EL DERROTERO DE LOS MÁS ANTIGUOS

180º aniversario: un presente cargado de historia

El aniversario de las divisas históricas vuelve a poner sobre la mesa la importancia del Partido Nacional y el Partido Colorado en la construcción del país, a la vez que su historia marca fuertemente la identidad de estas colectividades y su situación actual.

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En 1975 el presidente de facto Juan María Bordaberry pensó que era tiempo de terminar con la democracia liberal. Influido por el franquismo y el fascismo italiano, les propuso a las Fuerzas Armadas erradicar para siempre el Parlamento y los partidos políticos. Los militares, que habían dado el Golpe de Estado con Bordaberry en el gobierno en 1973, consideraron la propuesta demasiado extrema, pues preveían ir hacia una democracia tutelada por las Fuerzas Armadas, dejando fuera a la izquierda. El desacuerdo llevó a la renuncia de Bordaberry.

Esta imagen histórica es quizás uno de los ejemplos más fuertes de la importancia de los partidos tradicionales en Uruguay, que este año celebran sus 180 años de existencia, lo que los convierte en unos de los más antiguos del mundo. Aún en un momento de terrorismo de Estado, los militares no pudieron ponerse en contra de los partidos tradicionales. Esto refleja lo incorporados que están en la manera de ver la política y la vida pública.

Son 180 los años que el Partido Nacional (PN) celebró el miércoles 10 de agosto, aniversario del día en que el entonces presidente Manuel Oribe decretó que sus tropas portaran una divisa blanca con la inscripción "Defensores de las Leyes", en contraposición a Fructuoso Rivera y su ejército revolucionario, contra el que se enfrentó el 17 de setiembre de 1836 en la Batalla de Carpintería. Ese día es el que el Partido Colorado (PC) marca como fundacional, ya que Rivera mandó que sus hombres usaran divisas celestes, pero como se desteñían por el sol o la lluvia las cambiaron al color rojo, del forro de los ponchos. Con motivo del aniversario, el PN realizó diversas actividades que se extendieron durante la semana e incluyeron la iluminación de los monumentos de sus líderes, mientras el Partido Colorado realizó un encuentro el jueves entre el expresidente Julio María Sanguinetti y el historiador Gerardo Caetano.

Estos 180 años marcan la historia de un país que se construye a la par de estos partidos y que llega a un presente que encuentra al PN y al PC en situaciones muy diferentes, en gran medida por un devenir histórico que les ha conferido a ambos características distintas.

De un lado, de acuerdo al docente e investigador en Ciencia Política Romeo Pérez Antón, se encuentra un partido históricamente consustanciado con la vida del Estado, como el PC, y del otro, el PN, que tiende hacia la sociedad civil. La permanencia en el poder durante 93 años del PC (desde 1865, con Venancio Flores, hasta el Consejo Nacional de Gobierno de 1955-1959, dominado por este partido), marcó la "psicología" de los colorados, reconoció el expresidente Julio María Sanguinetti. "El PC tiende a pensar desde el gobierno, miramos el país bajo la óptica de una filosofía liberal en el siglo XIX, más socialdemocrática o liberal progresista en el siglo XX"

Por su parte, el PN, "ese milagro de supervivencia desde el llano", al decir del senador Jorge Larrañaga, se destaca por su historia de contribución al proceso democrático, mayormente ejercido desde la oposición. Para el expresidente Luis Alberto Lacalle, el partido se define por "una posición más nacionalista en el sentido de la política exterior, una política más proclive a la participación del capital privado en la economía y menos del Estado, y una noción más en el sentido práctico de la acción de gobierno que de esquemas ideológicos, que es lo que tiene fundamentalmente el Frente Amplio (FA)".

La crisis de los colorados.

