Rubens Barbosa
Rubens Barbosa

Mercosur y el comercio

El día 10 próximo pasado se retomaron las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea, y además el bloque pretende avanzar en nuevos frentes con la AELC, Canadá e India.

El día 10 próximo pasado se retomaron las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea, y además el bloque pretende avanzar en nuevos frentes con la AELC, Canadá e India.

Se anuncia que China está proponiendo un acuerdo de libre comercio entre los países miembros de los Brics. Y ahora Uruguay quiere negociar bilateralmente con China, colocando un gran desafío para el Mercosur.

En la realidad, sin embargo, el Mercosur fue sorprendido a contrapié. Los acuerdos comerciales por sí solos no resuelven la cuestión de la expansión de las exportaciones. Cuando resolvió abrirse a otras negociaciones, el escenario internacional cambió y las tratativas para nuevos acuerdos quedaron más difíciles y problemáticas, y no se vislumbran perspectivas de arreglos multilaterales en la OMC.

Las economías desarrolladas crecen a tasas muy bajas, las economías emergentes desaceleran, el comercio internacional por tercer año aumenta cerca del 2,5% por debajo del crecimiento de la economía global y el desempleo en Europa alcanza niveles altísimos. Por todo eso, la clase política en EE.UU. y en Europa se manifiesta en contra de esos acuerdos, en especial el de Asia/Pacífico con EE.UU. y Japón, y el de EE.UU. con Europa.

La percepción de que hay un movimiento en dirección a la desglobalización aumenta. La OMC quedó marginada en los entendimientos de esos acuerdos y en la definición de las reglas que los regulan. La reacción contraria a la globalización no se limita a los asuntos económicos, pues está creando condiciones para la emergencia de fuerzas nacionalistas y proteccionistas.

En junio, la OMC anunció que, entre 2011 y 2016, el número de medidas proteccionistas creadas por los países del G20 aumentó cuatro veces. Solamente entre octubre de 2015 y mediados de 2016 se crearon cerca de 150 medidas que restringen el comercio, sobre todo las antidumping en las áreas de siderurgia, subsidios a infraestructura, agricultura y empresas exportadoras. De las más de 2.000 barreras creadas por las veinte mayores economías del mundo entre 2007 y 2009 en carácter de emergencia para hacer frente a la crisis financiera, casi dos tercios continúan vigentes.

En ese contexto, se pueden entender las recientes declaraciones del ministro portugués de que es necesario “hacer fuerza” para concluir el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea antes de que el ambiente político impida acuerdos de libre comercio y de que haya crecientes “tensiones que pueden colocar en riesgo la conclusión de los entendimientos. La ventana de oportunidad no es muy larga para alcanzar el acuerdo”. En las recientes negociaciones del Mercosur con la Unión Europea, según se anunció, ambas partes, reconociendo esas dificultades, decidieron hacer reuniones bilaterales informales “por fuera” para intentar avanzar los entendimientos en reglas y en acceso a productos de los dos lados.

Sin embargo, teniendo en vista el escenario global, el Mercosur debe adoptar una actitud realista y asumir que va a haber una creciente dificultad para cerrar nuevos acuerdos comerciales con socios relevantes fuera del continente sudamericano. Mi percepción es la de que difícilmente el acuerdo Mercosur-Unión Europea sea aprobado hasta 2018.

A pesar de ese panorama negativo para el comercio exterior, sería importante discutir una nueva agenda que incluya modificaciones en las leyes y reglamentos para aumentar la competitividad de los productos del Mercosur. Y también que se pueda mantener un cambio competitivo, como hacen China y los países europeos.

Paralelamente a esa agenda -de responsabilidad del Gobierno- el sector privado debería informarse mejor sobre lo que pasa en el mundo, como la llamada metarreglamentación que pasó a afectar los acuerdos de comercio y, en ese sentido, buscar informaciones con respecto al acuerdo de Asia con EE.UU. y Japón, más diez países del Pacífico, que incluyen tres latinoamericanos: México, Chile y Perú. De última generación, ese acuerdo será modelo a partir de ahora para los próximos acuerdos comerciales que incluirán, además de la desgravación tributaria, reglas que van más allá de los entendimientos multilaterales de la OMC e inciden sobre políticas internas de los países.

Estudios preparados por la Fundación Getulio Vargas-Federación de Industrias del Estado de San Pablo muestran que la casi totalidad de ellas es compatible con el régimen jurídico brasileño, con la excepción en algunos aspectos de las reglas de inversión y de propiedad intelectual que tendrían que ajustarse al ordenamiento jurídico de los países miembros.

No podemos cerrar los ojos para lo que sucede en el mundo, ni hacer como los gobiernos de algunos países miembros del Mercosur que ignoran la enseñanza del presidente de China, XI Jinping, para quien “la apertura genera progreso y el aislamiento lleva al atraso”.

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