Les dicen de todo y aguantan

Cabrera esperó dos horas para salir de la cancha; en juveniles la policía los deja solos

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SILVIA PEREZ

Ser árbitro de fútbol no es fácil. Nunca lo fue. Por eso a veces resulta difícil entender a estos hombres, y también mujeres, sin hinchada, dispuestos a enfrentarse a lo peor. Insultos, escupitajos y hasta agresiones físicas, como la que recibió el fin de semana pasado Claudio Alvarado.

Varios de los jueces y asistentes uruguayos recordaron algunos de los difíciles episodios que les tocó vivir en las canchas, aunque ninguno de ellos admitió haberse replanteado su profesión.

Fernando Cabrera vivió su peor experiencia en una final de la C en la cancha de Salus. "Jugaban Salus y Villa Teresa. Había vino, tambores, de todo. Y conste que yo salgo en las Llamadas. Iba ganando Villa Teresa y la cosa afuera se complicaba cada vez más. Empató Salus y luego con un penal se puso en ventaja. La hinchada de Villa Teresa estaba furiosa, yo veía que el tejido se inclinaba hasta tocar el piso. Miraba de reojo y pensaba que si entraban a la cancha éramos boleta. Cuando terminó el partido la Policía nos llevó hasta los vestuarios y estuvimos ahí como dos horas hasta que ya no quedaba nadie en la cancha".

Según Cabrera, una de las cosas que conspira en contra de los jueces es que en Montevideo todos se conocen. "Es común que las hinchadas me griten que me van a ir a buscar a la alineadora, porque todo el mundo sabe dónde trabajo", dijo.

Para Olivier Viera, lo peor sucedió en el Parque Harretche, la ex cancha de Cerro. "Era un partido entre Cerro y Bella Vista en Sexta División. Había faltado un asistente y tuvimos que hacer dos partidos. Se complicó con la hinchada de Bella Vista y para ir a los vestuarios teníamos que pasar por un lugar que era campo abierto. Casi terminamos a golpes de puño, Para peor de ahí nos fuimos a hacer un partido de Cuarta C", recordó Olivier.

EL 409. Jorge Larrionda ha arbitrado en diferentes partes del mundo, pero sus peores recuerdos son de la cancha de Salus. "Esto no sucedió dentro de la cancha sino afuera. Salimos y en el bar de la esquina había una barrita, de unos ocho muchachos que estaban bastante alcoholizados. Al ver que éramos los jueces se nos vinieron arriba. La cosa estaba muy complicada. Éramos tres contra ocho y además yo no soy de las piñas. Por suerte vino un 409 y nos subimos. Ellos intentaron hacer lo mismo, pero el conductor se dio cuenta de cómo venía la cosa y cerró la puerta enseguida", contó el árbitro mundialista.

"No se puede reaccionar, si lo hacés no podés ser árbitro. Yo tenía un compañero que en un partido en la cancha de Bella Vista esperó el final del partido y saltó a la tribuna a pelearse con unos hinchas que lo habían insultado durante los 90`. Al poco tiempo dejó el arbitraje", agregó Larrionda.

CERVEZA. "Después de dirigir en la Divisional Amateur, hacerlo ahora en Primera es una papa", comenzó explicando el árbitro Fernando Falce. "Me tocó hacer de asistente en un partido entre Huracán del Paso de la Arena y Platense. Era el segundo asistente y tenía a la hinchada de Platense a un metro y medio atrás mío. Recibí de todo, insultos, escupitajos y hasta cerveza. Son momentos donde uno llega a preguntarse qué está haciendo allí. Hay que hacer un gran esfuerzo para que esas cosas no te saquen del partido. Pero también te das cuenta que es cuando más firme tenés que estar por el compañero que está en el medio de la cancha", agregó.

Según afirmó Falce, una de las cosas más difíciles es arbitrar en juveniles, y aunque parezca extraño, cuánto más menores son los jugadores, peor es. "En un partido de Sud América en Séptima División, tuve un encontronazo con un padre que me escupió el rostro. Tuve que hacer un gran esfuerzo, porque una de las peores cosas es que te saliven la cara. Los niños pasan del baby fútbol con sus padres, que muchas veces le hacen mucho mal a sus hijos", finalizó.

