Sergio Abreu
Sergio Abreu

La verdad que hay que decir

El Uruguay es otro en varios aspectos porque la institucionalidad y la economía se han tornado expresiones difusas.

El Uruguay es otro en varios aspectos porque la institucionalidad y la economía se han tornado expresiones difusas.


Por un lado, las reglas de juego no son estables y la Constitución es todavía para muchos una barrera burguesa que se opone a tantos empujes revolucionarios.

Por el otro, la pérdida de competitividad del sector productivo es manifiesta. Los costos internos del pequeño y mediano empresario son inmanejables; tarifas públicas, impuestos, cargas sociales y reclamos salariales son ajenos al esfuerzo de una clase media acosada por la burocracia, por sindicatos que defienden la lucha de clases y por creativas visiones como la autogestión de empresas.

El Estado no cumple con las políticas sociales que prometió en su campaña electoral. La Educación muestra resultados desastrosos. ASSE es el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer; y la Seguridad, un cometido esencial del Estado, no puede garantizar el orden público en eventos deportivos, a los que las familias concurrían sin temor alguno.

La reforma del sector público se sigue postergando, y como registro se ostenta un ingreso de 60.000 funcionarios públicos mas , incluidos las decenas de cargos de confianza definidos como “indispensables”.

Los monopolios gozan de buena salud, gestionados por mas de cuarenta sociedades de derecho privado creadas para evitar el control del Tribunal de Cuentas, conformando el “folklórico” Estadito paralelo que no ha escapado a la corrupción y al despilfarro en manos de jerarcas obsesionados por sus carreras políticas.

La basura nos inunda comprometiendo la salud de la población y la Intendencia se excusa argumentando que carece de camiones de limpieza. Adeom se lleva dos tercios del presupuesto municipal y la respuesta es multar a diestra y siniestra para recaudar mas. Las Fuerzas Armadas, son llamadas a solucionar temas que son competencia de otras reparticiones públicas; y como respuesta se les “pega” un inconstitucional “tarascón” al Servicio de Retirados de las Fuerzas Armadas anteponiendo viejos resentimientos que deberían estar superados.

Las inversiones como el nuevo emprendimiento de UPM reclaman una infraestructura cuya precariedad resiente a todo el sector productivo . Las rutas son objeto de remiendos parciales y el transporte ferroviario sigue siendo rehén de sindicatos que lo han dejado literalmente “en la vía”.

Ante esa realidad el Presidente tiene que viajar al Brasil en búsqueda de inversionistas para ese sector, pero la Intendencia decide nombrar a la expresidente Rousseff ciudadana ilustre de Montevideo como para enojar aún mas a nuestro poderoso vecino.

Por otra parte, el Frente Amplio apuesta al oscurantismo. Nada quiere saber de transparentar las cuentas de las empresas públicas, no acepta comisiones investigadoras parlamentarias y sus autoridades no contesten las decenas de pedidos de informes que se cursan de acuerdo a la Constitución.

En su lugar, el equipo económico salpica los medios de prensa con resultados parciales aún cuando la inflación está por encima de la meta fijada, el desempleo se acerca al 8%, el déficit fiscal es indecente y el crecimiento económico es mínimo.

En ese contexto, el Poder Ejecutivo anuncia su intención de firmar Tratados de libre comercio con otros países y hasta el Pit-Cnt se enfrenta a la paradoja de coincidir con el Sr. Trump en su política proteccionista anti globalización.

Y si algo faltaba, la situación de Venezuela centra todas las atenciones sin importar si viola los derechos humanos o profundiza la dictadura y la corrupción. La Sra. Canciller del régimen de Nicolás Maduro ataca al gobierno porque impulsa la suspensión de su voto en el Mercosur al comprobar que no ha cumplido con las obligaciones de un socio pleno. Mientras tanto, el deshilachado proyecto de integración que cumplió sus veinticinco años deambula entre incumplimientos y reuniones protocolares sin abordar su inaplazable sinceramiento.

La ideología nos ha inundado. Todo se mide en función de las simpatías que se tienen con determinados gobiernos con una hemiplejía moral que ha licuado el patrimonio ético del Uruguay como defensor del Derecho y de principios que no admiten interpretaciones interesadas.

A vía de ejemplo, basta recordar que no hay una sola voz en el gobierno capaz de criticar la “payasada” democrática del execrable Sr. Ortega premiado con las llaves de la ciudad de Montevideo que “amañó” una elección con su señora como vicepresidente, madre de la menor sometida a su abuso sexual. El Frente Amplio fue cómplice de este atropello respaldado por el vergonzante silencio de organizaciones que luchan por la equidad de género y rechazan, como todos nosotros la violencia doméstica .

La crisis de la gestión es un tema central, pero lo es mas el doble discurso y la falta de apego a la institucionalidad democrática que el expresidente Mujica dejó instalada con su anárquica sabiduría de utilería. Tan lamentable, como la popularidad global de un personaje que se viste de romántica imagen cuando su movimiento subversivo nos trajo la violencia, el asesinato y las cárceles del pueblo, que luego, como reacción a tanta violación de los derechos humanos derivó en la noche larga de la dictadura militar.

Se podrá decir, que lo expuesto nada tiene de constructivo y que la imaginaria “derecha” sólo sabe embestir contra la izquierda progresista. Pero hay que decirlo, porque esa “muletilla” ya perdió su efectividad y nos deja un gran desafío.

El punto es, que no se trata de ganar una elección sino de plantear con moderna visión un compromiso de servicio público que le de sentido a una democracia sólida para que la indiferencia no termine por anular el valor de la libertad y la tolerancia.

Todavía estamos a tiempo, aunque reconstruir valores que creíamos indestructibles será una dura tarea.

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