Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Donald y “Survivor”

El sistema de Netflix gana adeptos. Fue inventado por un estadounidense fastidiado de las multas que le imponían en el videoclub por demorarse en la devolución de películas.

El sistema de Netflix gana adeptos. Fue inventado por un estadounidense fastidiado de las multas que le imponían en el videoclub por demorarse en la devolución de películas.

Y montó un sistema por el que cada afiliado elige el programa que quiere ver, teniendo entre ellos abundantes y variadas series. Hay casos en los que uno puede llegar a sentir que la fantasía que presencia se corresponde con hechos reales.

Las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de América han sido reciente espectáculo y, sobre el candidato triunfador -Donald Trump- se ha dicho de todo. Claramente es un empresario poderoso que se ha hecho a sí mismo, montando un imperio inmobiliario internacional enorme, que no es persona del sistema político establecido con asiento en Washington y, sobre si está en condiciones de gobernar a la primera potencia del orbe, contando con dotes políticas adecuadas se abren interrogantes severas.

Todos tenemos una idea de la responsabilidad que implica ejercer el cargo más poderoso del planeta y de las consecuencias universales que las decisiones a adoptar desde ese sitial pueden alcanzar.

Una serie que se ha comenzado a emitir por Netflix -hasta ahora están a disposición de los usuarios sus dos primeros capítulos- además de la originalidad del planteo, evidencia ante el espectador la situación mencionada precedentemente. Es una obra de la que participa un elenco distinguido de actores, que viene precedida de comentarios que le asignan el valor de ser una defensa de la democracia.

Como mera y parcial muestra paso a relatar lo que narra el comienzo del relato de la serie que se llama Designated Survivor, lo que traducido literalmente significaría el “sobreviviente designado”.

Alude a que en casos en los que en EE.UU. el presidente, sus ministros, la totalidad de los congresales y los miembros de la Suprema Corte de Justicia están reunidos en algún lugar, se reserva a un funcionario de rango ministerial para que tome el cargo que haga falta -igual sea el mandatario de turno- si ocurre una tragedia que perjudica la presencia efectiva de los mencionados. En este caso el protagonista en la ficción es el secretario de Vivienda de EE.UU., Tom Kirman, quien tiene dicho carácter.

En la oportunidad, estando reunido a pleno el gobierno en la convocatoria conocida como el Estado de la Unión, se produce un atentado y mueren todos los presentes. A Kirman -el sobreviviente- a quien se le había notificado que sería cesado el día siguiente a la reunión, lo sorprende una fuerza de los servicios secretos en su casa, mientras está haciendo unos huevos revueltos, vestido de ropa deportiva y le llevan intempestivamente a un refugio atómico de la Casa Blanca con su familia. Rápidamente se le hace jurar como Presidente de los Estados Unidos y debe hacerse cargo de gobernar al país. Allí, amén de otras alternativas, se le pone de inmediato frente a un maletín que tiene los botones para disponer un ataque atómico mundial, y pronto se plantea un enfrentamiento con el mando militar norteamericano, que busca excusas basadas en el atentado para disponer acciones de guerra contra barcos iraníes (el origen del atentado hasta aquí se desconoce).

La ficción narrada, cuando se atiende a los comentarios críticos sobre la razonabilidad del electo Donald Trump, lleva a una asociación de ideas y a pedir a Dios que lo ilumine. Recuerda que la suerte universal está en sus manos.

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