Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Falta de realismo

La visita del Ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular de China produjo una verdadera ebullición declaratoria en la Cancillería de nuestro país.

Sin embargo, es importante analizar con cuidado las palabras del ministro de Relaciones Exteriores chino. Afirmó que su país "ha mantenido una actitud abierta sobre la posibilidad de firmar un tratado de libre comercio con Uruguay como con el Mercosur en su conjunto". Agregó que "Los tratados de libre comercio entre diferentes países es una tendencia ineludible" y advirtió que "es primordial la adaptación de la tendencia en un mundo cada vez más globalizado".

El problema es que nuestro país no ha sido capaz de asimilar esas realidades fundamentales. Continuamos rehusándonos a adaptarnos a la inevitable globalización y nos negamos a reconocer que este modelo de país no es sustentable. En cierto sentido, las palabras del canciller chino tienen un punto de contacto con las declaraciones de los productores rurales reunidos en Santa Bernardina.

Las declaraciones del canciller uruguayo fueron criticadas desde la oposición interna del Frente Amplio (que persiste en defender el modelo no sustentable de país). El senador Mujica dijo que, aunque respalda la intensificación del comercio con China, "La palabra TLC no la quisiera usar porque da lugar a cualquier cosa". Otros opinaron que lo más conveniente sería firmar un acuerdo arancelario y no acordar "nada que tenga que ver con propiedad intelectual, telecomunicación y compras públicas y vinculados a la solución de controversias".

Sería importante conocer qué opina la otra parte sobre estas ideas.

Porque un tratado es, en esencia, un contrato.

Es bueno recordar la clásica definición en nuestro Código Civil: "Contrato es una convención por la cual una parte se obliga para con la otra o ambas partes se obligan recíprocamente a una prestación cualquiera, esto es, a dar, hacer o no hacer alguna cosa". El tratado es un contrato resultado de una negociación entre dos o más países, cada uno con su constelación de intereses, en la cual pesan las posiciones negociadoras relativas de las partes y que culmina en un compromiso en el cual todos sacrifican algo para conseguir algo.

En este caso tenemos, en una esquina, a la República Oriental del Uruguay (3,4 millones de habitantes y un Producto Bruto Interno total de 48.250 millones de dólares) y, en la otra, a la República Popular China (1.376 millones de habitantes y un Producto Bruto Interno de 9.504.208 millones de dólares). China tiene suscritos 16 tratados de libre comercio (incluyendo con Chile, Costa Rica, Perú, Australia y Nueva Zelanda).

Los países negocian sus tratados de comercio de acuerdo a sus intereses y utilizan modelos más o menos preestablecido que se hallan vinculados entre sí.

Para mencionar un ejemplo, los asuntos considerados en el tratado de libre comercio China Nueva Zelanda, suscrito en el 2008, incluyen: comercio de bienes, normas de origen, procedimientos aduaneros, medidas sanitarias y fito-sanitarias, barreras técnicas, comercio de servicios, inversiones, propiedad intelectual y transparencia. Desde la entrada en vigencia del tratado el valor de las exportaciones de Nueva Zelanda a China (que incluyen leche en polvo, manteca y queso) se han cuadruplicado.

Pedir lo imposible es lo mismo que decir no.

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