Extraña ver a Ecuador de gris. Los muchachos de Romero hacen el reconocimiento del estadio Antonio Oddone de Ciudad del Este, sede del Grupo B del Sudamericano y casa del club 3 de Febrero local. Al menos esos muchachos y su inesperada vestimenta, que incluye la publicidad de una marca de gaseosas en negro, rompe la monotonía de unas tribunas vestidas, en su totalidad, de rojo y blanco.
Todo, desde los asientos hasta las escaleras y desde los nombres de las localidades a las publicidades de la misma gaseosa, está en rojo y blanco. La imagen exterior, que dejamos de ver hace pocos minutos no era muy diferente, a pesar de la ausencia del blanco y el predominio de un gris apagado por las tonalidades rojizas que pinta la tierra de esta zona de Sudamérica (muy rica en óxido de hierro) a todo lo que sobre ella se mueve.
En esos colores se levanta este escenario, en medio de una enorme explanada desierta cubierta de piedras que harían ponerse colorado (y no sólo porque están cubiertas de tierra de ese color) a cualquier comité de seguridad deportiva. Si se consiguen pasar las capas de polvo rojo que las cubren, se puede ver que las mismas son muy similares a las que rellenan los espacios entre las viejas vías del tren. Este edificio y su explanada, separados de la ciudad por un alambrado, es el orgullo de los hinchas de 3 de Febrero y el pueblo de Ciudad del Este.
Construido para la Copa América de 1999, tuvo el honor de recibir al Brasil de Ronaldo y Rivaldo, a la postre ganador de ese torneo (venció en la final a Uruguay), en su partido inaugural.
Como en el Defensores del Chaco, las plateas del estadio Oddone asoman hacia la cancha, como si fueran balcones, elevándose tres metros sobre el nivel del campo. El césped luce en gran estado, parejo y con la altura justa, ideal para desplegar buen juego y agradó a todas las delegaciones.
Pero la vista se eleva y otra vez enloquece con tanto rojo y blanco, con la sensación de gris que dejan esas marcas en el hormigón o con el edificio sin terminar que aparece entre lo que serían las tribunas Olímpica y Colombes del Centenario, como un Hospital de Clínicas fantasma.
Llega Uruguay a reconocer el campo y con los chalecos fluorescentes le pone un poco de color a la tardecita. Se van los muchachos ecuatorianos, con los uniformes grises que siguen resultando extraños por su tradición llena de rojos, amarillos y azules, pero perfectamente mimetizados con el estadio sede de este grupo B.