Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Un pasado vigente

El artículo de López Reilly sobre la esclavitud, en El País del domingo 14 de noviembre, contribuye a arrojar luz sobre -como escribió el periodista- “una historia cuyas heridas todavía marcan a una parte de la población uruguaya”.

La esclavitud es una institución antigua -como lo demuestra el origen de la palabra ‘esclavo’- que persiste en muchos lugares. La Organización Internacional del Trabajo advierte que no es solamente una reliquia histórica, sino también una realidad acuciante y estima que en el mundo existen en torno de cuarenta millones de personas sometidas a formas modernas de esclavitud, que incluyen práctica como el trabajo el trabajo forzoso, la explotación del trabajo de deudores, el tráfico de personas y el matrimonio forzado.

Al mismo tiempo, la historia de esta institución, tan sombría, ha tenido una faceta más positiva que fueron los esfuerzos realizados por los anti esclavistas en muchos países (entre los que merece destacarse la campaña pionera emprendida por el británico William Wilberforce y su círculo) quienes, bregando contra el sólido consenso social predominante en su época, impulsaron a los Estados y después a la comunidad internacional a tomar medidas para erradicar, primero la trata y luego la esclavitud en la mayor parte del globo.

Nuestro continente fue el escenario de una forma específica de la trata de esclavos -hubo otras- lo que llamamos la trata transatlántica. Esta actividad mercantil tuvo dos facetas: la compra de los esclavos en la costa del África y su transporte a América (los famosos viajes triangulares) y la trata entre las diferentes regiones americanas (importante en el caso del Río de la Plata).

El mejor conocimiento de nuestro pasado ayuda a comprender quiénes somos.

Afortunadamente, los estudios sobre la trata de esclavos a través del océano Atlántico se han expandido en las últimas décadas. La Transatlantic Slave Trade Database (Tastdb) es un notable esfuerzo para ponerle números a esa actividad. El resultado de la suma de los esfuerzos de investigadores en muchos países -incluyendo el nuestro- reúne y sistematiza la información disponible, y sólida, sobre los esclavos desembarcados y registrados en los países americanos. A partir de esa información, cada vez más completa, la Tastdb realiza estimaciones para aproximarnos, en la medida de lo posible, a la verdadera dimensión de este tráfico.

En total, se estima que en el período 1501-1866 fueron embarcados en la costa africana aproximadamente 12,5 millones de personas y que se desembarcaron en las Américas cerca de 10,7 millones -lo que nos da una idea de la alta mortalidad durante los viajes.

El Río de la Plata tuvo una participación menor en ese éxodo.

En el período 1775-1810 llegaron a Montevideo 437 buques que desembarcaron 45.607 esclavos. En el caso de Buenos Aires, fueron 251 buques y 22.383 esclavos.

Montevideo actuaba principalmente como puerto de transbordo: recibía los esclavos que llegaban en los buques desde África o el Brasil y los reenviaba a Buenos Aires. Desde allí la mayoría era redistribuida en el interior del Virreinato, Chile y el Alto Perú.

En 1805 la población de la ciudad sumaba 9.359 habitantes e incluía 2.866 esclavos, casi un tercio del total, y 440 “morenos” y “pardos” libres. Unos y otros realizaron un aporte fundamental a la sociedad y la economía del Montevideo español.

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