HACIENDO HISTORIA

Celestes 81: la guerra y la paz en Quito

La conquista uruguaya de hace 36 años en Ecuador es recordada por el 5 a 1 final sobre Argentina, pero para alcanzar esa consagración los juveniles debieron soportar hasta un conflicto armado.

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Uruguay

LUIS PRATS

Si se menciona "Juveniles 1981", todo el mundo recuerda el título alcanzado en Quito y el 5 a 1 sobre Argentina en el partido decisivo. Pero la expresión "guerra de Paquisha" resultará seguramente extraña para cualquiera. Y sin embargo, los dos episodios están muy vinculados.

A comienzos de 1981, el fútbol uruguayo parecía estar viviendo un renacer. Nacional había sido campeón de la Copa Libertadores unos meses antes y se disponía a jugar la Intercontinental en Japón. En enero, Uruguay había conquistado la Copa de Oro. Y la selección juvenil se preparaba en tiempo y forma para disputar el Sudamericano de Ecuador.

Hacia Quito viajaron Javier Zeoli (Danubio), Javier Ananía (Fénix), Nelson Gutiérrez (Peñarol), Santiago Ostolaza (Bella Vista), Eduardo Linaris (River Plate), Carlos Vázquez (Bella Vista), Carlos Melián (Wanderers), Gustavo Ancheta (Miramar), Javier López Báez (River), Carlos Berrueta (Danubio), Pedro Pedrucci (Progreso), César Calero (OFI), José Batista (Cerro), Enzo Francescoli (Wanderers), Jorge Da Silva (Defensor), Alexis Noble (Peñarol), Adolfo Barán (Rentistas) y Jorge Villazán (Nacional). Un plantel de grandes promesas. La mayoría tendría luego destacada carrera, hasta con presencia en mundiales de mayores.

El técnico, Aníbal Gutiérrez Ponce, decidió realizar un cuidadoso trabajo de aclimatación a la altura, a través del viaje anticipado. Cuando la delegación ya estaba en Quito, estalló un conflicto fronterizo entre Ecuador y Perú en el cantón ecuatoriano de Paquisha. Se extendió durante apenas diez días, pero tampoco fue un paseo: los enfrentamientos de tropas dejaron 17 muertos y una treintena de heridos. La Conmebol decidió entonces postergar el Sudamericano, inicialmente por dos semanas. Pese a eso, las autoridades de la delegación celeste decidieron continuar la preparación en Quito.

"Para nosotros, que éramos muy gurises, muchos incluso no habían viajado antes al exterior, era todo incertidumbre. A cada rato veíamos pasar aviones y helicópteros militares, parecía la guerra, aunque donde estábamos nosotros nunca pasó nada", recuerda Barán.

"Gutiérrez Ponce fue como un padre para nosotros. Además de los entrenamientos en doble horario, nos llevaba a lugares históricos y culturales de Quito para mantenernos ocupados", evocó Ostolaza. Así, hubo excursiones a la Mitad del Mundo, el marco que señala exactamente la línea del Ecuador, y al volcán Cotopaxi, mientras se definía la fecha del torneo.

EL TORNEO

Cuando por fin se puso la pelota a rodar en la sede de Quito, el fútbol celeste demoró en aparecer. El 15 de febrero, se empató con Bolivia y cinco días después se perdió ante Paraguay, lo cual puso en duda el pasaje a la serie final. Pero luego se derrotó al dueño de casa por 2 a 1 y a Colombia por 4 a 1. Uruguay avanzó junto a Bolivia, la sorpresa del certamen.

La otra serie se disputó en Guayaquil, donde Argentina y Brasil obtuvieron el pasaje a la ronda final, de cuatro equipos (y no seis como ahora). Los dos primeros del Sudamericano iban directo al Mundial de Australia, en tanto el tercero debía jugar un repechaje ante Israel.

La primera fecha, disputada en Guayaquil el 1° de marzo, marcó el triunfo argentino sobre Bolivia y el de Uruguay sobre Brasil. Abrió la cuenta Jorge Da Silva, empató Frank y Francescoli de penal aseguró el triunfo. "No empezamos bien aquel campeonato pero el triunfo sobre Brasil fue clave. Ganamos mucha confianza para la definición", cuenta Ostolaza.

En la segunda fecha, los brasileños golearon 4-0 a Argentina en Guayaquil, en tanto Uruguay sufrió para vencer en Quito a Bolivia, con goles de Da Silva y Villazán. "Los bolivianos tenían muy buen equipo. Y además, para ellos la altura no era problema", explica Ostolaza.

Justamente, la aclimatación a los 2.800 metros de Quito resultó clave en el partido decisivo frente a Argentina, el domingo 8 de marzo al mediodía quiteño: los celestes parecían aviones y sus rivales no podían seguirles el ritmo. "Recuerdo que Oscar Ruggeri, que jugaba en aquel equipo argentino, nos pedía que no corriéramos más. A nosotros nos servía el empate, pero se dio la chance de golear y no la desperdiciamos", relata Barán, autor del cuarto gol.

Uruguay salió con Zeoli (Ananía); Vázquez, Gutiérrez, Ostolaza, Melián; López Báez, Batista, Francescoli; Villazán, Da Silva (Berrueta) y Barán. Da Silva hizo los dos primeros, aumentó Francescoli, Barán convirtió después, descontó Espíndola de penal y Villazán puso el quinto. Y pudieron ser más goles. Argentina tenía buen equipo (además de Ruggeri alineaban futuras figuras como Burruchaga, Martino y Tapia) pero resultó barrido de la cancha. "Fútbol, goles y personalidad, argumentos de Uruguay para ser otra vez campeón", tituló el enviado de El País, Jorge Savia.

Para celebrar el título, la delegación fue caminando al Santuario de la Virgen María, en el vecino cerro del Panecillo. También hubo un banquete final para las delegación, que Barán recuerda algo risueño: "Había un grupo de baile ecuatoriano e invitaron a uno de cada equipo para acompañarlos. De Uruguay me tocó a mí y no sabía dónde esconderme de la vergüenza".

El seleccionado arribó a Montevideo el miércoles de noche, ya tarde. La demora no impidió que numeroso público los esperara en Carrasco o frente al local de la AUF.

Para el Mundial de Australia ya no estuvo Gutiérrez Ponce: un enfrentamiento con dirigentes determinó que fuera reemplazado por Raúl Bentancor. Uruguay jugó una ronda inicial en gran nivel pero cayó en los cuartos de final ante Rumania: fue un monólogo celeste pero dos remates lejanos de los europeos resultaron fatales.

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