EDITORIAL

La vergüenza continúa

La “colcha de retazos” y la falta de transparencia que hay en los denominados “negocios con Venezuela”, que tuvieron su origen en la primera presidencia de Vázquez y alcanzaron su esplendor con Mujica, explican el silencio genuflexo con el régimen de Maduro.

La 8ª Cumbre de las Américas se realizará el 13 y 14 de abril de 2018 en Lima, donde los jefes de Estado y de Gobierno de las Américas abordarán un tema central: "Gobernabilidad democrática frente a la corrupción".

Más allá de la presencia del presidente de los Estados Unidos, hasta ahora indiferente a la realidad del continente, la expectativa está centrada en qué pasará con la participación —o no— del dictador venezolano. Hace tiempo ya que Nicolás Maduro gobierna sostenido por las puntas de las bayonetas, con desprecio por la democracia y abundante corrupción, lo que llevó a que el entonces presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, le retirara la invitación y el nuevo mandatario, Martín Vizcarra, mantuviera la decisión.

El gobierno peruano, a instancias del Grupo de Lima (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú) le comunicó que no era bienvenido "conforme a lo establecido en la declaración de Quebec, adoptada en la III Cumbre de las Américas en 2001" que dice: "Cualquier alteración o ruptura inconstitucional de orden democrático en un Estado del hemisferio constituye un obstáculo insuperable para la participación del Gobierno de dicho Estado en el proceso de Cumbres de las Américas". ¡Y vaya si Maduro —con el sostén de las Fuerzas Armadas— ha roto el orden democrático en su país!

La reacción de Maduro fue la típica de este torpe ejemplar de la especie humana: "¿Me tienen miedo? ¿No me quieren ver la cara? Pero me van a ver. Porque llueva, truene o relampaguee, ahí estaré".

La sensación generalizada es que, más allá de la falta de invitación, Maduro no va a concurrir a la Cumbre. En primer lugar, en Perú hay más de 100.000 venezolanos según cifras de la Superintendencia Nacional de Migraciones, que han tenido que escapar del hambre y la falta de libertad en su país, y que sin lugar a dudas se volcarían a las calles para hacerse oír fuerte si pisa Lima. Y en segundo lugar, porque no se lo ve bancando las severas críticas a su régimen que recibiría de los gobiernos de la región.

Y en todo este episodio, nuevamente fue triste y penosa la actitud del Gobierno uruguayo. Dio su respaldo a Maduro en otra muestra de sumisión. Después que la respuesta del dictador al pueblo venezolano en la calle fuera de 154 muertos y centenares de presos políticos, que la farsa de un Poder Judicial independiente asombrara al mundo, que se bloqueara un muy constitucional referéndum revocatorio, que el Parlamento legítimo surgido de las elecciones de diciembre de 2015 fuera disuelto, desalojado y expulsado por una Asamblea Nacional Constituyente inconstitucional y fraudulenta, que se convocara a un simulacro ilegítimo de elección presidencial, el gobierno de la República Oriental del Uruguay vuelve a abrazarse con él, en clara señal de solidaridad.

No hay dudas de que en esta decisión influye mucho una parte grande de "la colcha de retazos" y la falta de transparencia que hay en los denominados "negocios con Venezuela", que tuvieron su origen en la primera presidencia de Tabaré Vázquez y alcanzaron su esplendor en la era Mujica. Los pasaportes de notorios frenteamplistas están llenos de sellos del aeropuerto Simón Bolívar y hasta allí llegaron para ofrecer (y concretar) servicios informáticos, casas prefabricadas, arroz, trigo, pollos, lácteos. Todo servía cuando la gruesa billetera de Chávez dilapidaba las ganancias del petróleo caro y todo sirve ahora para justificar el silencio genuflexo.

Alcanza con recordar la explicación que el presidente Vázquez dio cuando Uruguay acompañó la "suspensión" de Venezuela en el Mercosur. Según el presidente, fue por temor a que sus socios aplicaran represalias contra el país y se adoptaran medidas de carácter "comercial" que pudieran perjudicar a Uruguay. Gravísimo. El voto uruguayo no fue por la constatación de que Maduro y sus embestidas contra el pueblo venezolano y la democracia eran indefendibles, sino por la presunta presión de sus socios.

Ahora de nuevo les preocupa Maduro. ¿Acaso no saben que ha perdido todo apoyo popular y que juega todos sus boletos al respaldo de las fuerzas armadas para mantenerse? Es muy claro. Y si no lo ven es porque no quieren. La historia —y la realidad— enseñan que no se puede dar un golpe de Estado, disolver un Parlamento elegido por el pueblo, fraguar elecciones, reprimir en las calles la desobediencia civil y tomar presos políticos sin el apoyo de las armas y de quienes las poseen.

Lo peor es que todo el Frente Amplio es cómplice y culpable de apañar no sólo lo que pasó, sino también lo que va a seguir pasando en la Venezuela de Maduro.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos