JORGE SAVIA
El espíritu sobre el que se asienta la medida adoptada por los árbitros de fútbol es inobjetable. ¿Cómo no condenar, y hasta abrir un espacio de reflexión ante una agresión perversa como la que el kinesiólogo de la 3a. de Rampla perpetró contra el juez Claudio Alvarado?
El tema es que, hay que ser realistas: cualquiera sabe que lo resuelto es en vano. No tendrá resultados prácticos. Y todo por lo de siempre: al fútbol se le reclaman -en este caso a través de un fin de semana de reflexión- soluciones, y también se le endilgan responsabilidades , que son de toda la sociedad, no exclusivamente del fútbol, y que es desde ese territorio más complejo y amplio de donde deben partir las pautas para salir adelante.
Sino es así, como en este caso, el fútbol en su conjunto será -aunque en aras de una causa justa- el gran perjudicado. Por más que, igual, debe darse un baño de sentido común -y sinceridad, si acaso- como lo sugiere lo sucedido con Alvarado: si está bien (y está) que los clubes "paguen" por la insanía de hinchas que la mayoría de las veces no se vinculan con la entidad ni como asociados, parece una medida desproporcionadamente liviana, que si el agresor es un funcionario alcance con expulsarlo y hacer de cuenta que "muerto el perro se acabó la rabia". Más que una reflexión, eso es mirar para otro lado.