SILVIA PÉREZ
Los resultados mandan. El técnico es el primer fusible que salta. Esas deben ser las dos frases más odiadas por los entrenadores.
Los supuestos y tan mentados proyectos a largo plazo, suelen interrumpirse ante las primeras derrotas. La vida del entrenador cambia radicalmente y las horas de ocio se hacen interminables. Para ningún hombre es fácil estar sin trabajo. Y ellos no son la excepción. Extrañan la adrenalina y después de unos días de descanso ya sueñan con volver al costado de la cancha.
sorpresa. Juan Tejera siempre tuvo dos ocupaciones y alternó el fútbol con su tarea en la oficina de operaciones de la Administración Nacional de Puertos. Es más, en alguna oportunidad, como cuando dirigió Defensor Sporting y Liverpool, tuvo que pedir licencia sin goce de sueldo. Hoy trabaja en el puerto de 7:00 a 15:00 horas.
"No sé que pasará. Si bien no logré cosas importantes creo haber hecho buenos trabajos en los equipos donde estuve y no me cierra que no me tengan en cuenta. No es que me preocupe, pero me sorprende. No creo que haya nada raro ni intencional, son momentos. Ya me pasó en el 2000-2001 y me costó volver. Por suerte tengo este trabajo que me da tranquilidad en otros aspectos", relató. "Se extraña mucho, sobre todo la competencia de los fines de semana. Vamos a ver si aparece algo y puedo volver al ruedo", dijo ilusionado el técnico cuyo último equipo fue Rentistas.
Aunque fue a ver algún partido, Tejera prefiere aprovechar los fines de semana para irse a su casita en el Fortín de Santa Rosa. Además, así se lo exige la patrona. Ve mucho fútbol internacional por televisión y comenzó a hacer un circuito de entrenamiento. "Me viene bien y me hace sentir mejor de la cabeza. Es bueno no tener tiempo para pensar".
A veces cuando un hombre está sin trabajo, es la familia la que paga las consecuencias porque el malhumor está a la orden del día. "No escapo a las reglas. En algunos momentos me pongo el balde y la familia lo siente", admitió.
DELEGANDO. "La valija está siempre pronta, porque la cosa puede demorar un día, una hora o un año", dijo Sergio Markarian que aprovecha los períodos de inactividad para ponerse al día con los asuntos que se le atrasan durante sus largas ausencias del país.
"Hay cosas, siempre hay cosas. Estuve viajando, pasé cinco días en un país árabe y también anduve por Europa, uno nunca sabe para dónde puede saltar la liebre", relató el DT cuyo último equipo fue el Cruz Azul de México.
Contrariamente, a lo que le pasa a la mayoría de sus colegas, a Markarian no le cuesta controlar su ansiedad. "Sé que tengo un mercado ganado y que las posibilidades de trabajar están cerca", dijo. "No puedo decir que estoy esperando que suene el teléfono, porque suena bastante. Rechazo de plano porque no me gustan, porque no son para mí o porque se trata de cosas que ya superé. No estoy ansioso. Pero no me gustaría que esto se dilatara mucho porque hemos formado un equipo muy bueno de trabajo junto a Pablo Bengoechea y Gonzalo Barreiro y temo que les pueda aparecer algo y estarían en su legítimo derecho de aceptarlo. Hay momentos para todo. No es lo mismo Markarian con 35 años, que este de ahora. Hoy delego mucho más y en Pablo (Bengoechea) he encontrado el compañero ideal. Mi intención es agarrar un equipo para dejar el surco como sucedió en Cruz Azul donde estuve un año y dejé la marca". finalizó diciendo Markarian.
Eduardo Acevedo lleva un año y medio sin trabajar. Su último equipo fue Tecos de Guadalajara. Nunca antes había estado tanto tiempo parado. "Pasé cuatro años muy exigentes en México, sin embargo a los 10 días de inactividad ya quería trabajar de nuevo. Por suerte tuve ofertas, que no se dieron o que no me servían, pero tengo la tranquilidad de que me han llamado. Si no sería peor", relató. "A veces entra un poco la desesperación", reconoció y para superarla apela al ejercicio. "Salgo a correr, me limpia la cabeza. Leo mucho de fútbol y de psicología. Y miro muchos partidos: cuatro o cinco por día. Los grabo y me quedo mirando hasta la madrugada".
columnista. También ha viajado bastante. Dio vuelta por todos lados y cada tres meses vuelve a México. Acevedo reconoció que muchas veces a los entrenadores les colocan un rótulo, por ejemplo de caro, y eso hace que algunos equipos no los tengan en cuenta. "A mí me pasó cuando rechacé la oferta de Nacional. Y no es que quisiera ganar lo mismo que en México, pero uno sabe lo que paga Danubio, Defensor Sporting y Peñarol y me parecía que lo de Nacional debía estar en esa franja. Si tengo que ir a un equipo de la "B" lo hago no tengo problemas. Si el proyecto es bueno voy al cuadro más chico".
