UN HOMICIDIO IMPUNE

El asesinato de Bálmer Lucas: una muerte llena de olvido

El asesinato de Bálmer Lucas ocurrió menos de 24 horas después del registrado en Carrasco Norte. También involucró a un hombre que intentó detener un robo y defender a una vecina. Pero ocurrió en un barrio de la periferia de Montevideo donde todo tarda en llegar. Incluso la Justicia que aún no alcanzó al autor.

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Daiana, es la hijastra de Bálmer Lucas y vive en el asentamiento 24 de Junio. Foto: F. Ponzetto

Fue el Papo". Es lo último que alcanzó a decir Bálmer Lucas (58) poco antes de morir. Uno de los vecinos que fue a auxiliarlo escuchó esas palabras y salió en busca del homicida.

El asesino se perdió en el laberinto de pequeñas calles de tierra que conforman el asentamiento 24 de Junio, ubicado en Manga. Lucas recibió siete puñaladas, una de ellas en el corazón, luego de tratar de impedir un robo en su propia casa y en la de su vecina, que minutos antes había gritado pidiendo auxilio.

Esto ocurrió en la noche del sábado 1° de octubre pasado, pero no trascendió sino hasta varios días más tarde. Hasta el momento la Policía no ha detenido al autor del homicidio de Bálmer Lucas, un albañil que vivía en el barrio de casitas de madera y lata. Lucas tenía una hija de 9 años a su cargo.

Bálmer Lucas había enviudado un par de años atrás y se ganaba la vida haciendo trabajos de albañilería y sanitaria junto a su hermano Feliciano. Durante su juventud Bálmer había prestado por poco tiempo servicio en la Armada, pero luego se dedicó de lleno al trabajo en la construcción. Provenía de una familia numerosa, 12 hermanos, desperdigados aquí y allá. Con quien se veía más a menudo era con su hermana Silvia que vive a menos de un kilómetro en el barrio Capra.

"Era un hombre bueno, siempre pronto a dar una mano. Lo que más me duele es que la Policía no haga nada, apenas vino un patrullero cuando pasó esto esa noche y nunca más pasaron", contó Silvia, con los ojos húmedos.

Silvia echa una mirada alrededor desde el confortable living en la casa donde vive con su marido y un hijo en barrio Capra, al fondo de Camino Repetto. "Esta casa la construyó él", dice.

A diferencia de esta vivienda amplia y antecedida por un pequeño jardín, la casa de Bálmer es un modesto rancho de madera y chapas en el asentamiento 24 de Junio. En el suelo de tierra frente a ese ranchito quedó tendido Bálmer, herido de muerte.

La noche fatal.

Bálmer Lucas estaba solo en su casa. Su compañera y su hija de 9 años, Yamila, estaban de visita en Pando, regresarían al día siguiente. Unos minutos antes de las diez de la noche Bálmer sintió ruidos, pero se alarmó cuando oyó los gritos de su vecina pidiendo auxilio. Salió a medio vestir, con el torso desnudo, a ver qué ocurría.

Enseguida advirtió que habían corrido de su lugar al lavarropas que tenía en el fondo de la casa. Y vio la silueta que se movía entre su terreno y la casa vecina. Sin dudarlo se abalanzó sobre el intruso y se trabó en lucha con él.

"Él tenía las muñecas fracturadas por un accidente que había tenido en el trabajo el año pasado", contó su hijastra Daiana (23), la primera en enterarse de lo ocurrido unas horas después.

Bálmer intentó abrazar al intruso para contenerlo. Pero el movimiento fue fatal. El atacante tenía una cuchilla con la que empezó a herir al albañil.

El escueto informe policial indicaría más tarde que fue alcanzado por una puñalada en el abdomen, cuatro en el tórax y dos en un brazo. El homicida lo arrastró desde el fondo de la casa y lo dejó tendido en el frente, sobre la calle de tierra.

Tanto la vecina que pidió auxilio como otra que estaba frente a la modesta vivienda vieron lo ocurrido. Un agente policial de particular que pasaba por allí, de regreso a su casa, corrió a prestar auxilio e intentó prender al homicida que se coló entre los ranchos.

Poco después llegó el patrullero y trasladaron a Bálmer a una policlínica cercana. Fue inútil, una de las heridas lo había alcanzado de lleno en el corazón.

Tanto el agente que corrió en auxilio como los policías de la Zona III que llegaron más tarde lograron identificar al autor de las puñaladas, que hasta el momento está prófugo.

En el barrio dicen que después que se retiraron los uniformados, "El Papo" volvió, amenazante. Desde entonces no se lo ha vuelto a ver por la zona y la Policía no ha informado de su captura.

Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

Tragedia olvidada.

La muerte de Bálmer Lucas pasó inadvertida. El caso ocurrido en Carrasco Norte durante la noche del viernes pasado, apenas unas horas antes de este crimen, copó rápidamente todos los medios por el impacto que el crimen tuvo en la zona. Los vecinos se levantaron indignados al enterarse de la muerte de Heriberto Prati, un militar retirado que había intentado defender a una amiga de una rapiña y fue ultimado por el atracador de dos disparos. Los paralelismos son inevitables: un hombre intenta frenar un atraco y muere, el homicida es conocido por todo el barrio y todavía continúa prófugo. Pero en Manga no hubo caceroleos ni televisión.

"No vino nadie, ni un canal, nadie se enteró de lo que pasó acá", decía descorazonada Vicki, una vecina que subió su testimonio a Facebook. "Los pobres también pasamos por esto", agregó con la voz todavía quebrada por el llanto.