Alvaro Díaz, presidente de AAFU, dijo que una de las cosas que más le preocupan es justamente, el tema de los salivazos. "Muchas veces terminamos bañados y por la saliva se trasmiten muchas enfermedades. ¿Cuándo van a cambiar las cosas?, cuando un juez contraiga una enfermedad", se preguntó.

Díaz recordó a su vez, lo que le sucedió en un partido de Cuarta División. "Cuando terminó, los policías nos acompañaron hasta el vestuario y se fueron. Entonces, entraron cuatro hombres con la visible intención de agredirnos. Nos salvó el canchero del Pichincha que les dijo que había llamado a la seccional. Lo peor es que esas cosas siguen pasando porque en inferiores la guardia no es la misma que en Primera División. Hay sólo dos policías y apenas termina el partido, se van", afirmó Díaz.

DE MUERTE. La asistente Laura Geymonat no es la excepción y también ha pasado momentos difíciles. "Lo peor me pasó en Lima en un partido entre Perú y Brasil por el Sudamericano femenino. Había poca gente en la tribuna, pero me impactó la voz de un hombre que parado atrás mío me amenazó de muerte. `¡Te vamos a matar! ¡De acá no salís viva!` . Yo estaba acostumbrada a que me insultaran, pero nunca me habían dicho algo así. Siempre recuerdo la cara de aquel hombre y el tono de su voz", contó.

Pero también en Montevideo, las pasó difíciles. "En una final de Tercera entre Liverpool y Peñarol se armó lío en el túnel, se detuvo el partido y los jueces nos reunimos en el medio de la cancha. Justo me di vuelta y me cayó un adoquín al lado, donde había estado parada un instante atrás. Ese día me di cuenta a las cosas que estaba expuesta", confesó.

Los jueces también se ríen de ellos mismos

Si bien los jueces nunca reciben halagos de los hinchas, más de una vez no han podido evitar la sonrisa debido al ingenio popular. "Fue en un partido de El Tanque en la Divisional B, un jugador hizo un gol y se levantó la camiseta. Tenía una leyenda que decía algo como `te quiero mucho mamá` y yo le saqué tarjeta. Entonces de la tribuna me gritaron: "¡Se ve que no tenés ni madre ni novia, Falce!", contó el juez.

En cierta oportunidad en un reportaje le preguntaron sobre música a Jorge Larrionda. El dijo que le gustaba el rock y que no soportaba la cumbia. "Hay un hincha de Central Español que no me lo perdona. No conozco su cara, pero en cada partido de Central me grita: `¡rockero hijo de p...!".

Laura Geymonat también tiene sus anécdotas graciosas. "Era un partido de Juventud de las Piedras en el Parque De León en Canelones. Había llovido y la cancha estaba muy barrosa. Al salir al campo le dije a mis compañeros que lo único que esperaba era no caerme, pero no iba ni un minuto de juego, cuando resbalé y me caí. Me levanté enseguida toda embarrada y muy tentada. Atrás sólo escuchaba las risas de los hinchas. Miré a mis compañeros y también estaban muertos de la risa", contó la asistente.

Otra cosa que suele pasarle es que se le caiga el banderín. " Me ha pasado varias veces y generalmente es porque lo cambio de mano con mucha rapidez. ¡Una vez hasta tuve que marcar un lateral con la mano! Siempre que me pasa, me río mucho, y los hinchas en la tribuna también", dijo Geymonat.

Olivier Viera también se ha divertido y a costillas de sus compañeros. "En ciudad de México estábamos arbitrando un partido del América por Copa Libertadores. Yo era el primer asistente y Galatti el segundo. Estaba lloviznando y vi que él corría hacia el córner, pero más que corriendo iba patinando. Cuando llegó al córner se desparramó. Me reí mucho y por suerte para el compañero fueron pocos los que se dieron cuenta porque todos seguían el juego", admitió.

Y en un partido entre Flamengo de Brasil y Colo Colo de Chile por la Copa Mercosur le puso nuevos apellidos a sus compañeros. "Fue en el estadio de Maracaná y el encargado del placard electrónico me preguntó nuestros nombres. Entonces yo les puso segundos apellidos jocosos a mis dos compañeros. A uno le puse Cardelino, por Juan Daniel", confesó Viera.

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