La celeste recuperó su color

JOSÉ MASTANDREA

Como antes. Sí. Como la rica historia del fútbol uruguayo lo manda: metiendo, corriendo, dejando el alma en cada pelota, en cada centímetro de la cancha y con una defensa firme, segura, bien parada, aguantando el temporal del rival en cada estocada a fondo.

Fue un triunfo como los de antes. Con los dientes apretados y la mirada fija.

Uruguay se reencontró consigo mismo. Volvió a las fuentes. Y eso le permitió alcanzar un triunfo fundamental en esta Eliminatoria.

No sólo porque le ganó a Colombia, un rival directo en esa encarnizada lucha por clasificar, sino porque lo logró jugando de visitante y en la siempre complicada altura de Bogotá.

Fue con las viejas armas del fútbol uruguayo. Con la mente fría y el corazón caliente. Buscando tener la pelota. Cuidándola, administrándola y jugándola en largo para el contragolpe.

Así fue siempre. O casi siempre. Las grandes conquistas, los títulos y las victorias que marcaron a fuego el nombre de Uruguay, se dieron como se dio el triunfo de anoche. Y eso también es muy importante.

Uruguay ganó con su sello. Con la grifa que lo hizo grande entre los grandes.

Ahora habrá que seguir recorriendo este camino.

Se viene Ecuador. Entonado, anímicamente fuerte después del triunfo que logró ante Bolivia.

Pero si Uruguay repite, si juega como jugó en Bogotá, estará dando otro paso enorme en la Eliminatoria.

Colombia ya fue. Ya pasó. Quedó atrás. Festejen muchachos. Festeje Tabárez. Pero no hay tiempo para estirar la alegría. Hay que volver a ser Uruguay. El de siempre.

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