Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Keynes y Hayek, hoy

Los setenta y los ochenta fueron el escenario para el fracaso práctico del keynesianismo y su repliegue teórico, al tiempo que se volvió la mirada a las ideas liberales en busca de una salida para la crisis y en la batalla de ideas recuperaron su predominancia.

Algunos países recuperaron oxígeno y lograron despojarse de parte del esclerosamiento al que lo habían llevado las políticas keynesianas, los mercados volvieron a ser relevantes, las finanzas controladas y una inflación baja, una virtud, y se abrió el comercio y se comprendieron errores del pasado pero, en términos generales, el Estado, en cuanto a su peso en la economía, no retrocedió o lo hizo escasamente.

Los noventa fueron años en que la prédica liberal pareció ganar la batalla, aunque su práctica fuera más mixta. Bush padre aumentaba impuestos para lograr reducir un déficit creciente por el aumento del gasto público, mientras su sucesor Bill Clinton declaraba que la era de Estados grandes había pasado. En el Reino Unido el gobierno laborista de Tony Blair también demostraba como se habían incorporado algunas ideas liberales con una acción que procuraba una tercera vía (una vez más).

En nuestro siglo la crisis de 2008 fue interpretada por muchos como una crisis del capitalismo liberal, aunque entre sus causas estuvieran la regulación estatal y la acción de empresas paraestatales. Más recientemente la evolución de China hacia una posición en favor del libre comercio, con un Estados Unidos en repliegue mientras Putin declaraba que el liberalismo era obsoleto, marcan la complejidad contemporánea.

El debate entre Keynes y Hayek marcó el siglo XX y algunas de sus pautas siguen impactándonos hoy. Cuál es el límite adecuado para la acción del Estado, la propia estabilidad del sistema de mercado o la necesidad o no del Estado como agente para lograr equilibrios o desequilibrios siguen siendo parte de nuestro debate. También se han incorporado otros temas que no formaban parte de sus preocupaciones y los nuevos tiempos exigen otros análisis y diferentes respuestas.

Así como es posible rastrear desde la Antigua Grecia líneas que separan las tradiciones intelectuales en que se encuentran casi todos los seres pensantes, en la medida en que el debate trata sobre ideas de fondo seguirá teniendo valor y en ese sentido lo tiene el que mantuvieron Keynes y Hayek. Incluso muchos de los temas prácticos que debatieron, como las mejores instituciones para el manejo de la economía internacional, todavía tienen un interés concreto para nosotros.

En cualquier caso, se trata de dos figuras descollantes, que tuvieron diferencias importantes, pero también coincidencias, como hemos intentado reflejar en esta serie de artículos. Enfrentaron a los totalitarismos de su tiempo, de izquierda y de derecha, con igual desprecio y ambos valoraban la civilización occidental y sus logros, aunque discreparon abiertamente en la forma en que debía defenderse.

Incluso sobre la forma en que debatieron tenemos mucho que aprender. Muchas veces su intercambio fue duro, pero también supo de momentos de reconocimiento y aprecio personal. Ese respeto y gusto por el intercambio con quien piensa distinto, analizando a fondo y con honestidad sus argumentos, es otro de los legados poco visitados de Keynes y Hayek.

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