Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Una ilusión traicionada

Generalmente se piensa que los problemas de un partido político son asuntos internos y cada partido debe cargar con ellos y enfrentarlos sin que los de afuera metan la cuchara.

Generalmente se piensa que los problemas de un partido político son asuntos internos y cada partido debe cargar con ellos y enfrentarlos sin que los de afuera metan la cuchara.

En el caso del Frente Amplio las cosas cambian sustancialmente por varias y evidentes razones: el Frente Amplio es el gobierno del país (con mayorías absolutas) y, además, se sustenta en una cultura y en un relato en el cual medio Uruguay se interpreta a sí mismo y se identifica. ¿Qué está pasando en el Frente Amplio? Ha tenido extraordinaria repercusión en las redes y en los medios el vigoroso y dolorido mensaje de Legaspi titulado “hasta aquí llegó mi amor” en el cual declara su abandono del Frente y los motivos que lo han llevado a ello. Ese planteo no habría tenido tanta repercusión si no fuese que ha puesto en palabras la indignación que subleva a muchos uruguayos y que se trata de un asunto moral más que político.

“No puedo seguir siendo frenteamplista” dice Legaspi, “sería ser cómplice”. Valenti habla en El País del “uso de la mentira” y agrega estar “harto de la mentira que abortó la comisión investigadora sobre los negocios con Venezuela y el Fondes”. Soledad Platero se ocupa del asunto en “La Diaria” con la claridad de exposición que la caracteriza y describe la tragedia, porque de tragedia se trata. Ella subraya que “se trata de cuestionamientos morales: si se mintió, si se despilfarraron fondos públicos, si no hay voluntad de investigar, si se acallaron las voces disidentes, si se protege a fabuladores y corruptos”. Creo -esto ya es opinión personal- que en la secuencia del razonamiento de Soledad Platero se oculta la raíz del mal. Conozco a muchos frenteamplistas que, al no poder dejar ya de ver lo que durante tanto tiempo no vieron, dicen: está bien la denuncia de la corrupción, la invocación de la ética y todo lo demás, pero hay un solo dilema y una sola contradicción válida: después de todo, ¿de qué lado estás, del lado del opresor o del oprimido? Y todo lo demás es chafalonía. He aquí el error en su simpleza fatal. Aquí se apoya la justificación, la legitimación y hasta el aplauso a todas las trampas, falsedades y acomodos que han hartado a Legaspi, a Valenti y a muchos otros.

El pecado original es sostener que hay un solo dilema, una sola contradicción en la vida; de allí nace, como consecuencia lógica, que haya un solo lugar digno para situarse, (un solo partido, una sola verdad, una sola Pravda). Fidel Castro decía que el pluripartidismo era la pluriporquería. Fatal error. El pluripartidismo es la garantía, como lo es la pluralidad de prensa. No es uno sino varios los dilemas y territorios de contraposición que la vida plantea: también hay que elegir entre la verdad y el engaño, entre la libertad y la sumisión y varios más.

La corrupción nace solita entre los que se aferran a la opción única: como para ellos allí está el único lugar respetable, artífice de la historia y la liberación, entonces hay que perdonar sus tropiezos, ocultar sus miserias y desmentir sus fechorías. El resultado es un encanallamiento colectivo e institucional. Así pasó con el P.T. en Brasil, con el kirchnerismo en Argentina y está pasando con el Frente Amplio en Uruguay. Hubo en estas tierras una ilusión que acabó siendo emponzoñada y corrompida por sus propios dirigentes, (por los titulares de la empresa, sus portavoces, funcionarios y paniaguados, cada uno a su miserable medida).

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