AUMENTO HISTÓRICO

El ánimo uruguayo y la temida barrera de los $ 40: ¿qué hay detrás de la suba del dólar?

El pánico que genera el coronavirus en los mercados aceleró el alza de la divisa, lo que podría mitigar el atraso cambiario, aunque acecha un aumento de la inflación. ¿Qué pasa con su bolsillo?

DOLAR
Los ojos de los uruguayos están puestas en las pizarras de los cambios. Foto: Leonardo Mainé

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Los uruguayos vivimos en dólares, pensamos en dólares y nos proyectamos en dólares. Por eso la cotización de la divisa estadounidense incide tanto en nuestro estado de ánimo y la mayoría de nosotros, cuando vemos que trepa en las pizarras de los cambios, nos preocupamos. Esto ocurrió en la última semana, luego de que su valor traspasara la barrera de los $ 40 y se acercara, antes de que terminara el viernes, a los $ 43.

Desde que se creó el peso uruguayo, en 1993, el dólar jamás había alcanzado este precio. Pero no basta con ver su costo nominal —es decir, quedarse solo con los números que muestran las pizarras—, ya que la moneda estadounidense tuvo su pico en valores reales en 2004, luego de la crisis económica que había golpeado al país dos años antes. Entonces se cotizaba a $ 29,60 al público.

De hecho, hoy Uruguay todavía mantiene un atraso cambiario en comparación con el resto del mundo. Ni siquiera las subas de los últimos días lograron atenuar esta realidad que implica que el peso uruguayo esté sobrevaluado. Esto afecta a los exportadores, que pierden competitividad porque sus costos de producción están por encima de los de sus adversarios.

Nadie lo discute: el dólar debería ser más caro en nuestro país. Lo dicen los analistas, los empresarios y también lo sabe el nuevo gobierno. Pero un aumento de precio también juega un rol importantísimo en el control de la inflación, porque la mayoría de los bienes que consumimos son importados y cuanto más alta esté la moneda estadounidense, más costosos resultarán estos productos para quienes cobramos en pesos.

Por eso el equilibrio es difícil. En los últimos 15 años, y durante los tres gobiernos del Frente Amplio, la política cambiaria del Banco Central del Uruguay (BCU) fue similar: permitir la libre fluctuación e intervenir en casos puntuales, tanto para corregir el precio al alza o a la baja.

Y la nueva administración pretende hacer lo mismo. Fuentes del gobierno reconocen a El País que se trazaron “rangos meta” en el precio del dólar, aunque prefieren no revelarlos. Si la divisa estadounidense se desviara de esos parámetros, las nuevas autoridades del Banco Central pretenden salir con fuerza al mercado.

“Planeamos mantener la política cambiaria que había hasta ahora. Las intervenciones van a ser puntuales, pero teniendo en cuenta los rangos que tenemos trazados. No podemos permitirnos subas bruscas”, sostienen las fuentes.

La idea de los jerarcas, admiten, es que el dólar no crezca de tal manera que lleve la inflación por encima del 10%. Porque si aumenta su precio, también suben los demás. Y en un país con una inflación alta con respecto a la región —con excepción de Argentina y Venezuela—, ningún gobernante quiere seguir incrementándola.

Claro que estuvieron quienes le achacaron el último despegue del dólar al nuevo gobierno. Sin embargo, el economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Exante, considera que es un “error muy grande” atribuir lo que ocurrió en los últimos días al traspaso de mando. “La política económica no ha cambiado de ningún modo que justifique una suba de esta entidad en tres días”, asegura.

Porque los aumentos fueron los mayores de los últimos dos años. La moneda subió durante 12 días seguidos, algo que no ocurría desde diciembre de 2018, y el viernes cerró 1,91% por encima del precio del jueves de tarde. El último crecimiento similar había ocurrido en mayo de 2018, cuando se incrementó 1,92% en una jornada. Solo en lo que va de marzo, la moneda aumentó 6,27%.

Pero podría haber subido aún más. Porque el BCU intervino ayer —como explicó en conferencia de prensa su presidente interino, Diego Labat (ver página A12)— y frenó una suba todavía más pronunciada. Cuando llegó a los $ 42 en el mercado interbancario, el ente regulador vendió US$ 5,5 millones y logró que bajara a $ 41,45, un valor próximo al que había abierto más temprano.