Un hecho fundamental en la redefinición de los partidos tradicionales fue la aparición del FA. "Desde 1971 a 1994 todavía se trata de un juego primordial de los partidos tradicionales con un actor anexo que era el FA", indicó el politólogo Óscar Bottinelli, director de Factum. "A partir de ese año viene una transformación, con un cambio muy importante desde 2004, en el que ya se da una especie de bipartidismo: de un lado el FA y del otro los partidos tradicionales, que conservan diferencias entre sí, pero empiezan a tener una mayor proximidad de la que tuvieron históricamente. El PN pasó de ser un partido que grosso modo era del 40% del Uruguay a más del 30%. Lo que ha conservado es que ha sido siempre el segundo. El que más ha sufrido es el PC, que de ser hegemónico, agotó el proceso y hoy es más auxiliar. De ser un partido del 50% del electorado pasa a un promedio de 15%", dijo Bottinelli.

Ante la pregunta sobre cuál es el mayor logro del PC a lo largo de su historia, el consenso es que el hito fundamental fueron las presidencias de José Batlle y Ordóñez y el batllismo, que transformaron Uruguay en "la Suiza de América", con el Estado de bienestar y sus políticas sociales. Algunas medidas de Batlle y Ordóñez fueron las ocho horas de trabajo, la laicidad del Estado y el divorcio por la sola voluntad de la mujer. "El Uruguay de hoy no se entiende sin la acción de Batlle y Ordóñez, que produce la más radical transformación de la democracia política y de la concepción del Estado", señaló Sanguinetti.

No obstante, suele haber acuerdo entre los politólogos e historiadores de que tras su irrupción, el FA se apoderó en gran parte de los ideales batllistas de justicia social y Estado protector, lo que generó que el PC se viera despojado de un aspecto esencial de su identidad. A esto se sumó el efecto de la crisis de 2002, durante el gobierno de Jorge Batlle, período desde el que el partido no se ha recuperado. Las cifras de ese descenso son bastantes contundentes: en los últimos 20 años el PC bajó 20 puntos (del 32,8% de los votos en 1999 al 12,9 en 2014). A su vez, en las últimas elecciones perdió el departamento de Salto a manos del FA y solo se quedó con Rivera.

De ser partidos "catch all" (atrapa todo) en el siglo XX, que ganaban votos de izquierda, centro y derecha, la aparición del FA empuja a los partidos tradicionales hacia el eje del centro a la derecha, explicó el politólogo Daniel Chasquetti. "Quien más sufrió este proceso fue el PC", destacó, ya que la identidad del PN se vio menos afectada y sigue teniendo una presencia fuerte en el interior (cuenta con 12 de 19 departamentos) y mayor presencia parlamentaria.

El peso de Vamos Uruguay de Pedro Bordaberry, identificado con la centro-derecha, marcó "un alejamiento del batllismo histórico", indicó Bottinelli. El resultado es que el PC se encuentra sin demasiada movilidad en el espectro político: de un lado el FA y el Partido Independiente, del otro el PN y la reciente irrupción de Edgardo Novick.

El crecimiento de Novick quedó reflejado en una encuesta de Factum presentada en julio, que le da al empresario una intención de voto en el país de 8%, igual que al PC (de acuerdo a ese sondeo el FA recogería el 30% de los votos, la cifra más baja en 22 años). No obstante, objetó el PC, una encuesta publicada una semana antes por Equipos Mori le daba a Novick una intención de voto del 0,8%.

En lo que los politólogos coinciden es en que no se puede negar la existencia de un fenómeno electoral llamado Novick, que además tiene representación parlamentaria con legisladores del PC que cambiaron de filas, como es el caso del diputado Guillermo Facello y el senador Daniel Bianchi. "Esto refleja que hay un segmento de la ciudadanía que tiene una fuerte disconformidad con cómo funcionan los partidos y la dirigencia política. Hay espacios que la gente piensa que están vacíos y un sector claro de votantes que consideran que ser blanco y colorado es parte de una misma cosa y hay que juntar los partidos", expresó Bottinelli.

Los expertos coincidieron en que la reciente experiencia del Partido de la Concertación (en el que el PN y PC se unieron para batir al FA en las elecciones departamentales de Montevideo) fue un fracaso. Los tres candidatos del partido —Álvaro Garcé del PN, Ricardo Rachetti del PC y Novick, que fue como independiente— obtuvieron el 42 %, frente al 56 % del FA.

