Vivir con miedo

No es novedad que los montevideanos sufren cada vez más la inseguridad. Quién más, quién menos, todos han vivido directamente un hurto o una rapiña, o conocen a un familiar o a un amigo que ha sufrido el accionar de la delincuencia en estos últimos años.

No es una sensación térmica. Es un cambio de vida que se instaló entre nosotros.

La Guía Básica de Recomendaciones para la prevención de delitos y autocuidados que publicó recientemente la Policía, refleja la fría narración de esos cambios de hábitos que llegaron para quedarse. Allí se dan decenas de consejos a la ciudadanía para protegerse de la acción delictiva. Y algunos de ellos dejan implícitamente claro el terrible grado de inseguridad en el que vivimos. Vale la pena fijarse en detalle.

En la calle, no hay que ostentar objetos de valor, como ser celulares, relojes, pulseras o collares, o contar el dinero, para evitar llamar la atención. Tampoco se debe abrir la billetera o cartera delante de extraños. La Policía recomienda también que al circular por la vereda, el vecino piense en hacerlo siempre por el centro de la misma y en dirección contraria al tránsito, porque así resulta más fácil percibir cuándo se puede estar aproximando un automóvil o una motocicleta sospechosa.

Las prevenciones no terminan allí. De ser posible, no se debe ir solo a realizar compras, sino que hay que ir acompañado. Si se fue a un banco, a la salida hay que observar bien hacia todos los lados, para tener la seguridad de que no está siendo seguido. Si piensa en tomarse un ómnibus, se recomienda llevar el dinero justo en la mano para pagar el boleto, y evitar llevar celular u objetos de valor en forma visible, para no llamar la atención.

Si de lo que se trata es de andar en automóvil de noche, al parar en un semáforo en rojo hay que dejarlo engranado por si se percibe la aproximación de personas sospechosas. En lugares que el automovilista considere peligrosos de la ciudad, hay que reducir la velocidad antes de aproximarse a los semáforos en rojo. Se evita entonces parar del todo el vehículo y poder llegar así a ser asaltado en una esquina. De ser posible, siempre hay que andar con vidrios cerrados y puertas trabadas. Nunca hay que exhibir paquetes y otros objetos a la vista en el automóvil, sino que hay que pensar siempre en ponerlos en el maletero. La Policía recomienda también no hostilizar a los cuidacoches, para así evitar que el vehículo pueda resultar damnificado al quedar solo.

En el hogar, dentro de otras tantas recomendaciones, la Policía señala que al salir o retornar a la residencia el vecino observe las proximidades. Si constata la presencia de un extraño o sospechoso, no debe entrar sino que hay que llamar a la Policía.

Para los hijos también hay varios cuidados recomendados, dentro de los cuales está el orientarlos para que no se desvíen del trayecto casa-centro de estudios-casa sin previo aviso; y si estudian de noche, hay que dejarlos y esperarlos en la parada del ómnibus para que no circulen solos por la calle.

Lo más relevante de estas recomendaciones, que seguramente muchos de los montevideanos ya ponen en práctica de forma usual, es que fueron hechas por la Policía para los departamentos de San José y de Rivera. Leyó bien. Esos numerosos y pequeños cambios de hábitos que terminaron haciendo mella en la calidad de vida cotidiana de los capitalinos y que reflejan ese miedo diario a ser asaltado, ahora son los que recomienda la Policía para dos ciudades del interior del país, una cerca de Montevideo y la otra bien distante. Y seguramente, aquellos que residan en Maldonado, Paysandú o Salto, por mencionar tres ciudades importantes del Interior, también debieran de prestarles atención si de lo que se trata es de prevenir y cuidarse de la inseguridad.

Hubo un tiempo no tan lejano en el que no eran necesarias estas recomendaciones, ni en Montevideo ni en el Interior. Hubo un tiempo en el que los uruguayos no tenían que pensar dos veces antes de salir de noche a comprar algo pendiente para la cena en el almacén de la esquina, o antes de enviar a su hijo a hacer esa compra menor. Los cuentos de no detenerse en el semáforo en rojo por miedo a un asalto eran propios de ciudades violentas de Latinoamérica, de las que estábamos muy lejos.

Ese tiempo se terminó.

Ahora la Policía guía a los vecinos en una prevención de delitos, que lo que en realidad hace es ponernos frente al terrible espejo de nuestro miedo cotidiano a la inseguridad, que no es solo en Montevideo sino en todo el país.

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