Rubens Barbosa
Rubens Barbosa

El fin de la Unión Soviética

El día 26 de diciembre se cumplieron 25 años de la disolución de la Unión Soviética. La resolución del Soviet Supremo reconoció la independencia de las antiguas repúblicas soviéticas y creó la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

El día 26 de diciembre se cumplieron 25 años de la disolución de la Unión Soviética. La resolución del Soviet Supremo reconoció la independencia de las antiguas repúblicas soviéticas y creó la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Mikhail Gorbachov, el octavo y último líder de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), había renunciado en la víspera, declarando su cargo extinto y pasando el poder al presidente ruso Boris Yeltsin. Anteriormente, entre agosto y diciembre de 1991, todas las repúblicas, incluyendo la propia Rusia, se fueron separando de la Unión. Una semana antes del histórico 26, once repúblicas -todas, salvo Georgia y los estados bálticos (Letonia, Estonia y Lituania)- firmaron el Protocolo de Alma-Atá estableciendo formalmente la CEI y declararon la extinción de la Unión Soviética.
En los últimos 25 años, Rusia se ha sumergido en profundas crisis económicas, políticas y éticas. Tuvo que enfrentar intentos separatistas, como en Chechenia, se debilitó militarmente con el Pacto de Varsovia, sufrió con la caída del precio del petróleo, tuvo que enfrentar la rebelión en Georgia y, más recientemente, se involucró en la crisis de Ucrania con la reincorporación de la estratégica Crimea.

La percepción occidental es de que Rusia constituye una amenaza militar concreta para Europa, en especial para los estados bálticos y los exsatélites de Europa del Este. Las invasiones de Georgia y Ucrania reforzaron la visión de que Rusia, en decadencia, pero con un poderoso arsenal nuclear, tendría pretensiones imperialistas y bélicas en Europa. Las intervenciones rusas en Medio Oriente, así como los ataques cibernéticos contra objetivos en los Estados Unidos aumentan la inestabilidad global y las reservas en relación a Moscú.

Para entender la acción rusa en el tablero político y económico global es importante tener presente la visión de Vladimir Putin para la defensa de los intereses de su país. Al asumir el gobierno en 1999, Putin se refirió al colapso de la URSS como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”. El restablecimiento de la fuerza y de la importancia de Rusia es la principal prioridad de Putin, que vio en las acciones de Europa y de Estados Unidos una gran conspiración para intentar cercar al país. Las sanciones económicas son vistas como parte del esfuerzo geopolítico para limitar la influencia de Moscú.

El pensamiento estratégico ruso actual fue muy influenciado, según Putin, por el incumplimiento del acuerdo que habría sido negociado después del final de la Unión Soviética por el cual la alianza occidental, sin la amenaza del Pacto de Varsovia, se habría comprometido a no instalar misiles y radares en Polonia o en otros estados vecinos de Rusia. La instalación de armamento pesado, a 300 km de Moscú, se agravó por el golpe de estado en Ucrania, incentivado por occidente. El gobierno pro Rusia fue sustituido por un presidente pro occidente que pidió formalmente el apoyo militar de la OTAN. De acuerdo con el gobierno de Moscú, esa nueva situación forzó la invasión de Ucrania y la reincorporación de Crimea, como forma de impedir la eventual pérdida de una base naval estratégica en el Mediterráneo.

Las sanciones económicas vigentes y la teoría del cerco militar al país, llevaron a Moscú a buscar alternativas geopolíticas y geoeconómicas. Después de años de alejamiento, se concretó la aproximación con China con la firma del acuerdo de suministro de gas por un valor de US$ 400 mil millones, como forma de reducir la gran dependencia del mercado europeo existente.

La nueva doctrina militar prevé ahora la sustitución de importaciones militares para reducir la dependencia externa. Prevé también la ampliación del número de bases militares alrededor del mundo, incluso con algún tipo de presencia en Cuba y Venezuela.

Actualmente las iniciativas más fuertes de la política exterior y de la defensa de Rusia están concentradas en Medio Oriente, en especial en el conflicto en Siria. Al apoyar al presidente Bashar Al Assad, Putin se involucró en el bombardeo contra los rebeldes, sobre todo en Alepo. La estrategia de Moscú es eliminar al Estado Islámico primero y después hacer la transición del gobierno sirio, con el alejamiento de Al Assad, lo que colocaría a Estados Unidos y a la OTAN en contra de Rusia.

Las relaciones con los Estados Unidos, desgastadas por las posiciones antagónicas en el conflicto con Siria, tendrán más visibilidad por las anunciadas intenciones del presidente electo Donald Trump, que no se abstiene de hacer declaraciones sobre una proximidad con el presidente ruso, incluso provocando el cambio de estrategia en el conflicto de Siria, como quiere Putin, con el objetivo de exterminar al Estado Islámico. La designación de un amigo de Putin, Rex Tillerson como Ministro de Relaciones Exteriores puede reforzar la política del presidente ruso.

(*) Rubens Barbosa, presidente del Instituto de Relaciones Internacionales y de Comercio Exterior (IRICE).

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