Javier García
Javier García

De los fundillos

La izquierda no puede resolver sus contradicciones internas. No solo perdió el encanto sino también el rumbo y la coherencia. En materia económica alimenta con devoción un Estado obeso, pero en materia de seguridad es ranciamente privatizador, su Estado es escuálido. Sentó la peregrina tesis de que los espectáculos deportivos son privados y que deben controlarlos empresas (capitalistas) de seguridad. La Policía que tiene el monopolio en el uso de la fuerza, ausente de las canchas.

La izquierda no puede resolver sus contradicciones internas. No solo perdió el encanto sino también el rumbo y la coherencia. En materia económica alimenta con devoción un Estado obeso, pero en materia de seguridad es ranciamente privatizador, su Estado es escuálido. Sentó la peregrina tesis de que los espectáculos deportivos son privados y que deben controlarlos empresas (capitalistas) de seguridad. La Policía que tiene el monopolio en el uso de la fuerza, ausente de las canchas.

El bochorno del domingo es el paradigma de la improvisación y de la incompetencia política para defender a la gente de bien. Alcanzaba ver el nerviosismo de las autoridades del ministerio y de los principales jerarcas policiales, de la Republicana y del inspector Layera, para darse cuenta que no tenían control de lo que pasaba. No sabían qué hacer. Estaban asustados por las consecuencias y así presenciamos por televisión una cosa increíble: en estado de asamblea, en tumulto, dirigentes de fútbol, policías, trabajadores de la recaudación y personas desconocidas participaban, alocadamente, de decisiones anárquicas donde nadie ejercía la autoridad. Que desalojen y empezamos, decía el jefe de la Republicana, y al rato un nervioso Layera desmentía y decía que no. Por suerte y gracias a Dios la garrafa golpeó a cinco centímetros de la cabeza del policía, si no hoy la tragedia sería sin retorno. La tesis peregrina del espectáculo privado sin policías es lo que provocó esto. No es que la Policía deba entrar a desalojar, debe estar adentro antes de que entre el primer hincha. Disuadir. Con cachiporra en mano de un agente, nadie se hace el loco en una tribuna. Ideologismos absurdos de la izquierda, la falta de límites y de ejercicio de la autoridad es la causa primera de esta situación donde las mafias ocuparon los lugares que el Estado abandonó por decisión política.

Ahora la gran solución, dicen, son las cámaras de “identificación facial”, que ayudarán sí, pero tampoco la pavada porque hoy en día en los estadios hay miles de cámaras (los celulares), una en cada bolsillo de un espectador, que identificaron a los delincuentes el domingo. Lo primero no son las cámaras, sino la voluntad política hasta ahora ausente. Los clubes tienen responsabilidad, pero antes la tiene un gobierno que abandonó su responsabilidad.

Ahora Tabaré Vázquez en un gesto desesperado para tratar de frenar el bochorno, cambia la pisada. De lo que había defendido hasta el viernes públicamente, la tesis privatista, se pasa ahora a “agarrar del forro” a los violentos. No es bueno que para demostrar autoridad se ande a los bandazos con vulgaridades. Más que un presidente agarrando “del forro” o de los “fundillos” para “meter de cabeza” en un patrullero a los mafiosos, se necesita uno que asuma que es presidente hace dos años, que ejerza el mando y termine con el relativismo en materia de seguridad. El Ministerio del Interior es una olla de grillos, donde los barrabravas tienen acceso privilegiado y donde el ministro está inhabilitado para enfrentarlas.

Desde España, el presidente olfateó el costo político que está pagando por su inacción y debilidad ante el MPP de Mujica que sostiene a Bonomi. Por eso, ya que anda tomando “de los fundillos”, debería aprovechar el impulso y no quedarse a medio camino y también de ese lugar agarrar al ministro (y al vice, su hermano) y sacarlos… de cabeza.

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