EDITORIAL

Verdades disimuladas

Del más de millón de personas habilitadas para votar en Montevideo, Martínez recibió allí menos de 45.000 votos en total. Y no es que no fuera conocido en la capital, precisamente, sino todo lo contrario.

Las elecciones internas dejaron varias conclusiones de enorme importancia. Todas ellas son bastante evidentes, pero importa señalarlas con claridad porque, como en la mayoría de los casos muestran perjuicios para los intereses electorales del Frente Amplio (FA), pasan muchas veces desapercibidas. Son minimizadas por la pléyade de comentaristas y analistas que son tan numerosos como afines a la izquierda.

En primer lugar, una reflexión muy relevante de las elecciones del 30 de junio refiere a la enorme vitalidad de la democracia uruguaya. No solamente porque votó el 40% de los habilitados sin que fuera obligatorio, sino porque todo se hizo con garantías, en paz y con talante republicano. No hay por tanto que creerse el cuento de que nuestra democracia está mal, o que hay desconfianza ciudadana en los partidos políticos o problemas de representación de nuestras dirigencias partidarias. Por el contrario, la gente votó con ganas, se afianzaron procesos de renovación partidarios en base a votos, y ganaron en protagonismo nuestros viejos partidos.

Lo que sí ocurrió, y no debe confundirse con lo anterior, es que el Frente Amplio sufrió un enorme golpe ciudadano al recibir casi 50.000 votos menos que en la instancia similar de 2014, bajando fuertemente su porcentaje de apoyo. Ocurrió entonces que la gente, votando, dio una clara señal de rechazo ciudadano al oficialismo, de enojo sobre la representación del FA, y de molestia, no contra la democracia sino directamente contra el FA.

En segundo lugar, esa molestia de la gente quedó en evidencia con el apoyo que recibió el ahora candidato del FA. Del más de millón de personas habilitadas para votar en Montevideo, Martínez recibió allí menos de 45.000 votos en total. Y no es que no fuera conocido en la capital. Estamos hablando de quien fue ¡Intendente!, desde 2015 hasta hace unos pocos meses.

Que menos del 5% de los ciudadanos que mejor conocen a Martínez, por tratarse de su reciente jefe comunal, hayan decidido expresarle su apoyo en elecciones voluntarias, habla a las claras de su rotundo fracaso político y electoral. Y que eso no sea destacado como una de las deducciones más obvias de las elecciones del pasado 30 de junio, habla del enorme peso de la hegemonía discursiva de los analistas pro izquierda, que tratan de disimular verdades tan evidentes como perjudiciales para la suerte electoral futura del FA.

En tercer lugar, quedó muy expuesto que la renovación generacional del FA pasa por sus sectores más radicales. El asunto está personalizado, claro está, en la candidatura de Andrade, que logró un apoyo que parecía a priori inesperado, pero que se transformó a partir del pasado 30 de junio en un dirigente importante pensando en un horizonte electoral y político más de largo plazo.

Al contrario del caso de Andrade, que recibió tan fuerte apoyo electoral interno, quien pretendió renovar el liderazgo del espacio de izquierda más moderado- astorista, el candidato Bergara, sufrió un rotundo fracaso electoral. Bergara terminó votando menos que el candidato Antía entre los blancos y que el candidato Amorín entre los colorados. Se trata así de resultados que ratifican que la renovación del FA será de signo radicalizado, y que no debe disimularse tras las simpatías que Bergara cosecha en el mundo izquierdista-progre-moderado-universitario (y francamente minoritario dentro del Frente Amplio).

La cuarta conclusión y que es una verdad de a puño, es que el Partido Colorado (PC) renació en este 30 de junio con un perfil liberal socialdemócrata que está llamado a ocupar un espacio político y electoral que competirá directamente con el ala más moderada del FA.

A nadie escapa que el protagonismo electoral del astorismo y grupos afines en estos casi quince años de gobierno frenteamplista fue en paralelo al debilitamiento del PC. Y por tanto a nadie puede escapar tampoco esta verdad que no debe pasar disimulada: el renacer del PC, con perfil propio, ambición programática y renovación dirigencial encarnada en Talvi, amenaza directamente los intereses electorales globales del FA. En este sentido entonces, si la balanza se inclina hacia un escenario de tercios electorales en donde el PC ocupe un lugar más destacado que el que fue el suyo en las elecciones de 2004, 2009 y 2014, quien tiene los mayores apoyos para perder será, sin duda, el FA.

Todas estas verdades disimuladas trazan un horizonte electoral y político muy complejo para el futuro del FA. Todas ellas son evidentes y hay que poner énfasis en que sean conocidas por la opinión pública.

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