BCU
El Banco Central intervino ayer para frenar la suba del dólar. Foto: Archivo El País

¿Por qué el BCU interviene a pesar del atraso cambiario? La respuesta es que los cambios bruscos no son convenientes. El economista Ignacio Munyo, director del Centro de Economía del IEEM, explica que Uruguay está 30% más caro que sus vecinos, Argentina y Brasil. Esta diferencia debería revertirse en algún momento y, según sus proyecciones, al nuevo gobierno le llevará todo el período lograr el empate.

“A pesar de estas subas, nuestro país sigue estando caro. Cuando uno mira al mundo, Uruguay está 20% más caro que hace 50 años. Y si miramos otros países con los que competimos directamente, como Nueva Zelanda, estamos 15% más caros. ¿Esto quiere decir que el dólar tiene que subir 20% para acomodarse? No necesariamente”, considera.

Todo depende, continúa Munyo, de cómo evolucione la inflación frente a estas subas. Y por eso el BCU interviene, porque no hay bolsillo uruguayo que aguante las leyes de oferta y demanda en su expresión más salvaje. Terminar con el atraso cambiario debería ser un objetivo a mediano plazo y gradual, expresa el economista.

“El BCU tiene la herramienta de vender dólares para evitar que suba más y es algo que el gobierno va a tener que hacer, para mantener los precios, para que Uruguay logre abaratarse de manera paulatina. El atraso cambiario se va a mantener, se achica mínimamente con estas subas, pero no se termina. Va a llevar varios años acomodarnos”, agrega Munyo.

Entonces el desafío es doble: por un lado, lograr mejorar la competitividad de los exportadores y aumentar el precio de la divisa estadounidense; y por el otro, ponerle fin a la sobrevaluación del peso uruguayo sin que repercuta —demasiado— en el bolsillo de los trabajadores. Será tarea de las nuevas autoridades encontrar el equilibrio justo.

El despegue

El dólar tomó impulso gracias al coronavirus. Porque, al final del día, esta enfermedad terminó siendo un problema más político que sanitario. El miedo al contagio llevó a que los principales mercados del mundo —el chino y el europeo, sobre todo— se paralizaran, ya que muchos de sus habitantes ni siquiera están pudiendo ir a trabajar.

Para Rosselli, de la consultora Exante, el despegue del valor de la divisa estadounidense ocurrió cuando la patología aterrizó en Europa. “El pánico que se generó en la última semana fue muy sorpresivo. De coronavirus tenemos un par de meses, pero en los últimos días nos dimos cuenta de que estaba esparciéndose. Por mucho tiempo se pensó que era algo de un rincón de China, pero ahora sabemos que está en la vuelta”, opina.

Esto llevó a que los grandes inversores del mundo volvieran a los dos lugares más seguros: el dólar americano y el oro. Las pandemias no dejan lugar para la especulación, por lo que las monedas emergentes —como el peso uruguayo— pierden respaldo y, por lo tanto, valor.

“El efecto es negativo porque los mercados financieros prefieren la calidad en este momento y se desprenden de activos riesgosos. Pero las economías emergentes, como la uruguaya, requieren de ingreso de capitales. Eso fue lo que pasó estos días en nuestro país; el aumento se debió a ese movimiento de los agentes de refugiarse en el dólar y desprenderse de monedas como el peso”, explica Rosselli.

Otro problema, a su vez, fue el debilitamiento de la economía china. Este mercado es muy importante para la producción uruguaya, pero el coronavirus también lo paralizó. Las exportaciones ya empezaron a sentir este efecto negativo y eso implicará otro desafío para las autoridades locales.