"Los que impulsaron la Concertación perdieron de vista que no son el mismo partido. Suele pasar que el FA los pone en un paquete, pero no son lo mismo y ellos deberían saberlo", señaló Pérez Antón. Para Bottinelli, la idea del Partido de la Concertación es riesgosa porque pone en marcha una lógica que a la larga podría hacer peligrar a los partidos tradicionales. "Nada impide que se forme en cada departamento un partido nuevo y que esos no tengan nada que ver con los que juegan en el plano nacional", indicó.

Pese a la complicada situación del PC, los especialistas consultados no creen que el partido esté en vías de extinción. "El país tiene serios problemas de desarrollo económico. Del 2003 al 2014 hemos crecido económicamente, pero una cosa es crecimiento en base a altos precios de productos de exportación y otra es desarrollo. El FA, el partido de la pasión redistributiva, tuvo las mejores condiciones; pero cuando se mida la generación de la riqueza, no sé si le va a ir tan bien en lo electoral", advirtió Pérez Antón. En ese sentido también va la opinión del senador colorado José Amorín Batlle. "Lo formidable de Batlle y Ordóñez fue esa capacidad de pensar el país 30, 40 y 50 años para adelante. Es eso lo que tenemos que hacer. Lo que nos diferencia de otros partidos siempre fue la obsesión por el porvenir".

Retos del partido nacional.

La situación del PN es bien diferente, en gran medida por su capacidad de adaptación y, en segundo lugar, porque su identidad, más diferenciada del FA, hace que haya perdido menos espacios. "El gran mérito del PN es haber sobrevivido 93 años en la oposición, algo que no se dio en ningún otro lugar del mundo", opinó Bottinelli.

Entre los principales logros del partido se destacan haber hecho posible el sistema de sufragio universal y secreto, el registro cívico y la representación proporcional en el Parlamento. Para Pérez Antón, a nivel legislativo el PN es el partido con más logros. "Estamos conmemorando 100 años de la Constituyente que llevó el país a la democracia. Y allí la fuerza fundamental era el PN porque el PC estaba dividido entre batllistas y anticolegialistas". Por otro lado, destacó el politólogo, hay que tener en cuenta los períodos en los que el PN cogobernó y no olvidar que la historia del Poder Legislativo es tan importante como la del Ejecutivo.

La menor presencia en la presidencia, destacan los expertos, no incide negativamente en que el PN pueda lograr ese desafío en 2019. "El PN está en los entes autónomos y gobierna entre 10 y 12 departamentos desde 1985. La experiencia de gestionar lo público está al día. El partido está en condiciones de ser una alternativa al gobierno del FA", consideró Chasquetti.

Lacalle destacó que el PN es "hoy día el partido de mayor convocatoria del país porque el FA es una coalición de partidos", y sostuvo que el PN es cada vez más nacional que blanco, porque tiene la adhesión de gente que no tiene tradición blanca. Larrañaga, por su parte, remarcó la necesidad de que el partido pueda convocar a votantes que no sean blancos y sostuvo que los tiempos que vienen van a requerir de diálogo porque ningún partido va a tener mayorías parlamentarias.

Para Bottinelli, uno de los grandes retos del partido, al igual que para el PC, es lograr captar a los votantes disconformes con el FA. "La incógnita hacia 2019 es si se mantiene esta disconformidad, si el FA sigue manejándose de manera un poco autista en relación a estos votantes y si los partidos tradicionales van a continuar con un manejo más dirigido a quienes ya los han votado que a los que tienen que captar. Hay un sector al que nadie le está hablando", señaló.

