EDITORIAL

Vientos de cambio

Las reacciones de muchos dirigentes frentistas responsabilizando a la gente por el resultado, demuestran que no entendieron nada y eso también explica en buena medida el revolcón que se llevaron el domingo.

Los resultados de la elección del domingo dejaron un panorama claro hacia la segunda vuelta de octubre, con un Frente Amplio notoriamente disminuido con una votación por debajo del 40% y una oposición que sumada lo supera ampliamente. Como han afirmado varios politólogos por estos días, el panorama es muy similar al de la elección de 1999 cuando el Frente Amplio votó 40% y fue derrotado ampliamente por el Partido Colorado en el balotaje.

Notoriamente es un resultado en el que el candidato Luis Lacalle Pou parte con una gran ventaja, pero evidentemente sería un error dar la elección por ganada. Por eso mismo está demostrando asumir el compromiso con madurez, ya inició los contactos con los demás candidatos de la oposición y la futura coalición de gobierno está en proceso de concretarse.

En este punto es que se observa la tarea paciente, metódica y exitosa de Luis Lacalle Pou de los últimos años. El no haber agredido nunca a ningún partido ni candidato, por el contrario, el haber tendido puentes con el Partido Colorado, Cabildo Abierto, el Partido de la Gente y el Partido Independiente hoy le permite plantear con naturalidad la posibilidad de un gobierno multicolor que asumirá el compromiso con el país.

La dinámica de la noche del domingo no fue producto del azar, es el trabajo y la planificación de mucho tiempo plasmada en unos pocos minutos. Si el resultado electoral ya era contundente como para esperar un triunfo opositor en noviembre, la cascada de apoyos de los restantes candidatos parece estar sellando la suerte de la elección. Ernesto Talvi manifestó con contundencia su apoyo a Lacalle Pou, así como lo hizo Guido Manini Ríos. Ambos, además, anunciaron que harán campaña por Lacalle Pou y recorrerán el país pidiendo el voto a sus simpatizantes.

El apoyo de Edgardo Novick y Pablo Mieres y sus respectivos partidos, aunque de menor peso electoral y parlamentario, también pone de manifiesto la amplitud de la coalición opositora que se presenta como favorita para la segunda vuelta.

Aquí está la razón por la cual, pese a que el Frente Amplio fue el partido más votado, el domingo festejaron los blancos: mientras el Frente Amplio se miró el ombligo los últimos 15 años gobernando en solitario y despreciando y atacando permanentemente a todo el resto del sistema, el Partido Nacional tuvo una actitud diametralmente opuesta, buscando acuerdos con los demás, incluso soportando ataques sin contestarlos en varias ocasiones. La misión fundamental de liderar el cambio en el Uruguay primó con gran responsabilidad por sobre cualquier otra condición, lo que no es un mérito menor.

Esta semana ya hemos comenzado a observar las primeras entrevistas de los candidatos de noviembre con una gran disparidad de resultados. Mientras Daniel Martínez estuvo en los canales de televisión balbuceando frases inconexas y en general incompletas, sin decir nada más allá de que piensa que todavía puede pelear la elección, Lacalle Pou se mostró sólido y convincente, reafirmando su estrategia para ganar la elección, para formar gobierno y para poder gobernar.

Mientras Daniel Martínez dijo que tiene coincidencias con Talvi y que piensa hablar con él, Talvi ya expresó su apoyo a Lacalle Pou, que hará campaña por él y se reunirán esta semana para conversar sobre los acuerdos programáticos indispensables. La conclusión es clara, ahora es tarde para tratar de buscar apoyos entre quienes se acusó de “rosaditos” entre otras lindezas que es mejor no reproducir. Las mismas reacciones de muchos dirigentes políticos frentistas luego de la noche del domingo responsabilizando a la gente por el resultado demuestran que no entendieron nada, y eso también explica en buena medida el revolcón que se llevaron el domingo.

Es tiempo entonces de que la futura colación de gobierno siga trabajando: si hace lo que debe hacer seguramente el último domingo de noviembre el país tendrá un nuevo gobierno que pueda devolverle la esperanza luego del deterioro sufrido en los últimos años. La elección es clara, entre un gobierno de entendimiento amplio y ancha base para encarar los cambios que el país necesita o un continuismo inconducente, dominado de forma cada vez más clara por adoradores de Maduro que desprecian la democracia.

Soplan vientos de cambio en el Uruguay y con ellos la posibilidad cada vez más cercana de un gobierno multicolor encabezado por el viejo partido de la Nación, que se ha mostrado a la altura de las circunstancias.

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