CAYERON EN FEBRERO

Exportaciones hacia China ya siente el coronavirus

Todavía no hay casos detectados de coronavirus en Uruguay, pero sus efectos ya se sienten sobre la economía local. De hecho, las exportaciones a China cayeron 55,4% en monto y 84,4% en volumen en febrero —en comparación con el mismo mes de 2019—, debido a la paralización de las actividades en ese país para evitar el contagio de la enfermedad, informó Búsqueda días atrás. El gigante asiático es el principal comprador de los productos uruguayos, por lo que, de mantenerse esta tendencias, las perspectivas para el año que recién comienza no son demasiado auspiciosas. Hasta ahora se registró una caída de 53,5% en las ventas de carne bovina, la mercadería que más demanda ese país. También hubo bajas de dos dígitos en lana, madera, cueros y lácteos. En tanto, las importaciones de productos chinos hacia Uruguay sumaron US$ 86 millones este febrero, frente a casi US$ 107 millones del mismo mes del año pasado, lo que significa una caída de 19,4%. Entre los rubros más relevantes se dio un descenso en la importación de celulares (32,8% en monto y 41,5% en volumen), así como de computadoras y otros aparatos electrónicos (24,6% y 37,1%, respectivamente). China fue el primer país del mundo en el que surgieron casos de coronavirus. Por este motivo, su bolsa de valores cayó con fuerza en enero, aunque logró reactivarse en las últimas semanas. Ahora son el resto de las bolsas del mundo las que se desploman por miedo a la propagación.

Por eso ahora, aunque sea difícil, hay que mantener la calma. Los expertos no saben cuándo se terminará el pánico en torno al coronavirus, ya que ese sí es un dilema más médico que económico. Y de cuánto se expanda esta pandemia dependerán los efectos que tendrá sobre el mercado internacional.

“Como la enfermedad se está esparciendo en el mundo muy rápido —y la recomendación es evitar que los niños vayan a la escuela y que sus padres vayan al trabajo—, se termina afectando la economía. La reacción de esta última semana en los mercados internacionales es una enorme sorpresa para todo el mundo”, admite Rosselli.

En Exante tenían previsto que el dólar cerrara a $ 42 a fin de año. Lo que ocurrió en los últimos días determinó que revisaran las proyecciones, algo en lo que todavía están trabajando. La verdad, confiesa el economista, es que probablemente se hayan “quedado cortos”.

“No sabemos cómo va a terminar, pero nos da la impresión de que nuestra posición terminará siendo revisada al alza. Uruguay tiene un dólar que, en la comparación internacional, está barato. La proyección se puede revisar al alza porque pensamos que el dólar va a subir, no solo por el coronavirus, sino porque Uruguay necesita mejorar la competitividad”, agrega Rosselli.

Lo mismo le ocurre a Munyo, del Centro de Economía del IEEM, quien también había previsto un dólar a $ 42 en diciembre. Según el experto, podría haber oscilaciones en el correr del año, aunque el precio de la divisa estadounidense debería estabilizarse en algún momento.

La clave está, asegura el economista, en las medidas que tome el nuevo gobierno con respecto al control de la inflación. Si lanzaran una política de control de precios —como ocurrió en Argentina—, es poco probable que se logre el efecto deseado, advierte.

“La viabilidad que tiene el gobierno para afectar la inflación es baja, es un panorama muy complicado. La raíz de todo esto es que si no se ataca el crecimiento del gasto público, es difícil frenar las presiones sobre la inflación. Así ha pasado en los últimos años; el gasto público sigue creciendo y no termina más. Revertir eso, en materia política y económica, es la única manera de frenar la inflación. Lo demás son buenos titulares de prensa”, sentencia.

Hay que estar atentos, entonces, a dos frentes: por un lado, al coronavirus, que aún no contagió a ningún uruguayo pero ya se hace sentir en la economía; y por el otro, a las medidas que tome el nuevo gobierno para frenar la inflación. Teniendo en cuenta que ya está muy por encima del rango meta del BCU —se ubica en 8,3%, cuando el objetivo es 7%—, el margen de acción es bastante escaso. Si es como dice Munyo, la única opción viable es el ahorro.

Pero en este contexto de incertidumbre internacional, en el que las bolsas del mundo caen por culpa del coronavirus, el gobierno uruguayo solo puede matizar los efectos de esta enfermedad sobre la economía local. Ahora los ojos no están puestos sobre los economistas sino sobre los epidemiólogos e infectólogos, que estudian hasta cuándo estará paralizado el planeta.

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