EDITORIAL
diario El País

Se viene el fin del mundo

El nivel de exasperación que la oposición está imprimiendo al clima político, no solo es insalubre para el sistema democrático. Sino que es insostenible, y terminará minando la ya decaída credibilidad del Frente Amplio ante la sociedad.

En poco más de una semana hemos observado un frenesí de denuncias, anuncios catastróficos, reclamos indignados, por temas que no tenían el más mínimo viso de seriedad. Veamos simplemente algunos de los más ruidosos.

A mediados de la semana pasada, el ministro de Educación Pablo Da Silveira, informó de inconsistencias en las cifras de beneficiados de los planes de asistencia alimenticia en las escuelas. Y que iniciaría una investigación para ver si las enormes cifras que invierte la sociedad en estos programas (¡más de un millón y medio de dólares por semana!) se estaban usando bien. ¡Para qué!

Desde filas del Frente Amplio salieron varios de dirigentes de alto nivel, y muchos más del otro, a denunciar un malvado plan neoliberal para recortar la comida a los niños más necesitados. Las redes morales explotaron de indignación impostada, ratificando los preconceptos más tontos, como que al gobierno no le importa la gente, y todo lo habitual.

Al punto que Da Silveira fue llamado al Parlamento a dar explicaciones, cosa que hizo con meridiana claridad. Pese a lo cual, si bien los legisladores de la oposición se dieron por satisfechos, su armada en las sombras siguió operando con el discurso infantil de insensibilidad neoliberal. Ya sea por especulación política, por miedo a lo que resulte de la investigación, o por simple mala fe.

En poco más de una semana hemos observado un frenesí de denuncias, anuncios catastróficos, reclamos indignados, de parte de la oposición, por temas que no tenían el más mínimo viso de seriedad.

No pasaron tres días que estalló otra ola de indignación solidaria y progresista. Resulta que varios dirigentes del Frente Amplio denunciaron un recorte feroz a los programas que financia la Agencia Nacional de Investigación e Innovación. “Se cierra temporalmente la ANII, se bajan los salarios y las jubilaciones. ¿Está bueno cambiar?”, dijo el senador Andrade. “Pésima noticia, cerrar los programas de ANII es mutilarle las posibilidades al Uruguay innovador que tanto necesitamos. Una muestra clara de que es imposible aplicar un recorte feroz sin afectar áreas sensibles”, dijo Pablo Ferreri. Y así uno tras otro, los opositores mostraron su sensible indignación.

¿La realidad? Se mantiene la financiación a todos los programas, y lo que se hizo fue frenar la asignación de nuevos fondos, hasta que se evalúe cuales serán las líneas a las que apostará esta institución, a cuyo rol, la llegada de la pandemia, ha cambiado radicalmente el enfoque. ¿Alguien se puede sorprender que en momentos en que hay que financiar investigación sobre el coronavirus, se detenga para pensar con calma adónde conviene poner la poca plata disponible?

Pero la cosa no quedó ahí. En esos días, una persona que dormía en la puerta de un comercio fue afectada por un incendio, del cual aún no está claro el origen. De inmediato, varios dirigentes del FA atribuyeron el hecho a una especie de odio a los pobres. Gente como el exdirector del Mides, Federico Graña directamente dijo que “quienes prendieron la llama” eran los dirigentes blancos, colorados, cabildantes, que durante años habrían criticado que “se mantengan pichis y cosas así”.

La realidad es que, si bien no está del todo claro lo ocurrido, la policía detuvo a un adicto que vivía en el barrio, y que las cámaras de seguridad muestran que pasó junto a la víctima segundos antes del incendio. O sea, una persona que no vivía en Carrasco, ni en Malvín, ni se bajó de un Porsche, fósforo en mano. Sino que el principal sospechoso comparte quintil con la víctima, y nadie puede señalar que habría odio de clase involucrado en el hecho. ¿Las disculpas de Graña y su troupe sembradora de resentimiento? Te la debo.

No fueron estos los únicos hechos. Estuvo la agresiva salida del señor Héctor Guido, dirigente del MPP, exjerarca municipal, y directivo de El Galpón (aquel estalinista que expulsó a Franklin Rodríguez por criticar al FA) directamente insultando al ministro de Educación porque no se abren los teatros. El mismo Guido que hace unos meses, literalmente exigía una cuarentena forzosa.

O sea, en apenas una semana, contamos cuatro denuncias tremendas, contra un gobierno que asumió hace 4 meses y que está enfrentando una pandemia. Denuncias ancladas además en una supuesta mala fe, odio al pobre, ignorancia cultural. Un discurso de un maniqueísmo infantil, que genera un clima asfixiante de mantener durante cinco años. Y que solo revela la falta de superación de la derrota electoral, y un divorcio profundo con la sensibilidad de las grandes mayorías del país.

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