Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Chicos rudos

A los chicos de Adeom les gusta jugar rudo. No es de ahora. Llevan en este negocio muchas décadas y la realidad les ha enseñado que jugar rudo da buenos dividendos.

A los chicos de Adeom les gusta jugar rudo. No es de ahora. Llevan en este negocio muchas décadas y la realidad les ha enseñado que jugar rudo da buenos dividendos.

Acostumbrados a arrancarle a los gobernantes todo tipo de conquistas mediante el sencillo expediente de tirarle a los contribuyentes en contra, han vuelto a hacer de las suyas. Los montevideanos asisten pasmados a un conflicto que adquirió dimensiones desproporcionadas, al menos entre el tenor de los reclamos y las graves consecuencias que Adeom les obliga a padecer.

Sí, claro que los sucesivos gobiernos departamentales tienen responsabilidad en la situación que se generó, pero no resulta aceptable que el sindicato se escude en la imprevisión del pasado o las decisiones administrativas del presente para justificar su desprecio por la gente.

Si el movimiento sindical uruguayo incorporara a sus protocolos de conflicto la “cultura Adeom” (por llamarlo de algún modo) los uruguayos tendríamos frecuentes apagones, cortes del agua potable y desabastecimiento periódico de combustible. Por suerte, los trabajadores de UTE, OSE y Ancap saben que aún el derecho a la huelga, consagrado en el Art. 57 de la Constitución y legislado a medias, tiene un límite. Lo significativo de la tradición sindical uruguaya es que este límite es autoimpuesto, al menos mientras los legisladores sigan desoyendo el mandato del constituyente de reglamentarlo. Cuando los sindicalistas hablan con orgullo de su madurez y responsabilidad, se refieren a eso: tener el coraje de renunciar a ciertos márgenes de su derecho, en consideración a los sufrimientos que, un ejercicio desaprensivo y egoísta del mismo, le haría pagar a la población, integrada básicamente por sus familiares, amigos y hermanos de clase.

Nada de esto cuenta para Adeom, cuyos dirigentes y militantes aprietan los botones rojos sin el menor pudor cada vez que lo creen necesario para satisfacer sus intereses. Como saben que la incorporación de tecnología y la reestructura de los servicios de limpieza de la Intendencia les hará perder poder de aquí a poco, arremeten contra la Administración sin reparar en detalles.

Quizás tengan, formalmente, el derecho a dejar la basura sin levantar con temperaturas de 34 grados, convirtiendo a la ciudad en un basurero a cielo abierto y dejándola al borde del riesgo sanitario. Quizás los montevideanos puedan incluso soslayar que tienen funcionarios de recolección que ganan unos 45.000 pesos al mes, dos veces lo que un maestro del escalafón más bajo. Lo que no resulta posible es que las dos cosas ocurran al mismo tiempo.

Con tal de darle a quienes a quienes administran los recursos de sus empleadores (que no otra cosa son) donde más les duele, Adeom opta recurrentemente por el camino del desprecio hacia la población. Pero esta vez parece que se encontraron con la horma de sus zapatos.

El intendente Martínez decidió contratar camiones y palas mecánicas para enfrentar esta crisis y amenazó con llegar a decretar la esencialidad llegado el caso. Claro que estamos una vez más ante un problema de familia. Tratándose de relaciones entre gobernantes frentistas y sindicatos afiliados al Pit-Cnt, nunca hay que descartar lo peor.

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