Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Ahora, es ahora

Al cambio de mando presidencial le acompaña un cambio generacional. No es menor.

Cuando el formidable Papa que fue Juan Pablo II dio misa en Tres Cruces, en Montevideo, dijo que toda generación nueva trae consigo la aptitud necesaria para comprender el tiempo en que le tocará vivir. Si esto era válido en el pasado siglo ¡qué decir hoy!, cuando se anuncia la irrupción del 5G, la nueva generación tecnológica en las comunicaciones electrónicas que revolucionará lo existente, y alentará -entre otras cosas- mayor automatización, los edificios inteligentes, los automotores autónomos y las operaciones de microcirugía a distancia con el manejo de instrumentos robóticos.

Ante una realidad tecnológica que ya genera pérdidas tumultuosas de puestos de trabajo en el mundo y en nuestro país, es patético advertir que la dirigencia sindical más notoria, numen e integrante del gobierno que se va, se preocupe esencialmente por la tolerancia hacia las huelgas por abusivas que sean. Y por las ocupaciones de establecimientos que ha expresado la mismísima OIT, en castellano claro, son un comportamiento que no integra el concepto de Libertad Sindical y viola el derecho de los trabajadores que no acompañan las decisiones de los sindicalistas.

Destacaré dos aspectos ante el cambio de mando. Los tiranos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, no están invitados. Los países como tales, lo están a través de sus embajadores en la república, los que han sido invitados. En plena retirada, los responsables políticos de la gestión de nuestra ¿“Cancillería”?, de los últimos quince años han tenido el descaro de criticar la decisión. Siendo los citados regímenes igualmente repudiables en materia de libertades públicas, derechos humanos y bienestar popular, vale tomar como muestra a la Venezuela de Nicolás Maduro.

El Grupo de Lima que nuclea a las democracias más sólidas latinoamericanas no lo reconoce como presidente. Y sí lo hace con el presidente encargado Juan Guaidó, electo por un parlamento legítimo elegido por el pueblo venezolano.

La Unión Europea, sus 27 países (más Suiza, Noruega e Islandia), vanguardia de libertades y democracia social -que por decisión unánime del Parlamento europeo ha equiparado al nazismo con el comunismo, aconsejando incluso así se lo enseñe desde la escuela- ha prohibido a la mayoría de los integrantes del gobierno chavista, pisar Europa.

Recientemente Delcy Rodríguez, “vicepresidente” de Nicolás Maduro de forma subrepticia llegó en un avión al aeropuerto de Barajas, en España. Un ministro del gobierno español la visitó en el avión y se ha provocado un escándalo internacional por la razón expresada.

Hay denuncias respecto a que la jerarca chavista podría intentar trasladar oro y divisas a España, parte del saqueo monstruoso que la tiranía ha hecho de Venezuela. En las decisiones citadas está presente -obviamente- la realidad de cinco millones de emigrantes, y miles de asesinados, torturados y presos por una oligarquía dominada por el narcotráfico.

Si lo anterior da sustento a la decisión del Presidente electo Luis Lacalle Pou, lo otro que merece destaque es el proyecto de ley de urgencia que encara la coalición que integrará el próximo gobierno. Es una propuesta sólida y estudiada, que ataca los males que castigan al pueblo -seguridad, educación, salud, etc.- y que admite discusiones. Ha sabido sacudir el avispero de las incapacidades y la chatura “progresista”, padres de la actual decadencia nacional.

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