EDITORIAL

Vivir sin miedo y el mundo popular

En este contexto, la campaña de “Vivir sin miedo” fue una respuesta clara a una demanda urgente y muy preocupada que sobre todo se verifica en los barrios populares. Y el asunto tiene su importancia electoral muy amplia.

La campaña en favor de un plebiscito de reforma constitucional que lideró el senador Larrañaga, “Vivir sin miedo”, fue un rotundo éxito con relación a la recolección de firmas. Pero además, mostró hasta qué punto el tema planteado es de primer interés por las clases populares del país.

En efecto, la campaña superó las 400.000 firmas presentadas, cuando en realidad legalmente solo precisaba alcanzar unas 270.000 para que se llevara adelante el plebiscito junto con las próximas elecciones de octubre. Ya allí quedó claro que la gente estaba preocupada por el tema de la inseguridad, y que notoriamente un sector del Partido Nacional había canalizado de esta forma un reclamo ciudadano muy importante.

Pero lo más relevante ha llegado con los resultados de una reciente encuesta de Cifra divulgados la semana pasada. Si las elecciones fueran el próximo domingo, el 58% de los habilitados para votar lo haría en favor del plebiscito impulsado por la campaña “Vivir sin miedo”, y solo un 23% respondió que votaría en contra de esta iniciativa. La adhesión es pareja y alta tanto en el Interior como en Montevideo, 62% y 52% respectivamente.

Lo más llamativo aquí son los resultados de esta encuesta en función del nivel socioeconómico de la población. En efecto, en el sector popular, es decir en el nivel socioeconómico más bajo, la propuesta de reforma constitucional recibe una adhesión del 72% de los consultados. En el otro extremo, en el sector medio alto y alto, el apoyo es del 45% del total de entrevistados.

Para cualquiera que sepa y entienda lo que hoy en día está ocurriendo en los barrios populares estos resultados no debieran de parecer extraños. La ola delictiva que afecta a todo el país, con aumento de la tasa de homicidios, de las rapiñas y de los hurtos a niveles nunca antes vistos en nuestra historia moderna, es incluso mayor cuando se analizan los resultados estadísticos de las zonas en las que residen las personas de niveles socioeconómicos más bajos.

Así, por ejemplo, en todas partes aumentaron las rapiñas y los hurtos. Pero en las zonas populares, una familia ya no puede salir toda junta a tomar mate el domingo a la plaza, porque si deja sin gente su casa por largo rato, es muy probable que a su regreso del paseo haya sido desvalijada. En todas partes aumentaron los homicidios, pero en los barrios populares de Montevideo no pasa una semana sin que haya al menos un asesinato violento de un joven menor de 30 años que, además, casi nunca termina siendo aclarado por la Justicia. Y es que la verdad es que hace por lo menos tres años que la tasa de homicidios en las zonas populares de la capital es comparativamente de las peores del mundo.

En este contexto, la campaña de “Vivir sin miedo” fue una respuesta clara a una demanda urgente y muy preocupada que sobre todo se verifica en los barrios populares. Y el asunto tiene su importancia electoral muy amplia, más allá de la suerte particular del precandidato presidencial Larrañaga en su interna partidaria: por primera vez en mucho tiempo, los blancos logran tener la iniciativa en un tema que realmente preocupa al mundo popular y que no está siendo para nada resuelto por el gobierno del Frente Amplio.

Así las cosas, en los barrios en los que en los últimos balotajes el respaldo al candidato presidencial frenteamplista superaba con holgura y casi siempre el 60%, resulta que la campaña “Vivir sin miedo” tiene una traducción de apoyo electoral que, según la encuesta de Cifra, es ampliamente mayoritario. Este es el dato clave, porque en definitiva importa mucho la decisión que tome ese grupo socioeconómico tan numeroso con respecto a su elección partidaria: allí, sin duda, se juega buena parte de los resultados de octubre y noviembre de este año.

Si, como sugiere esta encuesta, el problema de la inseguridad termina traduciéndose en un fuerte apoyo a una iniciativa tomada por un principalísimo dirigente de un partido desafiante como es Larrañaga, entonces es razonable pensar que puedan estar efectivamente debilitándose los cimientos del bastión electoral frenteamplista situado en el mundo popular y urbano de la capital del país.

Es cierto que falta mucho para las elecciones. Pero también es cierto que desde 2004 nunca se habían visto resultados tan contundentes en favor de una iniciativa de origen blanco como la que mostró la encuesta de Cifra con relación al apoyo al plebiscito de “Vivir sin miedo”. Es una novedad y es muy importante para la suerte electoral del Partido Nacional en su afán de alcanzar el gobierno.

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