EDITORIAL
diario El País

Virus, vacunas y política

El recrudecimiento de la pandemia en Uruguay, si bien estos últimos días parece dar alguna señal positiva, ha caldeado el debate político.

Nuevamente, dirigentes de la oposición se apuran en salir a buscar flancos débiles en el gobierno. Y “pegan” sin demasiado tino ni estudio, mostrando que siguen actuando como un boxeador que tras sufrir un duro castigo, llega al último round sin saber a donde golpear.

En esta semana, dirigentes de peso como los senadores Mario Bergara o Charles Carrera han tenido la escasa delicadeza de buscar hacer caja política menor, acusando al gobierno de no tener un programa claro para el inicio de la vacunación masiva contra el coronavirus. Y han señalado que varios países de la región, ya han comenzado a vacunar sin que Uruguay tenga siquiera fechas tentativas para eso.

La realidad es que hay países como Chile o Costa Rica que sí han comenzado procesos de vacunación serios con los productos de Pfizer-BioNtech, pero en cantidades realmente insignificantes para su tamaño de población. Vale recordar que este laboratorio se había comprometido a fabricar 100 millones de dosis antes de fin de año, pero problemas logísticos los obligaron a cortar esa cifra a la mitad. En el caso de Moderna, la otra vacuna aprobada y con buena información disponible, su producción es aun menor, y un acuerdo con el gobierno de EE.UU. obliga a que 120 millones de dosis que estima producirá entre diciembre y marzo, queden en el mercado de aquel país. Apenas 20 millones irán para el resto del mundo.

El problema con la dirigencia opositora, más allá de no encontrar narrativas válidas para mellar el apoyo popular al gobierno, es que miran demasiado TV argentina. Es asombroso la cantidad de dirigentes del Frente Amplio que siguen deslumbrándose con los excesos retóricos, y el discurso polarizante que marca todos los temas importantes en el país vecino. Ver la operación mediática realizada por aquel gobierno, para mandar un avión a Rusia a buscar un embarque de vacunas, la forma en que el aparato estatal es usado sin pudor alguno para batir el bombo del partido en el gobierno, debería mostrarnos todo lo que no hay que hacer en esta materia. Pero algunos insisten.

Con el mismo tono al filo de lo humorístico con el que algunos dirigentes han clamado por que el estado “ponga freno a la pandemia”, otros asesores del Frente Amplio reclaman negociaciones a nivel de gobiernos y no con empresas. Si ese fuera el caso, hay 100 países más poderosos e influyentes que nosotros para adelantarse en la cola. Pero además, en el caso de Pfizer por ejemplo, se trata de un acuerdo entre una empresa americana y otra alemana, donde no aceptaron dinero de ningún gobierno. ¿Con quien quieren negociar de “estado a estado”?

También es necesario señalar un detalle sobre lo que pasa con las vacunas. En el caso de Argentina, se va a usar la rusa Sputnik V, que no tiene información pública suficiente como para conocer ni su efectividad ni su seguridad. Científicos de primer nivel mundial han cuestionado la opacidad de su proceso, e incluso en Rusia se ha frenado hace pocos días un ensayo masivo considerado clave. Nadie va a cuestionar la calidad de la ciencia rusa, pero tampoco que la transparencia en esta investigación científica no es todo lo clara que debería. Y que antes de inyectar a cientos de miles de compatriotas con un producto químico, hay que tener todas las garantías.

De todas formas, es verdad que el gobierno parece tener un debe en materia de información en este asunto. Todo el episodio de la salida de un funcionario de tercer orden que habría dicho a los representantes de Pfizer que no nos interesaba su vacuna, no ha sido bien explicado. Tampoco en qué está el proceso de negociación con los laboratorios, al menos para que la población sepa cuales son los obstáculos, y en qué fecha se podría iniciar un proceso de vacunación. Proceso que, por nuestra escala, se podría realizar de manera muy rápida.

A esta altura parece claro que el cambio de año no traerá el final de esta pesadilla. Que tendremos que seguir cuidándonos nosotros y a las personas queridas, al menos por unos meses más, hasta que se aclare este panorama. Y cruzando los dedos porque este leve freno en el alza de casos, signifique una inflexión motivada por el cambio de actitud de los uruguayos. Para lo que tampoco traerá un fin el cambio de año, es para la mezquindad de algunos dirigentes de la oposición. Que ya han dado muestras más que suficientes de que ningún tema les genera pudor, a la hora de intentar golpear al gobierno. Ni siquiera, cuando está la salud pública de por medio.

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