La sellada

Eduardo "Lalo" fernandez

De un tiempo a esta parte el fútbol ha entrado en un terreno peligroso. El de la suspicacia, la duda, el miedo a ser perseguido y estafado. A su turno todos cuando les toca la mala racha tienen una excusa lindante con las malas artes y Peñarol no ha sido la excepción. Si no pierde por los jueces es porque los tribunales le quitan puntos sin tener motivo o porque la policía no actúa a tiempo o por A, B o C. Parecería que nunca porque el rival es mejor.

Sería buena cosa tener en cuenta que los contrarios también juegan y pueden ser tanto o más que uno. Pero faltaba la sellada para llenar el álbum. Con motivo de la paliza que le infligió Danubio y quizás ante la falta de costumbre de recibir semejante goleada y no pudiendo achacarle nada al juez, a los líneas ni a tribunal alguno, desde adentro del propio club se arremetió contra sus jugadores. Insólito. Que una persona distinguida por su experiencia acumulada en años, dueña de una personalidad no común, habiendo alternado a nivel local e internacional como representante incluso del deporte de nuestro país, del contador José Pedro Damiani se trata, haya amenazado con revisar la lista de empresarios que respaldan a los jugadores del club dejando entrever que pudo existir un deliberado fin de perjudicar a su persona con vistas al acto eleccionario del próximo 19, parece lindante con el disparate.

Deja el presidente la sensación de que sus jugadores "fueron al bombo" lo que sin pruebas es inadmisible. ¿El Presidente cree o no en sus jugadores? Tal cual están las cartas jugadas parecería que los dardos apuntaron al Sr. Francisco Casal, pero lo curioso es que solo el jugador Alonso es representado por tal empresario. ¿Alonso tiró para atrás? ... Disparate total. ¿A qué representante le sirve que sus jugadores pierdan por siete goles desmonetizándose? Los propios jugadores saben que quedan marcados y que su futuro demorará en ser venturoso. Una persona tan afecta a los refranes con trasfondo y muchas veces no exentos de humor olvidó uno de los más antiguos: "En boca cerrada no entran moscas".

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