Javier García
Javier García

Hasta luego

Mañana será un día histórico, asume Luis. Luego de 30 años ejercerá el Partido Nacional el gobierno, en coalición con cuatro partidos políticos, de ahí también lo singular.

La expectativa que despierta este 1° de marzo es increíble. Es la caballada que hoy llegará lo más pintoresco, pero también el abrazo en la calle y el “no nos fallen”. Sobre todo, esto último, porque ahí está depositado el peso de la responsabilidad. Los uruguayos quieren cambiar, necesitaban oxígeno político. Por eso votaron un Parlamento tan distinto al que estaba, y llevaron de más del 50% de bancas al 39% al FA. Nuestro Parlamento es la representación más exacta que existe en el mundo respecto a la voluntad popular, ningún voto queda en el camino sin representarse allí.

Por eso y a pesar de lo que digan las redes y los militantes electrónicos, que pertenecen a los sectores más cautivos y menos independientes de la política, el mandato es bien claro: no nos fallen. Y lo prometido es sencillo: un gobierno transparente, justo, que dé oportunidades y que defienda a los ciudadanos en su integridad física y material. Un gobierno que se haga cargo de los problemas, no que garantice la felicidad porque eso lo hace cada uno, pero que no se la quite a nadie.

Entre nosotros los Orientales tenemos también que cambiar actitudes, salir de la chatura, darle valor profundo al éxito personal o familiar. Todos lo queremos, (¿quién aspira a no tener logros?) desde las cosas más simples y mundanas de la vida, pero lo escondemos porque los uruguayos aceptamos que somos grises. Y es verdad. “Voy tirando”. “Bien, o te cuento”, son los clásicos uruguayismos para escondernos en la grisura y no desentonar. Nos enseñaron que es mejor pasar desapercibidos en la montonera de la mitad de la cancha. No muy adelante, ni tampoco muy atrás.

En esa montonera mediocampista es que fermentó el FA, con un discurso que acható al que desafiaba esa norma y lo castigó desde el Estado. Porque hay algo que es claro, el uruguayo es emprendedor pero la ecología estatal no lo deja, lo castiga si se desprende del pelotón. La chatura de nuestro país, que tiene todo para lanzarse para arriba, es fruto de una práctica política y gubernativa agobiante. Que invita a no arriesgar y transforma en sospechoso al que progresa. (“¿En qué andará que le va tan bien?”).

Mañana empezamos un camino que enfrentará esa cultura del “más o menos” que nos hace tanto mal. Hay que alentar a los que van para adelante, a los que empujan. Necesitamos muchos líderes: en la economía, en la sociedad, en la cultura, en la ciencia, en la empresa. Un gobierno que dé lugar a que despeguen muchos y que arrastren para arriba a todos. Vamos a dejarnos de jugar al empate, tenemos todo, nos falta un gobierno que se anime a premiar el esfuerzo. Hacia allí vamos.

El presidente Lacalle Pou me pidió colaborar desde el Poder Ejecutivo. Por eso, dejaré esta columna semanal que hace 16 años “El País” me ofreciera gentilmente. Desde aquí, en el acierto o en el error, transmití mi pensar, frontalmente. Para aquellos que sintieron la dureza del debate, que tengan la tranquilidad que lo hicimos desde la convicción y la buena fe. A todos quienes nos acompañaron con su lectura, muchas gracias. Escribí aquí, como milito, con pasión y amor a mi país y a mi Partido. Serviré de cuerpo entero, ahora, desde otra trinchera cívica.

¡Viva la Patria!

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