editorial

Venezuela, la dictadura sin careta

La situación no es nueva. Pero se va agravando semana tras semana para vergüenza de toda Sudamérica, y en particular del malhadado Mercosur. Se trata del imparable camino dictatorial que ha tomado la Venezuela chavista.

En primer lugar, la visita de Marcel Granier, periodista y presidente de Radio Caracas Televisión, medio de expresión que fuera cerrado por la dictadura chavista, dejó claro entre nosotros que la situación en Venezuela es cada vez más grave. No solamente por la falta de libertades públicas más elementales, sino también por una evolución económica muy negativa que hace temer lo peor en materia de abastecimiento de productos básicos para los venezolanos.

El régimen de Maduro ha perdido completamente el norte en materia de organización económica de su país: entre los tipos de cambio múltiples, el mercado negro de dólares, el desabastecimiento general, la búsqueda de chivos expiatorios en el extranjero —¿qué otra cosa fue la campaña contra los colombianos en la región de frontera entre esos dos países?—, y las perspectivas de hiperinflación para 2016 con crecimiento negativo de su PBI, Venezuela está al borde del abismo. A todo esto se suma, además, la enorme dependencia del petróleo, ya prácticamente como único producto de exportación venezolano, con un precio por barril que los expertos internacionales avizoran se mantendrá en niveles bajos.

En segundo lugar, el escándalo de la huida al exterior de uno de los fiscales que participó en el juicio al político opositor a la dictadura de Maduro, Leopoldo López. Franklin Nieves, que así se llama, colgó un video en YouTube en donde reconoció las presiones que sufrió por parte del poder político para que se condenara a 13 años de prisión a López. Fue un proceso que si alguna vez alguien creyó que se había llevado adelante con alguna garantía elemental, hoy debe quedar rotundamente claro para todos que no fue así. Pero, sobre todo, la actitud de Nieves señala que no hay en Venezuela división de poderes y que no hay libertad para el ejercicio ecuánime de la Justicia. Hay miedo a la represión arbitraria, como en todos los casos en los que se vive en dictadura.

En tercer lugar, el régimen de Maduro está presionando a nivel internacional para intentar legitimar lo que ya se augura serán elecciones legislativas sin garantía alguna del respeto de la voluntad popular para el próximo mes de diciembre. Esa presión llegó a nuestro país: el ex canciller venezolano Elías Jaua viajó a Montevideo para solicitar al Frente Amplio que participe como veedor en esas próximas elecciones legislativas venezolanas. Además se reunió con el senador Mujica en la chacra de Rincón del Cerro, porque, según dijo, Mujica "es un gran amigo de Venezuela y un referente ético y político para los revolucionarios de nuestro continente".

Esta presión esconde cierto chantaje tácito: porque sigue sin poder llevarse adelante la exportación de nuestros productos alimenticios al gran mercado venezolano, fruto del acuerdo que hubo en el invierno pasado entre los presidentes de ambos países, y que en su momento se planteara como una bocanada de aire sobre todo para el golpeado sector lechero nacional. Jaua no tuvo ningún inconveniente en agregar que estaba dispuesto a hacer gestiones para destrabar el pago de las mercaderías que se adeudan a empresas de nuestro país.

Hay un momento en el que se precisa fijar un norte claro. No es cuestión de negar la posibilidad de hacer negocios con tal país porque esté gobernado por una infame dictadura. El mundo no se maneja así, porque por ejemplo, nadie deja de exportar sus productos a China a pesar de su dictadura comunista. El problema es otro y es que los vínculos comerciales no deben condicionar las posiciones políticas. En concreto, Venezuela vive hoy una dictadura y desde Uruguay, que es la mejor democracia del continente, debemos de poder denunciar esa situación.

La dificultad con el Frente Amplio en el poder es que sus estrechos vínculos con el gobierno de Maduro confunden lo comercial con lo político y terminamos, como país, con un gobierno que no condena con la firmeza que debiera el horror que sufre el hermano país de Venezuela hoy. O, lo que es peor, que a pesar del evidente carácter dictatorial del gobierno de Caracas, Maduro es apoyado por muchos de los principales dirigentes de izquierda, como el propio Mujica.

Lo que ocurre en Venezuela es realmente un horror. Pero la posición complaciente del Frente Amplio, y el solo hecho que se piense que pueda ser tan complaciente como para ser veedor cómplice de un fraude electoral, es una vergüenza nacional sin precedentes.

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