Ignacio Sienra
Ignacio Sienra

La ignorancia nos cuesta carísimo

Fue excelente el editorial del diario de fecha 12 de enero en cuanto a las opiniones del economista Bergara, respecto a la “patria financiera”.

Fue excelente el editorial del diario de fecha 12 de enero en cuanto a las opiniones del economista Bergara, respecto a la “patria financiera”.

Nos encontró justo, en pleno análisis de la ley sobre secreto bancario y normas de transparencia fiscal que ya fue votada a las apuradas sobre fin de año para dar cumplimiento a algunos requisitos estándar del imperialismo que ejercen las grandes potencias. Como lo expresó el senador Heber, se han arrastrado ante ese “poder” haciendo deberes por anticipado y dejando al Uruguay como un paisito pusilánime. Justo este gobierno y esta fuerza política que se llenaba la boca durante medio siglo repudiando cualquier cosa que proviniera del imperio yanqui.

Por supuesto, atrás de ello hubo, como lo expresó en entrevista a El País el Dr. Leonardo Costa, especialista en materia tributaria, una delibe-rada intencionalidad recaudadora.

El debilitamiento del secreto bancario en Uruguay, con la promulgación de estas normas, nos debe provocar por lo menos una gran tristeza; fue orgullo para nosotros y resultado de un trabajo legislativo notable.

Posteriormente, la industria del Cumplimiento se ha montado en el mundo a partir de los atentados de las Torres Gemelas. Los Estados Unidos reaccionaron y dieron respuesta al mundo, con lo que se ha denominado la Ley Patriótica, que es una inmensa enmienda a la Ley de Secreto Bancario del año 1971.

Esta ley abarca infinidad de temas y detenta errores propios de cualquier acto legislativo que tenga origen en una reacción ante el atentado más brutal que ha recibido dicho país. Pero ha quedado demostrado que el financiamiento de dicho atentado fue ridículo: se llevó a cabo manteniendo a nueve individuos que alquilaron apartamentos por menos de un año, tomaron cursos para pilotar Boeing 737 (sin asistir a las clases que enseñaban aterrizaje), y la suma que se requirió no pasó los US$ 300.000. También quedo demostrado que no se utilizó el sistema financiero, sino que el dinero les fue enviado a los terroristas mediante mecanismos ancestrales, como el “hawala” que consisten en operaciones de banca informal, de entrega de dinero en cantidades pequeñas, entre agentes conocidos.

Todo lo que vino después han sido mecanismos para lograr recaudar impuestos, desde los blanqueos en la Comunidad Europea, hasta OCDE y Fatca (el sistema americano que se creó con la única finalidad de que los ciudadanos tributen con independencia de donde tengan sus ahorros).

Bergara y los técnicos de este gobierno ¿no saben que a Estados Unidos han ingresado enormes cantidades de capital no declarado? ¿No saben que Delaware sigue siendo un Estado libre de impuestos, y que Puerto Rico, no está alcanzado ni por Fatca ni por OCDE?

Entonces, no encontramos razón lógica y racional, para abandonar la rica historia de nuestro país como plaza financiera, seria, robusta, segura y predecible.

Y nada que ver tiene toda esta porquería legislativa nacional, con la colaboración internacional contra el lavado de activos y el terrorismo. El Uruguay ha estado siempre comprometido con ello. Lo que motiva estos cambios es nada más y nada menos que la voracidad recaudadora, la ignorancia y la sumisión de nuestros gobernantes ante el poder internacional.

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