Promocionada por el gobierno durante tres años como la única solución para AFE, se acaba de informar que se suspendió la idea de asociar a ese ente -perpetuamente deficitario- con capitales privados. El anuncio lo hizo su presidente, León Lev, quien declaró que no existen condiciones para llevar adelante este proyecto.
Con esa frase se refería seguramente al veto que opuso el gremio a la idea de inyectarle capitales privados a AFE, lo que es una muestra más del creciente dominio sindical en el manejo de las empresas del Estado, las cuales, hay que decirlo una vez más, no son propiedad exclusiva de quienes laboran en ellas sino de todos los ciudadanos.
Con esta decisión quedan frenados los ambiciosos planes que los anteriores directores del ente presentaron a la opinión pública y que apuntaban a desarrollar -con nuevos capitales- el transporte ferroviario del Uruguay. Compañías vinculadas a la logística y a las actividades navales y forestales se habían interesado en una asociación capaz de revitalizar en poco tiempo y con modernas tecnologías el transporte de carga por vía férrea. Hubo conversaciones con compañías de los países vecinos y de otros más distantes como EE.UU., China y Japón, todas ellas interesadas en el relanzamiento de este organismo estatal para transformarlo en un puntal del desarrollo comercial del país y en un alivio para las carreteras nacionales que hoy soportan la mayor parte del tráfico de mercaderías.
De este modo, AFE renuncia a un futuro ahíto de nuevas posibilidades, el que le había abierto un decreto firmado por Tabaré Vázquez a principios de este año en el cual se autorizaba al ente a integrar una sociedad anónima con capitales privados que podían llegar a reunir el 51% de las acciones, aunque el Estado uruguayo mantenía la posibilidad de vetar ciertas decisiones.
La empresa queda así destinada a padecer la falta de capitales, el pesado ritmo de la administración pública y una conducción en donde el sindicato tendrá una fuerte influencia. A juzgar por lo que ocurre en otros entes en donde la prioridad parece ser la de servir a sus funcionarios antes que al país, el futuro de AFE no luce demasiado promisorio.