Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

La receta cubana

La emigración venezolana es una de las más altas en la historia reciente de nuestra región.

La cantidad de refugiados y emigrantes pasó de 695.000 personas a fines del 2015, a cuatro millones a mediados del año pasado y 4.8 millones a principios de febrero. Esta última cifra incluye 2.354.359 permisos de residencia y de estadía regular concedidos por los gobiernos de acogida en América Latina y 805.099 solicitudes de refugio (países en la región y fuera de ella). Los principales países de residencia son Colombia (641.825 personas), Perú (594.171), Chile (472.827), Argentina (188.041), Brasil (123.507) y Ecuador (107.052). Nuestro país, de acuerdo a esta información concedió 15.606 permisos de residencia y de estancia regular. Los principales países que han recibido solicitudes de la condición de refugiados son Perú, Brasil y los Estados Unidos. Son datos obtenidos a partir de cifras oficiales y probablemente subestiman el número real.

Para poner esos datos en perspectiva: la población de Venezuela aumentó de 28,4 millones en el año 2010 a 30,1 millones en el 2015. Las estimaciones del Banco Mundial indican en el 2018 esa población había disminuido a 28,8 millones de habitantes. Los datos sobre la diáspora venezolana sugieren que esa caída ha continuado.

Por dos motivos: primero, debido a la emigración en si misma; segundo porque es razonable asumir que la mayor parte de los emigrantes son jóvenes que deberían haber formado sus familias y tenido hijos en su patria.

Las causas de esa sangría de ciudadanos son la dictadura y el “Socialismo del Siglo XXI” chavista y el desastre económico y social que han causado. Venezuela, uno de los países más ricos de América Latina, se encuentra en el lugar 96 del Índice de Desarrollo Humano del PNUD. Nuestro país ocupa el lugar 57.

La inseguridad y la violencia política son factores clave.

El Observatorio Venezolano de Violencia, dice que se ha “incrementado la destrucción del pacto social por la suma perversa y en apariencia contradictoria de anomia y autoritarismo, lo cual ha provocado, por una parte, una actuación arbitraria y discrecional de instituciones que incumplen sus obligaciones y violan derechos humanos, y por otra parte, la desconfianza de la población en instituciones y funcionarios cuyo desempeño está sujeto a normativas y regulaciones que son frecuentemente modificadas, con cambios impredecibles y sin un claro fundamento”. La tasa de muertes violentas fue de 60,3 muertes violentas por cada cien mil habitantes. De acuerdo a las cifras del gobierno hubo 5.286 muertos por “resistencia a la autoridad” y 4.632 “muertes en averiguación”. El Estado bolivariano ejerce la violencia represiva a través de sus fuerzas regulares y por intermedio de grupos armados parapoliciales.

La diáspora tiene tres ventajas desde el punto de vista de la dictadura venezolana: primero, descomprime la situación interna al disminuir la demanda por bienes y servicios; segundo, aleja del país a buena parte de la clase media y a las personas más jóvenes que naturalmente se opondrían a tanto abuso; y, tercero, un detalle no menor para un país en crisis económica permanente, los emigrados se esfuerzan en remitir dólares a sus padres y demás familiares en Venezuela.

No es ninguna novedad.

Es la receta cubana.

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