Embajador en bajada

La diplomacia requiere prudencia, habilidad negociadora, discreción y perfiles más bien bajos. Estos atributos no han distinguido por cierto la gestión del Embajador argentino Hernán Patiño Mayer, y su carencia se siente dramáticamente. Si se le compara con lo actuado por nuestro Embajador en Argentina, un diplomático de carrera que habló poco e hizo mucho, queda bien marcado el contraste.

Patiño hace un tiempo se destacó por acompañar las protestas de sus compatriotas propietarios de mansiones en Punta del Este, dolidos por el monto de los impuestos que se les cobraba, a ellos como a todo el mundo. Parecería que a su criterio, la nacionalidad puede gravitar para tratamientos tributarios disímiles en gravámenes a la propiedad.

Pero los aspectos más cuestionables de la actuación del Embajador afloraron nítidamente en estos últimos tiempos de turbulencia rioplatense.

Francamente no pegó una. Se excedió abiertamente en su exposición a los medios, se repitió en apariciones y declaraciones insustanciales, y no estuvo feliz en algunas de sus conclusiones y afirmaciones que llegaron a lo asombroso. Así por ejemplo, cuando se le hizo notar que Argentina tenía montadas fábricas de celulosa de alta contaminación, contestó con altivez que el tener su casa sucia no habilita a nadie a ensuciarle la vereda, como si la caridad bien entendida no empezara justamente por casa.

Y acaba de reincidir en sus desplantes cuando se supo que la estrategia Argentina se orientaba ahora a conminar a organismos internacionales de crédito para la financiación de las obras. En contra de su certeza en que Argentina cumpliría el fallo de La Haya, esta manera de proceder es exactamente la contraria a la que sugiere el catorce a uno de los votos de los jueces al señalar que no existe riesgo actual de contaminación y al recomendar a los dos países entablar negociaciones para solucionar el conflicto de buena fe, aspecto este que el Embajador no parece haber atendido, o entendido.

Y pretender aclarar que la prepotente medida proyectada no afecta al Uruguay sino a las empresas -que quieren radicar su inversión en Uruguay- es inadmisible.

Una lástima.

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