Sergio Abreu
Sergio Abreu

¿Trump? ¿Y nosotros?

Las elecciones en los Estados Unidos y la violencia en el fútbol nos han inundado.

Las elecciones en los Estados Unidos y la violencia en el fútbol nos han inundado.


Las primeras son parte de decisiones que se toman en la primera potencia del mundo, que son más novedad por los resultados que por lo que puedan afectar a nuestro país. La segunda es un mal social que nos envenena que depende sólo de nosotros y que tiene causas profundas.

¿Alguien imagina a los rubios del norte (léase Trump) pensando como van a encarar los problemas sociales de nuestros países? El presidente electo, Donald Trump ¿sabrá donde queda el Uruguay? Lo dudo aunque la globalización no puede ignorarse.

Mientras tanto las barras bravas se arman, atacan y matan “hinchas” de otro equipo como quien combate a los mosquitos con el repelente que fabrica la inefable Ancap.

Nuestro problema no se encuentra en el imperialismo y sus intenciones, es nuestro subdesarrollo como categoría mental y no tanto económica. Es la disolución gradual de nuestros valores que son la esencia de nuestra convivencia pacifica regida por la tolerancia y el respeto por lo que piensan los demás en todos los aspectos de nuestra expresión humana.

¡Acaso los gobiernos de otros países -por más importantes que sean- van a solucionar los problemas que creamos nosotros en nuestra propia sociedad? ¿Tenemos que insistir en encontrar en la fuerza de los demás el origen de nuestras debilidades?

La productividad manda en nuestras cadenas productivas, mientras la competitividad es afectada por un Estado ineficiente incapaz de devolver en buenos servicios lo que recauda en forma implacable de los sufridos contribuyentes. Estos, que somos todos, no tendremos ni al señor Trump ni a ningún gobierno extranjero como soporte para dar respuesta a la disolución moral del país encabezada por el señor José Mujica, el peor Presidente que el Uruguay ha tenido en su historia.

Sin embargo, ya vamos a ver a la Cancillería paralela del Pit-Cnt dictando cátedra sobre la forma de encarar nuestras relaciones con los Estados Unidos, omitiendo decir que lo único que no debimos haber hecho con el gobierno del “Imperio” fue cambiar, como lo dijo el ex Presidente, “cajones de naranjas por estos locos de Guantánamo”.

No faltarán las movilizaciones sindicales tratando de evitar que el presidente Tabaré Vázquez tenga un giro hacia la “derecha” en la conducción del gobierno. Menos aún, los reclamos salariales que no se ajustan a la situación de nuestra economía y que ponen en peligro el nivel de empleo cuando los empresarios no pueden soportar más los costos internos que tienen que enfrentar en sus procesos productivos.

Las “burbujas” nos distraen y nos olvidamos que la innovación y la economía digital aumentan el desempleo por la falta de relación entre la demanda laboral y la preparación de la mano de obra para satisfacerla.

Esta situación se debe sólo a nosotros, es exclusiva de nuestra propiedad. La Educación es el gran fracaso de nuestros gobiernos.

Los jóvenes se dividen entre los pocos que se realizan ajenos a todo compromiso político y los muchos que deambulan entre los centros de enseñanza repitiendo y desertando para terminar en los espacios públicos haciendo de la vida una peligrosa aventura para el resto de la sociedad que quiere trabajar y tener diversiones sanas sin arriesgar su seguridad personal y familiar.

Ni Trump, ni Maduro, ni la expresidente Rousseff ni cualquier otro gobierno extranjero pueden distraernos de lo que tenemos que hacer entre todos, los 3,5 millones de habitantes de un gran País que de tanto mirar hacia afuera al compás de las sintonías ideológicas preferimos discutir siempre en términos políticos nuestra suerte electoral.

Y de la siembra de educación y de valores que va mas allá de un período de gobierno ¿quién se ocupa? ¿Las corporaciones sindicales? ¿Los intereses sectoriales? ¿Quién define el interés nacional que no es otra cosa que la prosperidad y la dignidad de nuestra gente? ¿Acaso es tema para el Sr. Trump? ¿O el Sr. Maduro? ¿O la Sra. Rousseff?

Ciertamente que ellos no. Eso le corresponde al gobierno uruguayo que elige el pueblo uruguayo y a los demás actores políticos. A los responsables de implementar políticas públicas consistentes, sin renunciar a la autoridad y a toda la fuerza de la ley.

Gestionar un país no es lo mismo que tener autoridad. El poder está en otras manos que son las que nos lleva a descreer del sistema y a protestar como ha sucedido en tantos pronunciamientos populares alrededor del mundo contra los que tienen la responsabilidad de tomar decisiones sin querer pagar el precio político que corresponde.

Al Sr. Trump le deseamos lo mejor en su próximo gobierno. Las felicitaciones del caso y el deseo de que sea exitoso para su pueblo. Pero vayamos a lo que nos corresponde a nosotros los uruguayos y que nadie va a hacerlo en lugar nuestro. Si seguimos pensando como si fuéramos el ombligo del mundo y nos ocupamos de candidaturas y temas que nada tienen que ver con nuestra gran deuda social, nuestro subdesarrollo mental será irreversible. Cada vez más y peor.

Corremos el gran riesgo de tener más “barras bravas” que partidos políticos y mas gobernantes sancionados por el pueblo por la ausencia de resultados y de transparencia en sus gestiones. El futuro de los uruguayos está en los uruguayos.

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