Nuevo rol

Una asistente social para presos de Montevideo

Muchas veces la gestión se hace por dos caminos: el familiar y la defensoría en paralelo.

Dinali inauguró en mayo la Posada del Liberado: hay 66 hombres. Foto: F. Ponzetto
Dinali inauguró en mayo la Posada del Liberado: hay 66 hombres. Foto: F. Ponzetto

Un año atrás, el Poder Judicial creó un nuevo rol que cayó en manos de Natalia Tagliani: es la primera y única asistente social que trabaja en la Defensoría Penal de Montevideo. En el interior este cargo todavía no existe. A ella recurren los defensores que están en contacto con las familias de los privados de libertad y les plantean sus problemas durante la detención. Lo que Tagliani puede hacer cuando una situación afecta a las víctimas secundarias es derivarlos a otros organismos, porque su competencia específica es el imputado. “Las familias sobre todo consultan por problemas de adicciones y de vivienda, porque tienen miedo de qué va a pasar cuando sea liberado ese familiar y vuelva al barrio con la misma adicción. En la cárcel los tratamientos de desintoxicación son casi imposibles. Ahí tenemos el problema de que cuando intentamos prever un tratamiento para cuando egrese, no hay plazas”.

La defensoría es también la que asesora cuando un pariente realiza una solicitud en la oficina del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) que atiende los reclamos de las familias. Lo más habitual es que se trate de pedidos de traslado de centro penitenciario, cambio de módulo, denuncias sobre alguna vulnerabilidad o problemas de salud. Diego Grau, del INR, explica que el procedimiento indica que se abra un expediente, se resuelva y se les comunique a la familia y al defensor la decisión.

Muchas veces la gestión se hace por dos caminos: el familiar y la defensoría en paralelo. “Al ser tanta la población privada de libertad, para lograr una resolución vos tenés que estar atrás. Si el detenido tiene un familiar que le haga un seguimiento, logra una atención, y si no, llegan a casos extremos para protestar”. Tagliani menciona ejemplos: se cosen la boca, se tragan un tornillo o lo primero que encuentren, hacen una huelga de hambre. “La mayoría vio al defensor una sola vez y ni siquiera sabe su nombre”.

Es ella también la que recibe las llamadas de los médicos de ASSE que trabajan en cada unidad si ven situaciones delicadas que requieran contactar al defensor.

Otro de sus contactos frecuentes es con la Dirección Nacional del Liberado. Esta dirección comienza un trabajo con detenidos que están a seis meses de ser liberados buscando referentes positivos en su entorno: familiares, amigos, maestros de escuela, “gente que los conoció”, dice su director Jaime Saavedra. “Es una tarea difícil, pero siempre hay alguien que está dispuesto a darnos una mano y esta población, como todos, necesita a alguien que la ayude a componer una vida saludable, porque la delictiva es de un progresivo aislamiento. Lo que nosotros hemos recibido es que cuando aparece la oportunidad hay muchísima gente que se aferra con uñas y dientes para salir de este mundo”.

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