Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

El Estado monstruo

Aviso a los navegantes: esta columna no se lee en frecuencia de ideas liberales, neoliberales, o de planificadores estatistas. Aunque sea por un rato dejemos los lugares comunes y enfoquemos en lo importante. Esta columna es para leerla en clave de si hay sentido común o no en el carácter y la gestión que damos al Estado.

Aviso a los navegantes: esta columna no se lee en frecuencia de ideas liberales, neoliberales, o de planificadores estatistas. Aunque sea por un rato dejemos los lugares comunes y enfoquemos en lo importante. Esta columna es para leerla en clave de si hay sentido común o no en el carácter y la gestión que damos al Estado.

Soy un convencido de que el Estado es como es porque así lo dejamos ser los orientales, y tengo la certeza de que no va a cambiar ni un ápice, hasta que la mayoría de nosotros se convenza de que o cambia de una vez, o nos lleva a toda vela con rumbo de colisión.

Y además a pegarnos una hostia de la que no nos recuperaremos ni con la inteligencia y ganas de Sanguinetti, Lacalle Herrera, Batlle Ibáñez, Mujica, y Vázquez, reunidas y tirando para el mismo lado.

No le caigo al Frente Amplio, ni a los colorados, ni siquiera a Batlle y Ordóñez ni a Batlle Berres (que merecido lo tendrían…) ni a sus consecuentes discípulos militantes en todos los partidos, y esto es así porque la culpa es de todos. Tenemos el Estado que merecemos.

Y es justo también decir que es así de malo, muy a pesar de muchos políticos honestos y dedicados (de todos los colores) que cargados de buenas intenciones de reformarlo (o maniatarlo), la quedaron en el intento, porque en definitiva eran buenos, y como dicen que dijo ese grande que fue Sir Winston Churchill, para pelear y ganarle a un monstruo, hay que ser también un poco monstruo.

Fuimos nosotros los que decidimos dar vida, alimentar, y dejar engordar a esta criatura infame y movediza que se nos cuela por cualquier rendija en nuestra vida.

Un bicho dantesco que machaca todo sin mirar, no importa si son niños, enfermos, ancianos, trabajadores, empresarios, y hasta devora a sus propios funcionarios (sobre todo a los buenos) como un caníbal sin piedad.

Así nos encontramos con esta realidad carente de sentido común: el Estado es muy eficiente solo para imponer y para hacer mal las cosas.

Y lo poco que hace bien, no lo hace porque sea diligente, sino porque en la tarea hay políticos y/o funcionarios capaces y dedicados que pelean contra el monstruo con los valores muy bien puestos, ahí donde hay que tenerlos, con más coraje que San Jorge y un torero frente a un Miura juntos.

Ese Estado, eficiente solo para macanear, protege mal, educa mal, cuida mal la salud, se entromete entre los particulares a decirles cómo deben manejar sus intereses, opina sobre la sexualidad de las personas, planta, cosecha y vende (rá) marihuana, escucha y ve, y hasta controla la sal que se le pone a las papas fritas, o las compras por internet.

Y porque como todo monstruo es un poco bipolar, también es impredecible y no nos otorga reglas claras en lo que importa, así hay que adivinar que hará según con qué pie salga de la cueva cada día: si es con el izquierdo socializará más la enseñanza, la salud, la represión del delito, etc., si lo hace con el derecho será capitalista, pero proteccionista (porque siempre renguea un poco de la otra), le dirá amén a la OCDE, y nos dejará como Dios nos trajo al mundo frente a todos y sin que le tiemblen las patas.

Por eso decía, no es un tema de ideologías qué hacer con el Estado, es de sentido común.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)