Para el director de Factum, ese sector representa entre 12% y 18% del electorado pero, por la existencia de lo que él denomina un "muro invisible", los disidentes del FA no votan a los partidos tradicionales. El motivo de este muro, sostiene, es ideológico, como quedó de manifiesto en temas como el aborto o el matrimonio homosexual. "El PN y el PC a partir de Bordaberry son partidos que manifiestan prácticas y valores ligados a la religión. El sentimiento dominante en los frenteamplistas disconformes es lo opuesto. El FA da un poco por sentado que la gente no se va a ir y no hace nada por retenerla. Del otro lado pareciera que basta con hablar mal del FA para captar esa gente. El Frente tiene que hacer que el muro invisible sea visible y los otros que se perfore o se derribe", agregó Bottinelli.

Si bien los politólogos coinciden en que los partidos tradicionales han hecho un mejor trabajo con las nuevas generaciones que el FA, Bottinelli explicó que la tendencia de estos de votar a la izquierda prosigue, aunque se nota un poco más de independencia.

Para la historiadora Ana Ribeiro, un aspecto llamativo de la evolución de los partidos es la existencia de una mayor flexibilidad en los votos, ya que durante décadas primó un sistema de pertenencia muy cerrado que le impedía a la persona votar fuera de su partido, por el peso de la tradición. "Hoy la gente se permite entrar y salir de los partidos. Esa elasticidad ha cambiado la forma de pertenencia".

Otro desafío es encontrar un equilibrio entre el pasado y el futuro. Para Pérez Antón, el PN ha sabido balancear esto de mejor manera pero el PC ha quedado demasiado referido a la memoria del primer batllismo. Chasquetti, por su parte, considera que el FA tiene una narración más próxima, ligada a la dictadura, que fortalece la identidad del partido, en contraposición con los partidos tradicionales que ubican estos relatos a fines del siglo XIX y principios del XX.

No obstante, los expertos coinciden en que estos 180 años de historia demuestran la capacidad de adaptación y la solidez de estos partidos, impulsores de la democracia y protagonistas de muchos de los logros más importantes de la vida política uruguaya.

Política de entendimiento entre los contrarios.

"El que se hayan acostumbrado al juego de dos y luego se abrieran al juego de tres, con el Frente Amplio, es la mayor obra de los partidos tradicionales", destacó la historiadora Ana Ribeiro. Consultada por un hito que reflejara a blancos y colorados, Ribeiro prefirió sintetizar el espíritu en varias anécdotas. "Los grandes líderes de estos partidos siempre han sabido que públicamente tenían que mantener una actitud, pero en secreto acordaban con el otro las conductas a seguir. La lógica del juego político uruguayo es el entendimiento de los contrarios, el diálogo".

La historiadora destacó que los partidos siempre han vertebrado la historia del país, siendo formadores de opinión de la ciudadanía. Sin embargo, explicó, un peligro de esta preeminencia de los partidos es la extrema politización, que se manifiesta en casos como el de la enseñanza. "Todos están de acuerdo que tenemos un problema grave con la educación, pero la politización del tema lo tiene trabado".

Foto: Marcelo Bonjour
Foto: Marcelo Bonjour

La discusión sobre los partidos "más antiguos" del mundo.

El que blancos y colorados festejen 180 años de vida es una afirmación no carente de contradicciones, ya que hay historiadores que ubican el surgimiento de los partidos antes de la Batalla de Carpintería de 1836 y otros que consideran que en realidad se consolidan como tales a fines del siglo XIX.

El politólogo Óscar Bottinelli ubica el origen una década antes de la batalla en la que surgieron las divisas blanca y colorada. "Los bandos tradicionales empiezan a delinearse ya 10 años antes de que se hable de su fundación. Pero a lo largo del siglo XIX tenemos más protopartidos que partidos porque son bandos que en algún momento tienen una estructuración y en otros no, donde dirimen el disenso mucho más por las armas. Uruguay en el siglo XIX fue un país bastante premoderno. Los partidos como cosa monolítica se empiezan a fraccionar tempranamente".

