EDITORIAL
diario El País

El virus y la ideología

En medio de toda esta emergencia de carácter histórico y excepcional, hay gente que busca aprovecharla para sacar alguna ventajita política.

Particularmente los partidarios del marxismo estatista exacerbado, que de distintas formas en estos días intentan afirmar que la situación actual se agudizaría por culpa del “neoliberalismo”, de un culto excesivo a lo individual versus la solidaridad. Incluso hay quien ha señalado la ventaja que habría tenido China por sobre otros países, por tener una organización política centralizada.

¿Cómo contrarrestar estos argumentos? Empecemos por el principio.

Salvo tal vez los cultores de un anarquismo extremo, ningún pensador liberal serio ha planteado nunca la extinción total del Estado. Justamente, todos estos intelectuales siempre han defendido que el Estado y el gobierno tienen como razón clave de su existencia, el manejo de cuestiones como la salud y las emergencias públicas. Cosas que muchas veces no hacen bien, por ponerse a fabricar perfumes o plantar marihuana.

Otro elemento interesante para el análisis es que todas las constituciones liberales, empezando por la nuestra, prevén institutos para ocasiones de emergencia excepcional, en los cuales los derechos individuales quedan limitados en aras del beneficio general. El problema es la gente que gustaría volver norma lo excepcional, y pisotear con cualquier argumento, los derechos individuales.

Ahora, esto es en aspectos muy “macro”. Corresponde también entrar a hilar más fino en otros temas. Por ejemplo, ha surgido una andanada de emoción colectiva porque la Universidad de la República estaría generando un sistema de testeo del virus que puede ser clave para enfrentar la pandemia. Desde Carolina Cosse, hasta el rector Arim, pasando por los atentos comunicadores compañeros (siempre que el amor no se les haya acotado por no haber recibido una onda pública), han salido a exhibir esto como un logro del Estado, del que se creen en buena medida dueños.

Lo primero que cabe decirle a esta gente es que pueden aprovechar ahora que su estatua está mejor ubicada, para pasar a rendir homenaje al general Manuel Oribe, fundador del Partido Nacional, y de la Universidad de la República. Aunque es probable que a don Manuel, un defensor radical de la institucionalidad, de las leyes, y amante de la libertad, no le gustaría mucho ver lo que han hecho algunos con su proyecto. Donde se homenajea con salones al Che Guevara, o se expulsa a docentes capaces por no ser afines a ciertas ideas totalitarias.

Lo de la Universidad es genial, y aplaudible. Pero también es parte de su responsabilidad. Para algo los uruguayos invertimos millones cada año en ella. Y vale recordar a algún despistado que muchas de las mejores universidades del mundo, las que patentan por año más productos que benefician a todos, son privadas. O sea que lo cortés, no quita lo valiente, vamos.

Mientras el planeta busca resolver una emergencia sin precedentes, hay algunos que buscan aprovechar la situación para promocionar sus ideologías totalitarias y sus visiones liberticidas, apelando a falacias y medias verdades.

Otra comparación ruin que se ha hecho es entre países que tienen sistemas de salud pública, y quienes apuestan a lo privado. La senadora Cosse, por ejemplo, ha sacado a luz la tontería supina de hablar de lo malo de que algo como la salud pueda depender de “la oferta y la demanda”. La senadora parece olvidar que la comida es tan importante como la salud y está en manos de la oferta y la demanda, y nunca hubo menos hambre en el mundo. Pero también es interesante ver que los tres lugares que mejor han capeado este temporal sanitario, Taiwan, Singapur y Hong Kong, son los que tienen menos presión fiscal del mundo, y sistemas de salud más privatizados. ¿Acaso pedimos eso para Uruguay? Pues no, pero los hechos son los hechos.

Por último, sobre las “ventajas” de vivir en un país con el poder político centralizado como China, sin medios de comunicación libres, sin molesta oposición política, sin un SMU que salga a tirarte la opinión pública en contra si no hacés lo que ellos quieren, vale recordar cómo empezó todo esto. Varios expertos médicos alertaron al gobierno chino que debía tomar medidas rápidas a fines de noviembre sobre este tema. Entre ellos el Dr. Li Wenliang, que terminó muriendo víctima del virus, luego de ser amenazado por la policía de que si seguía hablando del tema, sería encarcelado.

Esta emergencia mostrará al final cuales sistemas son más efectivos para controlar una emergencia, si los de poder central o los esquemas descentralizados y de poder disperso. Pero lo que no hay dudas es que en situaciones “normales”, la abrumadora mayoría de la gente prefiere tener la palabra final sobre qué hacer y cómo manejar su vida, en vez de que lo haga un comité de burócratas todopoderosos.

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