Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Termina la Feria

Que el 1º de febrero la Justicia vuelva a trabajar a pleno, es cosa de rutina. Pero este retorno del 2017 no tiene nada de rutinario.

Que el 1º de febrero la Justicia vuelva a trabajar a pleno, es cosa de rutina. Pero este retorno del 2017 no tiene nada de rutinario.

Asomémonos al panorama.

¿Cómo está el Derecho? Venimos asistiendo a su degradación, principalmente en el Estado pero también en el que-hacer privado. Se ha vuelto hábito usarlo débilmente, apenas como “marco normativo” más o menos justificante. Se olvida que su misión es servir como inspiración y mandato para hacer lo más justa posible la relación entre seres huma- nos concretos. Hasta en las situaciones más vidriosas. Siempre.

Es que la Constitución no es una doctrina para especialistas sino un programa nítido que nos obliga a todos, más allá de votos, intereses o clases. Pero la dura realidad es que en un escenario empobrecido por la incultura valorativa y donde se le rinde culto al conflicto, se ignora olímpicamente que el orden jurídico necesita que se lo robustezca en todo instante, empujando el pensamiento hasta sus últimas fronteras. Siempre.

¿Y cómo está la Justicia? Lo mismo como idea pura que como servicio destinado a la gestión práctica, atraviesa un tiempo, ya demasiado largo, de sufrimiento. Por dentro la sostiene un plantel de jueces, actuarios y funcionarios que constituyen una reserva nacional por las virtudes que aplica hasta sin sentir. Obviamente, mantiene prácticas que deberá revisar. Por ejemplo: no es plausible que menudeen las sentencias con discordias y es deseable que se avance a fondo en el diálogo -regla de oro de todo órgano colegiado-, sopesando los argumentos y llevando luz de concordancia hasta para recorrer las mayores espesuras.

Hoy se dispone de un arsenal analítico, lógico y hermenéutico que habilita -e impone- realizar en cada expediente la mejor justicia posible, de modo de educar al país desde el corazón de los fallos importantes. Y eso nos hace falta mucho más que conseguir el visto bueno de los organismos internacionales que miden externamente por estándares.

Pero si por dentro tiene virtudes y siempre tendrá procedimientos a revisar, desde afuera el Poder Judicial viene recibiendo la sistemática agresión del desconocimiento a sus fallos sobre las deudas salariales con su propio plantel.

El empecinamiento del Poder Ejecutivo ha logrado que la frase “Las sentencias judiciales deben cumplirse - Basta de dilatorias” ahora esté integrada al paisaje diario de los Juzgados. ¡Pero evidencia una profanación! Y no es cosa de aceptar callados la contumacia gubernativa ante el reclamo gremial, pasando distraídos ante la gravedad de la afrenta y lo insostenible del precedente.

Para peor, esta desobediencia a los Jueces se suma a múltiples entredichos y a demasiados indicios de que las garantías descaecen.

Por colocar en falsa escuadra a la esencia de nuestro Derecho tan luego cuando el mundo pierde la brújula de los valores perennes, debemos concentrar la preocupación nacional en devolverle cimientos al perfil propio de nuestro modo republicano de vivir.

Para ello, hay que restituirles vigor y congruencia a los principios claros y generales, de modo que el Ministerio deudor se someta al Derecho y a todos se nos reconstruya la seguridad jurídica hoy crujiente.

Y esas son causas que todos debemos defender unidos tras este fin de Feria.

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