Mientras, Acevedo escribe una columna para el diario "Ocho Columnas" de Guadalajara. "Surgió por un amigo periodista, Aldo Preciado. Pero no opino de partidos, son conceptos de fútbol. Me gusta", admitió.
TERAPIA. Hace un año que Gregorio Pérez no trabaja y su último equipo fue Peñarol. "Los primeros meses los sobrellevás sin ansiedad. Al principio te sentís bien, tenés más horas para estar con la familia y hacer otras cosas. Se hace algún viaje y se ven muchos partidos, pero llega un momento que estás esperando que llamen para una oferta laboral. Hubo algunos contactos del exterior, de Argentina, de Perú y de Colombia, pero lamentablemente no se concretaron", reconoció.
Gregorio está muy identificado con Peñarol y eso puede llegar a ser contraproducente. "No es fácil ver a Peñarol, pero uno se tiene que acostumbrar a lo que le toca vivir. Mi vida no puede pasar solo por Peñarol. No empieza y termina con Peñarol. Trabajé 28 años en muchos clubes de acá y de afuera. Lo de Peñarol es algo muy lindo, pero ya pasó y hay que pensar en lo que vendrá".
El último año no ha sido sencillo en lo laboral, pero ha tenido otras aristas muy positivas, como el nacimiento de su primer nieto. Juan Ignacio, tiene ahora cuatro meses. "He vivido otras cosas. Mi hija Lorena me dio la posibilidad de vivir una experiencia muy linda: la de ser abuelo. Siento una gran satisfacción, una alegría bárbara. Llegó en el momento justo y es una gran terapia. Me siento realizado. Es un cable a tierra", dijo embobecido.
Además, Gregorio se toma a diario un tiempo para ir a correr y hacer gimnasia. "Me siento muy bien y tengo mucho para dar. Siento la misma expectativa de hace 15 años atrás y el deseo de seguir aprendiendo", finalizó.
ANIMALES. La situación de Gustavo Dalto, por último, es diferente a la de la mayoría de sus colegas desempleados. El ex técnico de Danubio venía de ocho años de intensa actividad: siete en las divisiones juveniles del equipo de la franja y uno en Primera. Ahora lleva cuatro meses inactivo. "Es una sensación extraña. Te cambia el ritmo de vida. Antes uno programa todo en razón de la hora del entrenamiento, ahora no tengo horarios y hago lo que tengo ganas de hacer. Como técnico no me había pasado, pero lo había vivido como jugador cuando terminaba un contrato y entrenaba solo", dijo el "Rata".
"Voy al club y lo he llevado tranquilo, pero la incertidumbre de la familia al verte sin trabajo crece". Aunque Dalto siempre se hizo un momento para sus hijas Giannina de 15 años y Mariana de seis, ahora aprovecha a disfrutarlas al máximo. "Las llevo al colegio, las voy a buscar y trato de aprovechar para estar con ellas, sobre todo con la más chica".
Otra de las cosas que extraña es el ruido del teléfono, que cuando estaba en actividad sonaba a toda hora. "Antes usaba el celular unas 10 horas mensuales y ahora no pasa de la hora y poco", relató.
Dalto no cree que su identificación con Danubio le juegue en contra, pero le preocupa que mucha gente piense que sigue allí. "Se corrió el rumor de que había vuelto a dirigir en inferiores y eso puede ser contraproducente. Estoy abierto a todo, pero en este momento me gustaría seguir dirigiendo en Primera. Ya estuve mucho tiempo en juveniles", dijo Dalto que fue a ver varios partidos de la Liguilla, incluso algunos de Danubio.
"De todo sacás enseñanzas y aprendés. Yo pasé a Primera muy de golpe y en el equipo campeón uruguayo. Me encontré de buenas a primeras en la Copa Sudamericana y en la Libertadores. Fue una experiencia buenísima. Ahora veía los partidos de la Copa y me daban ganas de estar ahí de vuelta. Quiero seguir trabajando en esto que es mi vida", reconoció.
De todas maneras, por estos días Dalto está estudiando la posibilidad de poner un negocio junto a un amigo, el padre de uno de los futbolistas que dirigió en las juveniles danubianas. Se trata de un comercio de venta de comida para pequeños animales. Si todo sale bien, dentro de poco "Babú", actualmente instalado en Shangrilá, tendrá una sucursal en Pando.