Rodrigo Caballero
Rodrigo Caballero

Los fantasmas le temen a la luz

El uso de los cucos siempre ha sido una práctica común en la política. Nuestro país no es ajeno a esta tendencia.

Uno de los grandes hitos de esta forma de convencer a los votantes de que sus oponentes solo traerán pobreza, desgracia y sufrimiento, a fin de arrimar agua para su molino, fue acuñado por el inefable Adauto Puñales. Me refiero concretamente a aquella inolvidable frase que el fallecido exintendente de Rocha profirió respecto al comunismo:

"El comunismo es como un pulpo, que con sus testículos nos atrapa". Más allá del jocoso furcio, la frase es muy simbólica por su contenido.

¿O alguien cree que los cucos carecen de eficacia? Desde el niño que se come la sopa para que no se lo lleve el Hombre de la Bolsa hasta el padre de familia que vota un candidato para evitar las desgracias que su rival le ocasionaría, el miedo convence. Quizá por eso es que poblados de esos fantasmas y cabezudos se encuentran los días de esta República desde que comenzó la campaña electoral hasta el momento en que estas líneas están siendo impresas. Y dale con que la derecha más rancia viene a quitarle a los uruguayos los derechos adquiridos. Y meta con que la oligarquía llegó al poder para quedarse con toda la riqueza del país y hambrear a los trabajadores.

Que la coalición multicolor decretará que no se suban más los sueldos y de ahora en más, los asalariados verán diezmados sus ingresos por decisión arbitraria de los patrones sin corazón ni control del Estado. Que la derecha viene por todo. Que llegan para imponer un sistema de dominación cruel e injusto para los trabajadores. Que el hombre de a pie se prepare para volver a serlo pues se verá obligado a vender el autito que compró gracias a la prosperidad que le regaló el FA. Que espabilen los adolescentes de pelo largo porque vuelven las razias. Que se apronten para volver a darle a sus niños el pasto nuestro de cada día. Que la derecha está aquí para que les vaya bien a ellos. Y si les va bien a ellos, nos va mal a nosotros.

Y muchos cucos más.

Cabe destacar que como “ellos” se refiere a las personas no frenteamplistas, los también llamados fachos. Porque el facho ya no es más el totalitarista de antes, el personaje reaccionario que se oponía la democracia y a las libertades individuales. El facho, según la izquierda vernácula, es todo aquel ciudadano enfrentado a la forma de pensar zurda, o bien simplemente el que no comulga con ella.

Cualquiera sabe que la línea que representa al pensamiento político no es un recta sino una circunferencia. Quienes se ubican al centro son los que están más alejados de los extremos. Tanto del derecho como del izquierdo. Y también se sabe que los extremos están juntos, pegaditos, uno al lado del otro. Incluso, en un punto, se funden en un mismo ser. El facho y el bolche, para el librepensador, son la misma cosa.

Contra los miedos, no hay mejor antídoto que la información. Y contra los fantasmas, la luz. Por eso esperamos que el nuevo gobierno informe a la población sobre el estado del Estado. Que eche luz sobre el país que devolvió el FA tras 15 años de gobierno. Que se promuevan auditorías e investigaciones. Que llegue la luz. Así los fantasmas de siempre no podrán andar asustando a nadie. Los miedos llegan con la noche, pero cuando sale el sol, se debilitan hasta desaparecer.

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