El historiador Carlos Demasi discute la noción predominante de los partidos como categorías inmutables y polemiza con la visión del historiador Juan Pivel Devoto, que dirime, de acuerdo a Demasi, la historia uruguaya bajo un formato "bipolar". Un ejemplo —afirma en su artículo "Los Partidos más antiguos del mundo: el uso político del pasado uruguayo"—, es que se haya ubicado a los presidentes siempre a un lado o el otro. "Rivera es colorado aún en su primera presidencia; Bernardo Berro es blanco aunque prohibiera lucir las divisas; Lorenzo Latorre, que inhibió el funcionamiento de todos los partidos por igual y eligió a sus colaboradores entre figuras apartadas de la política o incluso opositores (recordar a José Pedro Varela), aparece integrando ese ciclo de 93 años de presidencias coloradas que habría terminado en 1959", escribió el historiador. A su juicio, el rasgo principal de los partidos tradicionales fue el cambio.

Bottinelli suscribe también a esta visión. "Ya al comienzo de la Guerra Grande, el Partido Colorado (PC) más montevideano y doctoral que encarna Joaquín Suárez y el PC caudillista reflejado en Rivera pasan a tener tintes distintos que se manifiestan permanentemente después. Los blancos tienen una única expresión hasta la presidencia de Oribe, ya que en la de Berro empieza la división entre los amapolas y vicentinos. Es una división que se hace más profunda en 1872, cuando se forma el Club Nacional y de un lado quedan los blancos principistas y doctorales y del otro los blancos caudillistas o rurales. Esta fraccionalización de los partidos tradicionales es una característica. Y son partidos en el sentido estricto de la palabra después de las guerras civiles y de la Convención Constituyente".

Para la historiadora Ana Ribeiro no importa la precisión de cuándo comenzaron los partidos tradicionales. "Toda fecha de inicio siempre es arbitraria", destacó. "Los partidos que se originan son bandos en torno a personalizaciones del poder, luego se pasa a un programa, a una estrategia, una continuidad en el tiempo, a un panteón de dioses, una estructura jerárquica, todo eso llevó mucho tiempo conformarlo para que la palabra partido tenga la significación actual".

Entre los principales referentes del "panteón blanco" se encuentran Oribe, Leandro Gómez, caudillos revolucionarios como Timoteo Aparicio y Aparicio Saravia, y ya en el siglo XX Luis Alberto de Herrera y Wilson Ferreira Aldunate, quienes marcan al día de hoy los dos principales sectores del partido: herreristas y wilsonistas (Jorge Larrañaga).

Del lado de los colorados se encuentran varias figuras con preeminencia histórica como Rivera, Venancio Flores, Luis Batlle Berres o más recientemente Julio María Sanguinetti, pero la figura central del partido es sin duda José Batlle y Ordóñez. Fue presidente de 1903 a 1907 y de 1911 a 1915, y era hijo del también presidente Lorenzo Batlle (1868-1872), quien inició una dinastía política que llega a la actualidad con el expresidente Jorge Batlle. Batlle y Ordóñez inició una corriente política luego denominada batllismo, centrada en la idea del Estado benefactor.

El investigador y docente en Ciencia Política Romeo Pérez Antón señaló que ni en Estados Unidos ni Inglaterra hay un sistema de dos partidos que tengan los mismos años de historia. En el país norteamericano tienen 30 años de diferencia (el Demócrata fue fundado en 1824 y el Republicano en 1854) y en Inglaterra el Conservador fue fundado en 1834 a partir del Partido Tory y el Laborista en 1900.

Para Pérez Antón, la estructura bipartidista que tuvo Uruguay durante décadas es muy similar a la de Estados Unidos. "Usando terminología de Carlos Pareja, uno es un partido jacobino y el otro polifónico. Los jacobinos, que son los colorados y los republicanos, son partidos volcados al Estado. Los polifónicos (los blancos y demócratas) son partidos de equilibrio con la sociedad civil". No se trata de izquierda o derecha, afirmó Pérez Antón, ya que "el FA está sustituyendo al partido jacobino" y Abraham Lincoln, que era republicano, abolió la esclavitud. "Los uruguayos son partidos establemente centristas, aunque ha habido momentos más de derecha y de izquierda. Yo veo fenómenos de derecha en el FA, como la identificación con el chavismo, que es un militarismo fascista", agregó.

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