EDITORIAL
diario El País

La violencia y la mentira

El nuevo ministro del Interior, Luis Alberto Heber, presentó el martes las nuevas cifras sobre criminalidad en el país. Y las mismas confirman las tendencias que se perciben sistemáticamente desde el cambio de gobierno: una caída estrepitosa en todos los delitos y crímenes.

Entre enero y junio de 2021, frente a igual período de 2020, los homicidios bajaron un 26,4% (131 contra 178); las denuncias por rapiñas, un 17%; las denuncias por hurto descendieron un 10,2%; denuncias de violencia doméstica, un 12,5%; y las de abigeato, un 43,3%. El ministro también presentó cifras del último trimestre (abril a junio) de 2021 frente al mismo período de 2020. Si se miran esos meses se registraron 21% menos de homicidios, 1,2% menos de hurtos, 5,7% menos de rapiñas, 9,8% menos de denuncias de violencia doméstica, y 47,5% menos de casos de abigeato.

Según la cobertura publicada en este diario ayer, el ministro afirmó que “los números son muy buenos y contundentes”, e hizo hincapié en que de las cifras se desprenden tres reflexiones. Una, dijo, que se cortó el alza de la cifras de delitos que se venía dando en la gestión del Frente Amplio. “Fue quebrada ya en 2020”, dijo en alusión a la gestión que venía desarrollando Jorge Larrañaga. La segunda reflexión que le ameritan estas cifras a Heber es el “éxito de una coordinación entre la Policía y Fiscalía en materia de persecución criminal”. La última, fue que se terminó con “aquella resignación que había sobre que la violencia (en la sociedad) no se podía resolver”.

Particularmente nos gustaría centrarnos en este último punto, que es el que tiene mayor valor conceptual. Pero antes se exige hacer un paréntesis.

Buena parte de la argumentación de quienes ningunean (o ninguneaban, porque ya no se los escucha tanto) este proceso de derrumbe de las tasas de delitos, es que sería un proceso global, fomentado por las medidas de reducción de la movilidad para frenar la pandemia de coronavirus. Claramente esto no es verdad. Primero, porque hay muchos países donde los delitos o no cayeron en pandemia, o ya han vuelto a crecer de manera significativa a medida que se han ido levantando las restricciones. Un ejemplo claro de esto es México, donde los últimos meses han mostrado un fuerte aumento de los homicidios. Y, vale señalar, otros delitos como la violencia intrafamiliar, nunca disminuyeron.

Por encima de eso, vale la pena destacar un estudio reciente publicado en la revista Nature y que cuenta entre sus autores al uruguayo Nicolás Trajtenberg, que muestra que la caída de delitos, con mucha diferencia entre país y país, ha sido bastante extendida en el mundo. Pero con un apunte clave. Según el estudio “a mayores restricciones a la movilidad, mayor caída de los índices de criminalidad”. Todos sabemos que Uruguay fue un país donde se aplicaron pocas restricciones forzosas a la movilidad. Es más, quienes reclamaban con mayor énfasis aumentar estas restricciones, y acusaban al gobierno de estar cometiendo un genocidio por no ser más duros en esto, no dirán ahora que son esas “ausentes medidas de restricción” las responsables de estos números... ¿O sí?

Algo no cierra. Los mismos políticos y periodistas que con más énfasis acusaban al gobierno de no tomar medidas drásticas para reducir la movilidad, por otro lado afirman que esa reducción sería la que permitió la fuerte baja de los delitos.

Pero volvamos al tema manejado por el ministro Heber. Durante casi una década, el argumento usado por los Bonomi, los Carrera, los Paternain y su coro de periodistas amanuenses, era que lo que padecíamos era una realidad imposible de modificar. Que todo se basaba en las miserias de una sociedad injusta y desigual, que naturalmente generaba en muchos sectores la apelación al delito como única forma de supervivencia. Que teníamos que resignarnos a estas tasa de delitos casi centroamericanas.

La realidad mostró que todos mentían. Algo que en muchos políticos del Frente Amplio ya sorprende poco, como hemos visto en forma lamentable en la campaña de recolección de firmas contra la Ley de Urgencia. Claro que esos políticos ya han cambiado de página, y ahora gente que defendía con pasión su inoperancia en el ministerio del Interior, como el hoy senador Carrera, ya no habla de estos temas, y para reciclarse de la noche a la mañana en experto portuario.

Pero es más revelador cuando quienes quedan en falsa escuadra son comunicadores y periodistas. Sobre todo porque ilustra la forma en que el Frente Amplio ha usado y se ha beneficiado de la apelación de figuras afines, para generar una suerte de consenso mediático de que sus fracasos no eran tales. De difuminar la responsabilidad de cuestiones concretas, en culpas generales atribuibles al “sistema”, a la “coyuntura” o a la falta de solidaridad de la gente. Una gran mentira que ahora queda en evidencia de manera inapelable.

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