Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Entre muros

Construiremos un muro entre nuestro país y México y ellos lo pagarán” -Donald Trump. En el mundo ideal los seres humanos deberíamos poder desplazarnos de un lograr a otro sin más impedimento que el costo del transporte y el esfuerzo o costo que eso implique.

Construiremos un muro entre nuestro país y México y ellos lo pagarán” -Donald Trump. En el mundo ideal los seres humanos deberíamos poder desplazarnos de un lograr a otro sin más impedimento que el costo del transporte y el esfuerzo o costo que eso implique.

También cambiar de residencia, quedarse a vivir adonde uno quiera y por el plazo que a uno le plazca. Pero ni en tiempos de Jesucristo era tan simple, a pesar de que en esa época el mundo tenía una población muchísimo menor a la actual, estimada en solamente unos 300 millones de habitantes. Las fronteras más o menos formales ya tenían unos 3 mil años. Se respetaban o había guerra. El hombre es, entre otras cosas, un animal territorial, se afinca, se aquerencia, se apropia de la cueva o del terreno y lo defiende. Ese espacio es suyo, o por lo menos así lo considera. Allí forjará su hogar y tendrá su descendencia; para sobrevivir, defenderá lo que cree ser suyo, aunque se lo haya quitado a otro recientemente. En general, tiende a vivir en sociedad, la cual se organiza con esos mismos fines, primero en pequeñas bandas, luego en tribus y finalmente en naciones.

Para defender su terruño, su forma de vivir, su bienestar y cultura existieron diversas opciones. Ente ellas, conquistar al vecino y someterlo o protegerse con murallas. En el nuevo mundo que es América, había poco de eso. Quedan fortalezas en Cartagena de Indias, San Felipe del Morro y algunas otras, pero son contadas con los dedos de la mano. En el viejo, los castillos, las fortalezas, las murallas, abundan. La más emblemática sigue siendo la china (5000 km) construida en etapas, entre los años 600 a.C. y 300 d.C., para proteger al Imperio de las hordas mongolas. Otra muralla fue el Muro de Adriano (118 km), levantada ente los años 122 y 124 en Gran Bretaña, para defender el sur de Inglaterra. Con el mismo fin, en nuestros tiempos se irguieron los muros en Ceuta y Melilla, para evitar las hordas de africanos que quieren entrar en Europa vía España. Muchos hemos visto tremendas imágenes de gente escalando los alambres de púa, tratando de ingresar a esos enclaves.

Esto me lleva adonde quería llegar, a la controvertida propuesta del Presidente electo de los EE.UU. mencionada al comienzo del artículo. Para ayudar a la reflexión sobre este espinoso tema es bueno hacer una disquisición empezando porque hay dos tipos de muros: I) para impedir que salga la gente, y II) para evitar que entre.

El primer caso se asemeja a una prisión. Ejemplo de ello ha sido el Muro de Berlín, aunque a decir verdad existía lo mismo a lo largo de la Cortina de Hierro para impedir el paso de los que allí vivían que quisieran escapar del “paraíso de los trabajadores”. Habría que incluir en esta categoría a las naciones que por razones geográficas tienen algo similar. Es el caso de Cuba, una isla en la cual quienes desean partir y que podrían lograrlo normalmente en otros países, el régimen comunista se los ha imposibilitado desde que asumió el poder. Los más desesperados y valientes han tenido que desafiar al mar, la oscura noche, los soplones, las lanchas patrulleras que de abordarlos los llevarían a terminar encerrados por muchos años en prisión, las avionetas que podrían ametrallarlos, las corrientes marinas, las tormentas, los tiburones, la sed, el hambre. Los múltiples riesgos de morir en el intento. Muchos perecieron de esa manera, otros lo lograron.

El segundo caso, es para protegerse de los que quieren entrar. Es el que construyeron los chinos, los romanos en Gran Bretaña, los judíos en Jerusalén, etc. y ahora el que quiere terminar de construir Donald Trump, puesto que ya hay partes edificadas. La idea no es nada amigable para quienes quieren entrar, pero no deja de tener una lógica práctica. En todos lados hay puestos/controles fronterizos, se exigen pasaportes, visados, existen los oficiales de emigración, los guardacostas, la gendarmería, el ejército. Los EE.UU. es una nación en la cual son muchos los que desean entrar para trabajar allí, para ganar dinero, para enviarles remesas a sus familias, e inclusive para afincarse.

A pesar de las falencias de ese nuevo territorio, los inmigrantes esperan encontrar mejores condiciones de vida o más libertad que en sus países de origen. Por su parte, los ciudadanos nativos temen por los derechos adquiridos, por sus puestos de trabajo y porque el bienestar acumulado se les diluya.

Otra cuestión es que el muro sea una barrera efectiva. Seguramente será escalado, franqueado a través de boquetes o por túneles, entrarán con visados de turista y se quedarán ilegalmente, lo harán por mar o caminando a través de la inmensa frontera canadiense. La intención de Trump de que al muro lo paguen los mexicanos no es difícil de implementar. Basta con ponerle impuestos a las envíos de dinero, a las importaciones provenientes de detrás de frontera. Pero no habrá buena solución mientras México y las otras naciones no sean capaces de retener a sus ciudadanos, no con muros, sino ofreciendo un marco institucional que no expulse a la gente. Con desarrollo y buenas oportunidades de crecimiento y bienestar para la gente.

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