EDITORIAL

Voltereta en el aire

Mario Bergara expresó en Twitter su “vergüenza” por el resultado de la votación que, para él, avala “el relato macabro de Gavazzo”. ¿Acaso eso no fue lo que hizo antes, la firma del presidente Vázquez?

Pocas cosas hay más evidentes en la agenda informativa nacional que las estrategias de comunicación del Frente Amplio. Hay momentos en que alguien les baja línea de que tienen que pegarle a Lacalle Pou y ahí salen varios ministros y dirigentes a coro, a criticarlo por el barrio donde vive o por sus antecedentes laborales, en paralelo a ignotos operadores que en las redes sociales le inventan delitos.

Después el cartón ligador es Larrañaga y viene otra andanada de críticas a su iniciativa de reforma de la seguridad pública, acusándolo de que infunde temor, cuando justamente la acción del precandidato blanco apela a lo contrario, a “vivir sin miedo”. A veces, el plan de comunicación del FA la emprende contra nuestro diario. Nuestro equipo de periodistas entrevistó al ex represor Gavazzo y obtuvo de él testimonios de terrible crudeza, esclarecedores de la saña con que operaba en los años de plomo y durante la dictadura. Pero en lugar de agradecer ese trabajo, el oficialismo salió en bloque a darnos palos, acusándonos de dar voz a un personaje que no la merece. La vieja práctica de matar al mensajero. ¡Durante cuarenta años han estado reclamando que los militares de los setenta rompan el silencio y, una vez que El País lo consigue, nos atacan por eso! Lo más insólito que escuchamos en aquel momento fue un argumento del presidente del FA, Javier Miranda. Interpretó la entrevista a Gavazzo como una provocación de El País contra los colectivos de defensa de los derechos humanos, en los días previos a la celebración de la Marcha del Silencio. Dijo que era como si alguien publicara una entrevista a Hitler en la víspera de la conmemoración del Holocausto. ¡Vaya si tendría valor un interrogatorio periodístico a ese genocida del siglo XX!

En estos días está ocurriendo exactamente lo mismo con el voto negativo del Senado al retiro de los militares que integraron el Tribunal de Honor, por la ya famosa confesión de Gavazzo que “se le escapó” al presidente Vázquez y que solo se supo gracias a la prensa libre. Algo que sin duda les ha molestado notoriamente.

El argumento esgrimido por la oposición para negar la venia es de una claridad que no resiste debate alguno: la responsabilidad de la grave omisión acaecida no es de los integrantes del Tribunal, ni siquiera del injustamente cesado ministro Menéndez, sino pura y exclusivamente del presidente (o a lo sumo del secretario Toma, a quien Vázquez protege a capa y espada). Con buen criterio, los partidos Nacional, Colorado e Independiente no se plegaron a convertir a los jerarcas castrenses en chivos expiatorios de una omisión presidencial. Pero vea el lector cómo se activó de nuevo la máquina comunicacional del FA: ya desde la discusión en la cámara, simplificaron el debate a un conflicto entre defensores y enemigos de los derechos humanos.

Los argumentos de la oposición fueron calificados como “una serie de artilugios para no asumir la responsabilidad de remover generales” por el senador Pardiñas.

“Con cada voto que haya hoy en el Senado, estamos definiendo la historia del país”, dijo épicamente el senador Michelini, reclamando “coraje para hacer lo que se debe hacer” (debió decir “lo que conviene al presidente que se haga”).

Martínez Huelmo, por su parte, colocó a la oposición en el rol de defensores de “quienes nos metieron picana y submarino”, algo que cabría más bien a quien, estando en conocimiento del delito desde la Torre Ejecutiva, nada hizo para denunciarlo.

Juan Castillo llamó a votar la venia para “seguir combatiendo la impunidad y sus efectos en el presente”, habiendo debido empezar por señalar a quien homologó el fallo del Tribunal de Honor con su propia firma, apañando así al impune.

Pero la estrategia de dar esta voltereta propagandística en el aire, excedió el recinto legislativo y tuvo eco en los mensajes de los precandidatos oficialistas.

Daniel Martínez dijo que “la resolución del presidente apuntaba a lograr que esto no quedara como una cosa nimia” y Mario Bergara expresó en Twitter su “vergüenza” por el resultado de la votación que, para él, avala “el relato macabro de Gavazzo”. ¿Eso no fue lo que hizo antes la firma del presidente Vázquez?

Y en el trasfondo de todo esto, el gobierno aprovecha esta pirueta para polarizar de nuevo con la oposición, en un tema de sensibilidad pública.
Ocurrente manera de zafar de otros problemas acuciantes y de urgente consideración, como el déficit creciente, la corrupción campante, el Titanic educativo y el desastre de la seguridad ciudadana.

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