, ya que la tribuna visitante tiene pocas butacas. Esto también lo han visto en partidos donde, justamente por temas de seguridad, se juega solo con público locatario.

La FUBB, por otro lado, pidió a las autoridades del fútbol un presupuesto para alquilarles los equipos de cámaras de identificación facial para los partidos de alto riesgo. Además de los que usa en el Estadio Centenario, la AUF tiene equipos móviles que también podrían servir en el básquetbol para detectar violentos: ya sea aquellos pasibles de sanción, como a los ya bloqueados en caso de que puedan sortear las medidas de seguridad. En Aguada, por ejemplo, han visto que personas a las que se les aplicó el derecho de admisión lograron luego entrar a la cancha. "Yo puedo bloquearlos, pero si después vienen con la cédula de un primo o la del hermano y en la puerta los dejan entrar no puedo hacer nada", señala Tourón. "No lo puedo ir a señalar yo con el dedo", se justifica.

El Ministerio del Interior no se hace cargo de la seguridad en todos los partidos de básquetbol. "De 14 que hay por semana solo cuatro o cinco, no más, se juegan con policías", dice Vairo. El resto se hace con la seguridad que pone cada club: empresas privadas o miembros de las instituciones. En un partido tranquilo puede haber seis guardias, en un clásico de Goes y Aguada entre policías y seguridad de las instituciones son unos 35. "El 40% del costo de la liga se va en seguridad", sostiene el presidente de la FUBB. La Policía cobra para ir a los eventos deportivos, que están catalogados como "normales", de "riesgo" y de "alto riesgo". Esto se paga con los derechos de televisión y cartelería, que son administrados por la liga. Los clubes, en tanto, se manejan con el dinero de la venta de entradas y de los sponsors de la camiseta.

El básquetbol, según señalan sus presidentes, es deficitario. Los equipos, además de sostener a sus instituciones deben, entre otras cosas, pagar a los jugadores y alquilar el Palacio Peñarol en los partidos que lo requieran por medidas de seguridad —por ejemplo los clásicos—, esto tiene un costo cercano a los $ 200.000. El déficit de los equipos a veces depende de la cantidad de jugadores extranjeros que traen. Los presidentes, con la condición de que no se identifique a jugadores y el nombre de los clubes, dieron a conocer cuánto son, más o menos, estas pérdidas. Un equipo con un presupuesto medio puede llegar a perder US$ 150.000 por campeonato. Los jugadores extranjeros no cobran menos de US$ 4.000 por mes, y algunos llegan a cobrar más de US$ 10.000.

¿Hay luz al final del túnel?

Desde muy joven Daniel Rippe es parte de "la barra de la baranda", los más entusiastas hinchas de Trouville. En 2004 estaban jugando contra Goes en la cancha de Montevideo. El partido estaba caldeado cuando el juez decidió la expulsión de Sebastián Shaw. Rippe enloqueció, empezó a gritar, a insultar y terminó lanzándole un escupitajo al árbitro. No le embocó, pero el hecho alcanzó para que multaran al club por $ 12.000. "Hacete cargo o no vengas más por el club", le dijeron. "Yo no tenía plata para pagar eso, entonces lo que hice fue buscar un sponsor que pusiera unos carteles en el club y así logré cubrir la deuda", dice Rippe, que un año después de este hecho terminó siendo dirigente de Trouville y ostentó el cargo por más de una década. "Me enojé por la expulsión y cuando el juez vino a hablar a la mesa me saqué. Estaba pasando por un mal momento, viviendo cosas personales difíciles. Ese no era mi comportamiento habitual y no lo fue nunca más", dice.

Un caso parecido es el de Aguada, que terminó contratando a uno de los barras para encargarse de la seguridad. Estuvo cerca de 10 años en el cargo. "La verdad es que la experiencia fue buena, pero claro, con el tiempo, como con todo, empezaron a pasar cosas", dice Tourón. Lo que pasó fue que a fines de 2016 lo terminaron procesando por "atentado especialmente agravado (...) por delitos de lesiones personales", tras un enfrentamiento con policías en un partido con Unión Atlética.

"Mirá que se quema todo", le decían a De los Santos cuando entraba al club Olimpia. Se cansó, pero la institución tira y sabe que va a volver. "Por lo menos un par de meses me voy a aguantar en el molde. Solo un par de meses. No nos van a ganar".

Pelea frente a cancha de Goes fue una “riña callejera”

Hace dos semanas trabajadores de Tenfield denunciaron a supuestos hinchas de Goes por agresión, en la previa de un partido con Welcome. Un video que se hizo viral muestra a un hombre, chofer de la empresa, dando un primer golpe a un joven que se acerca a increparlo. Tras esto se desata una batahola. Desde la FUBB dijeron que se trató de una “riña callejera” y que no encontraron motivos para sancionar a Goes. Y advirtieron que todo se desató porque la camioneta de Tenfield entró a contramano. Desde Tenfield señalaron que es verdad que entró a contramano y que el video no muestra una primera parte en la que agreden a su personal, y confirmaron que fue una riña que no tuvo nada que ver con el club. Por otra parte, señalaron que los involucrados están siendo investigados por entrar a robar camisetas a Goes la semana pasada. Desde el club dijeron que esto es verdad.

Lo que cambió: "antes era a las piñas ahora es a los balazos"

Peleas en el básquetbol hubo siempre: el tema es que antes tenían que ver con algo circunstancial, ahora hay barras dispuestas a encender la primera chispa. Esto en canchas donde tanto jueces como técnicos y jugadores están a pocos centímetros de la hinchada.

"El problemas de la violencia es que pasó de ser un hecho individual a convertirse en un hecho colectivo, por la formación de barras que ya van preparadas para el lío. Antes se podían pelear las personas, pero no iban pensando en eso. Además, no había más que unos piñazos", señala el subsecretario de Deportes, Alfredo Etchandy.

Para el presidente de la FUBB, Ricardo Vairo, el mayor peligro está en que los códigos del fútbol se utilicen también en la cancha de básquetbol. "Este es un deporte que se juega en un gimnasio cerrado, sin alambrados, con los árbitros a 30 o 40 centímetros de la hinchada, y es un deporte que sigue siendo de la familia. No se puede hacer lo mismo que en el fútbol. Si insultás a alguien lo tenés ahí nomás, no es como de la Ámsterdam a la Colombes, estás pegado, y eso puede generar un lío", señala.

De todos modos, pese a que reconocen los problemas, todos los directivos advierten que hay cosas muy positivas. Maximiliano Tourón, directivo de Aguada, señala: "Se habla de los problemas que tienen las instituciones, que muchas veces son verdad, pero también hay que recordar que los clubes hacen que entre 300 a 400 chiquilines, que están en formativas, estén haciendo deporte en vez de estar en la calle".

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