Según este testimonio, el homicida conocido por el apodo de "el Papo" es mayor de edad y tiene varios antecedentes penales, volvió al barrio y se enfrentó a otro vecino.

Pero también era un antiguo conocido de Bálmer Lucas. Según relataron vecinos de la zona, todos saben quién cometió el crimen esa noche del sábado. Sobre todo sus familiares que también viven en el asentamiento 24 de Junio.

Se trata de un joven de poco más de 20 años que desde hace cierto tiempo paga su adicción a la pasta base con hurtos y rapiñas a punta de cuchillo. En más de una ocasión le había pedido plata a Bálmer Lucas, asegura su hijastra.

Según lo que se comenta en el barrio, esa noche "el Papo" estaba "muy drogado", al punto que sus familiares sospechaban que podía causar problemas.

Por eso cuando Lucas salió al exterior del rancho para interceptar al intruso supo bien de quién se trataba. Con el último gesto de abrazarlo, el albañil intentaba más contener al joven que tratar de trabarse en lucha con él.

Pese a que los vecinos alertaron de inmediato a la Policía, el patrullero de la Comisaría 18ª tardó varios minutos en llegar. Para entonces Lucas ya agonizaba en la calle de tierra frente a su casa.

Los últimos esfuerzos por salvarlo fueron en vano. Pero era casi imposible hacer algo por él. Bálmer Lucas murió unos minutos después de llegar a la policlínica de la zona.

Huérfana.

La otra víctima del crimen es una niña de 9 años, Yamila, la hija que Bálmer tenía a su cargo desde que había enviudado.

Yamila se encuentra ahora con la actual pareja de Lucas, con quien había ido a una visita familiar a Pando; allí permanecen hasta ahora.

"Estamos esperando que la entregue, porque la niña no tiene por qué quedarse con ella", apunta Daiana, la hijastra del albañil que presentó una denuncia en la comisaría para recuperar a la niña.

Hasta el viernes pasado Yamila no sabía de lo ocurrido. "Pobrecita, ella no tiene a nadie, vamos a tratar de mandarla con unas tías a Melo", contó Daiana.

Los expertos suelen referirse a los familiares directos de la víctima de un homicidio como la segunda línea de víctimas afectadas por la ofensa. Yamila es la siguiente víctima, entonces, de un caso que se suma a la creciente ola de homicidios que sacude la estadística criminal.

La cifra roja.

La cantidad de homicidios registrados en el país viene en una curva de ascenso en los últimos cinco años. Ello llevó la tasa a niveles comparables a la de países con altos índices de criminalidad. Esta medición —que toma homicidios consumados cada 100.000 habitantes— se ubica según los últimos registros oficiales conocidos en 8,3, un rango que ostentan países como Kazajistán, Indonesia, Ecuador.

De acuerdo con las mediciones del Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior, la cantidad de homicidios experimentó un aumento del 7,8 % entre 2014 y 2015. Esta tendencia continuaría consolidándose según los números extraoficiales, ya que en lo que va del año el organismo especializado del Ministerio del Interior no ha emitido un nuevo informe.

En 2015 se registraron 289 casos, de los cuales cinco ocurrieron dentro de cárceles. Este año se consumaron varios homicidios en el interior de prisiones uruguayas. Según las estadísticas, la jurisdicción policial con mayor número de homicidios es la Seccional 17ª (Casavalle, Marconi), seguida por la Seccional 24ª (Cerro, Casabó, La Teja). La Seccional 18ª (Manga) ocupa el cuarto lugar en homicidios.

El homicidio de Heriberto Prati en Carrasco.

En la noche del viernes 30 de septiembre el crimen de Heriberto Prati Pittaluga sacudió a la opinión pública y dio lugar a movilizaciones populares. Prati, un militar retirado, enfrentó a un atracador armado cuando intentaba robar a la amiga que junto a su esposa estaban dejando frente a su casa en Carrasco Norte. Como consecuencia de ello, Prati recibió un disparo en la cabeza y murió allí mismo. La Policía logró identificar al agresor, un joven de poco más de 20 años con varios antecedentes por rapiña. El homicida huyó hacia el asentamiento de Acosta y Lara, donde todos lo conocen. La amiga de la víctima reconoció a los agresores de inmediato, los recordaba de las clases de catequesis. La Policía detuvo a dos jóvenes que recobraron su libertad luego.

Vivir en el asentamiento 24 de junio.

Daiana (23), es la hijastra de Bálmer Lucas. Tiene una hija de un año y medio, Pilar, y vive con su pareja en el asentamiento 24 de Junio. "Déjenme a la entrada nomás", dice cuando acompaña al equipo de El País hasta el lugar del hecho. Frente a la modesta vivienda de chapas en la que viviera su padrastro hasta el sábado pasado, hay un grupo de jóvenes que gastan la tarde charlando. "Ese de ahí es hermano del Papo", señala Daiana. Cuando los jóvenes advierten la presencia de extraños comienzan a retirarse. Daiana baja del coche y camina con su hija en brazos hacia el fondo de la retícula de calles de tierra. Los jóvenes vuelven a aparecer desde distintas direcciones. Miran con desconfianza a los intrusos, pero no reaccionan. Daiana se introduce por una de las callecitas pero se vuelve para saludar e indicar que está todo tranquilo. El asentamiento vuelve a respirar con tranquilidad. En lo alto de las precarias viviendas asoman las antenas de la televisión satelital.

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