Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Licencia para matar

Mientras que la prensa informa de la instalación de semáforos “asesinos” en varias avenidas importantes de Montevideo, al caminar se huele por la calle el olor a podrido de los contenedores y el desparramo de basura que les acompaña.

Mientras que la prensa informa de la instalación de semáforos “asesinos” en varias avenidas importantes de Montevideo, al caminar se huele por la calle el olor a podrido de los contenedores y el desparramo de basura que les acompaña.

Es que los incapaces que en 26 años de saqueo tributario e ineficiencia, nada relevante hicieron en favor de Montevideo, no han sido capaces de resolver el tema de la basura (cuanto más lejos de la costa la cosa es peor), y vienen a instalar un sistema fotográfico computarizado para castigar con penas leoninas a los automovilistas. ¿Medidas razonables? Bienvenidas. Ahora, a andar a ¡45 km por hora…!

Todo Montevideo sabe que este sistema es solo parte del hambre recaudatoria de la intendencia “progresista”.

Circular por la rambla a tal velocidad. Imposible. En horas pico el amontonamiento obliga a ir con lentitud. Con espacio libre al frente, cualquier auto moderno apenas se le toca supera dicha velocidad. Y, en horas tempranas cuando no hay tráfico, o en avenidas de escasa circulación en los fines de semana, o en verano cuando la capital está vacía, la condena de atender el velocímetro, nueva tortura socialista, es obligación inhumana. Y, recordemos que hay una serie de infracciones más, de difícil precaución, como la de que si se pisa la línea blanca en un cruce de semáforos, la cámara manda al conductor del auto al fusilamiento sancionatorio.

La verdad es que como en el cuento de Caperucita Roja, la boca del lobo municipal se abre para comernos mejor.

El desastre de la administración del Estado en todas sus manifestaciones en estos años del tridente de Tabaré, “Pepe” y Danilo, obligan al gobierno nacional a un ajuste fiscal permanente que no se sabe hasta dónde puede llegar. ¿Recuerdan cuando hubo caraduras que en las elecciones dijeron que de ganar no iban a poner más impuestos? El despilfarro y la corrupción pueden más. El saqueo de Alur, Pluna, Ancap, Fondes, Alas U, etc., ha llevado a la bancarrota, a la quiebra del Estado. Esta última palabra es válida si fuese el Estado una empresa privada. Pero los gobiernos -que son una empresa pública- por más que despilfarren y roben (la plata que se perdió por el gobierno central y las principales empresas públicas en algún bolsillo está) no quiebran. Pueden poner más impuestos o emitir moneda. Y, en lo esencial, desde que empezó el nuevo mandato frentista estamos en un ajuste fiscal diario que ¡rebaja jubilaciones!, retacea recursos a la Justicia independiente, va por la destrucción a impulso de comunistas y tupamaros de las Fuerzas Armadas minando sus recursos, y mantiene sin tocar a la multitud de oligarcas acomodados en cargos de confianza. Más sus flamantes 70.000 empleados públicos. En este marco, el monstruo que han hecho de Ancap, viene de romper un sistema de distribución de combustible que andaba bien, atacando a compañías internacionales serias.

Hay que pagar “caprichitos”. Recuérdese que la ministra de ¿industria y energía?, la que sus amigos dicen está en campaña electoral presidencial, viene construyendo un circo “Arena”, para murgas compañeras de 50 millones de dólares o más. Nadie sabe el costo. La descomposición social del país es grave. La oposición debe ser consciente de que sin una gran coalición programática -que respete la independencia de cada partido- nuestro futuro de republiqueta amoral es inminente.

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